El desprecio comienza ayer

Los aparatos de los partidos políticos no analizan los resultados electorales; los digieren, que es distinto. Mente y estómago, ahí está la diferencia. Llegan unas elecciones,

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Los aparatos de los partidos políticos no analizan los resultados electorales; los digieren, que es distinto. Mente y estómago, ahí está la diferencia. Llegan unas elecciones, tan rápido como se abren las urnas se pasan los ecos mitineros (¿qué ha quedado de la polémica de la ‘superioridad machista’ que acaparó la campaña?), y cuando se conocen los resultados comienza la digestión para adecuar lo ocurrido al estatus político existente, con las correcciones convenientes de cuotas de poder internas.

La digestión de los resultados electorales siempre será política y las consecuencias que se deriven siempre serán internas. Lo que nunca ocurrirá es que los resultados de las elecciones se analicen hacia el exterior, que la voz conjunta de los electores merezca un análisis sociológico para acercar los planteamientos políticos a las inquietudes que exprese la sociedad.

Digestión y análisis. Podemos fijarnos, por ejemplo, en el comportamiento de dos de los ‘vencedores’ de estas elecciones, Mariano Rajoy, como presidente del PP, partido que ha conseguido más votos en España, y Susana Díaz, como líder del partido que ha ganado en Andalucía, el PSOE. Como el objetivo era obtener “al menos un voto más” que el adversario, ambos se han autoproclamado vencedores de las elecciones en sus respectivos ámbitos.

Como dijo Cañete, nada más cerrarse el escrutinio, “nos propusimos ganar, y hemos cumplido”. Exactamente lo mismo que la líder de los socialistas andaluces, Susana Díaz, triunfadora de la noche más amarga de su partido en España. Su objetivo era romper el ciclo de tres victorias consecutivas del Partido Popular en Andalucía, las municipales, las generales y las autonómicas, y lo ha logrado con estas elecciones europeas.

¿Resultado de la digestión? Rajoy ve confirmado su liderazgo interno, ningún disidente ha logrado desestabilizarle y, en consecuencia, no siente necesidad alguna de realizar cambios ni en el Gobierno ni en la directriz política. Susana Díaz, por su lado, celebra la llegada de un “tiempo nuevo” y se dispone a ascender al trono definitivo del poder en su partido, la Secretaría General del PSOE. Como repiten los suyos desde las elecciones, es “el nuevo referente” del socialismo español.

Lo que nunca ocurrirá es que los resultados de las elecciones se analicen hacia el exterior, que la voz conjunta de los electores merezca un análisis sociológico para acercar los planteamientos políticos a las inquietudes que exprese la sociedad

“No podemos defraudar a la gente que nos ha dado su confianza mayoritaria en Andalucía con una apuesta clara y nítida por el PSOE”, sentenció ayer mismo, ante su grupo parlamentario, Susana Díaz, que en todas sus intervenciones soslaya el resultado de su partido en España; no existe. Quizá porque es lo que menos le importa: la apuesta que se define “clara y nítida” es, en realidad, el peor resultado de los socialistas en Andalucía.

Ahí está el resultado de la digestión, en esa propaganda que sólo sirve a los intereses internos. Lo mismo que le ha ocurrido al Partido Popular. Sin necesidad de repetir de nuevo los datos que se han trillado en múltiples análisis desde el pasado domingo, es un hecho incuestionable que el Partido Popular ha perdido dos millones y medio de votos con respecto a las últimas elecciones europeas y que, desde las últimas generales, han dejado de votarlo más de seis millones de electores. Ese descenso vertiginoso, esa deriva, convierte en un contrasentido el propio uso de la misma palabra ‘victoria’; una especie de ‘oxímoron electoral’.

Digestión y análisis. Todo lo anterior pertenece al ámbito interno de los partidos, afecta al liderazgo de Rajoy, al de Susana Díaz y a la caída de Rubalcaba. No hay análisis del porqué de los resultados electorales, de las razones por las que socialistas y populares se desploman juntos; no se buscan explicaciones reales de por qué languidece el bipartidismo imperfecto que ha funcionado en España y que asentó la democracia tras la muerte del dictador.

No existe ese análisis, porque la digestión siempre es un fenómeno endogámico, y en consecuencia, en esos discursos, justo en los mensajes del día después de unas elecciones, comienza de nuevo la espiral de desapego de los ciudadanos hacia esos partidos. Como un círculo vicioso del que no saben salir ni unos ni otros. La única constatación es que, poco a poco, van desinflándose al ritmo que crece entre muchos ciudadanos la impresión de que son lo mismo, "PSOE y PP, la misma cosa es". Y no es sólo por la crisis de las ideologías, sino, fundamentalmente, por el mimetismo de ambos, que se justifican y se comportan igual, exactamente igual, en todos aquellos asuntos que afectan al estatus político.

Un destacado exdirigente del PSOE, quizá porque lleva tiempo alejado de la primera línea, ha escrito un lúcido análisis de lo que está ocurriendo. Dice así: “Es fácil deducir que el abandono de cientos de miles de votantes del PSOE no puede producir ninguna sorpresa. El funcionamiento del partido y de sus órganos de dirección se ha ido alejando progresivamente, primero de una parte importante de sus propios militantes y luego de sus electores.

Ensimismada en sus problemas internos, en sus luchas de ‘familias’ y personales, la dirección del partido socialista ha parecido ignorar la evolución de la sociedad. De tanto mirarse el ombligo se ha olvidado de atender el resto del cuerpo social. Aún peor, se ha perdido la credibilidad. Desde hace tiempo, muchos militantes, cuando oímos a dirigentes regionales o nacionales, tenemos la sensación de que ni ellos mismos se creen lo que dicen”.

¿Saben por qué este análisis es la mejor demostración del círculo vicioso del bipartidismo? Porque valdría para hoy mismo, para aplicárselo al resultado de estas europeas, pero en realidad se escribió hace catorce años. Lo escribió un exministro después de la debacle electoral del 2000 y, si se anima, podría marcarse la ironía de publicarlo de nuevo. Porque la digestión se mantiene igual. Por eso el desprecio, el desapego de la ciudadanía, comienza ayer.

Matacán
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