PSOE y Ciudadanos, la Gran Coalición

Ni las diferencias ideológicas, ni la cultura democrática, ni el interés de España, ni la propia vitalidad de la democracia española son las que impiden una 'gran coalición'

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (d), y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez (d), y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

La gran coalición en España existe, pero solo es un caricatura. Tiene su propia versión y es esta que estamos viendo entre el PSOE y Ciudadanos, a punto de cerrar un acuerdo de legislatura. Si el concepto de ‘gran coalición’ establece, en esencia, la unión de dos partidos políticos alejados en el espectro ideológico, pero que suman sus fuerzas para sacar adelante un acuerdo de gobierno en interés del país y en circunstancias excepcionales de gobernabilidad, ahí está el diálogo entre el PSOE y Ciudadanos para desmentir todo eso que se ha dicho de que en España no es posible la gran coalición “porque no forma parte de nuestra cultura democrática”. Y si es conveniente remarcarlo ahora es porque, con ese acuerdo, se desenmascaran muchos discursos y solo aparece el sectarismo decimonónico que lastra la política española. Ni las diferencias ideológicas, ni la cultura democrática, ni el interés de España, ni la propia vitalidad de la democracia española son las que impiden una ‘gran coalición’, y todo ello se ha esgrimido de forma grotesca para dinamitar un acuerdo así tras las últimas elecciones generales.

Las diferencias ideológicas, por ejemplo. Cada vez que se le plantea la posibilidad de una gran coalición a los dirigentes socialistas, a cualquier dirigente socialista, lo que hará será tirar de ‘argumentario’ y explicar que el entendimiento entre el PSOE y el PP es imposible porque están en “polos opuestos”, agua y aceite de las ideologías. Ocurre, sin embargo, que durante la campaña electoral el lema más repetido por el propio Partido Socialista es que no había diferencia ideológica alguna entre el Partido Popular y Ciudadanos, porque ambos representaban a “la derecha española”. En cada mitin socialista, en cualquier rincón de España, se le colgaba a Ciudadanos el cartel de las “nuevas generaciones del PP”.

Durante la campaña, el lema más repetido por el PSOE fue que no había diferencia ideológica alguna entre el PP y C's porque ambos representaban a "la derecha"

“La suma de las derechas son las restas de los derechos que los españoles necesitan recuperar”, dijo Pedro Sánchez en uno de esos mítines. ¿Cómo es posible, por tanto, que el entendimiento con Ciudadanos sí pueda considerarse un ‘acuerdo reformista y de progreso’, mientras que con el Partido Popular hasta el hecho mismo de un encuentro, de una reunión, se considera tóxico, estéril y contra natura? Porque no son las diferencias ideológicas las que separan al PSOE del Partido Popular, aunque existan, de la misma forma que existen con Ciudadanos, sino una deformación dañina, corrosiva, que se ha instalado en la izquierda española desde la Transición. La izquierda española solo encuentra su razón de ser frente a un enemigo maligno; el mensaje del 'miedo a la derecha', tantas veces invocado, es, en realidad, una necesidad ideológica para la izquierda. Pero no son los programas de gobierno, no son las políticas que necesita España; no es el interés del país sino algo más elemental, se trata del miedo del propio PSOE a quedarse huérfano de un discurso que, al menos hasta el momento, le ha servido para ganar elecciones.

Tampoco es cierto que la ‘gran coalición’ no forme parte “de la cultura política española”, como se repite continuamente en foros socialistas. O, como también ha dejado dicho el propio secretario general del PSOE, siguiendo esa misma estela, que “una gran coalición sería nociva para la democracia española, porque la gran alternativa al PP es el PSOE”. Tampoco tiene por qué ser así y, en todo caso, no es achacable a la ciudadanía, como si esta no fuera la más interesada y proclive a los grandes acuerdos que beneficien al país. Cuando el PSOE hace referencia a la “cultura democrática” española, a lo que se refiere, en realidad, es a sí mismo, por lo que se decía antes, el discurso asentado y corrosivo del miedo a la derecha.

¿Cómo iba a explicarles ahora el PSOE a sus dirigentes que todo aquello que ha estado afirmando durante años no es cierto? ¿Cómo iba a presentarse a otras elecciones sin el ‘miedo a la derecha’ después de haber pactado algunas reformas en aspectos esenciales, como el mercado laboral, la fiscalidad o la educación, de la misma forma que está haciendo con Ciudadanos? No se trata del acuerdo en sí mismo, que sería posible, sino de la explicación del mismo por parte del PSOE ante el electorado de izquierda, que es impensable en el panorama político español.

El PSOE ha dado muestras suficientes de sectarismo, porque solo acepta el apoyo de los populares cuando quien forma Gobierno es uno de los suyos

Absurdo o patético, a elegir. Y tanto es así que, aun en el supuesto de que el Partido Popular asumiera, punto por punto, coma por coma, el acuerdo que alcancen PSOE y Ciudadanos, tampoco le serviría para que el líder socialista aceptara un pacto de legislatura que los vinculara a los tres. Por una sencilla razón, que en ese caso la lógica de la aritmética parlamentaria a quien convertiría en presidente sería a quien ha ganado en las urnas, que es el Partido Popular. Y también en ese aspecto, el PSOE ha dado muestras suficientes de su sectarismo, porque solo acepta el apoyo de los populares cuando quien forma Gobierno es uno de los suyos, como ocurrió cuando Patxi López, actual presidente del Congreso, fue nombrado lendakari. Aunque también para eso se dan explicaciones, con gran desahogo: “Un pacto con el PP en España sería antinatural, pero en Euskadi no”, que dejó dicho el histórico Txiqui Benegas, fallecido meses antes de las últimas elecciones.

El PSOE avanza en su acuerdo con Ciudadanos y, a cada paso que da, se desmiente a sí mismo, se le van cayendo trozos de la careta que simula el interés de España, los principios o los ideales. Nada de eso, al cainismo habitual de la política española, se le suma el discurso constante del miedo a la derecha y el interés de un partido político centrado en su supervivencia. Por desgracia, no hay más. Por eso lo de antes: la gran coalición existe en España, pero solo es una caricatura.

Matacán

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