Pintura roja sobre Franco

El Gobierno de Pedro Sánchez tiene su primera ‘victoria’, el primer incidente que se produce en 40 años en el Valle de los Caídos, la primera profanación de la tumba del dictador

Foto: Enrique Tenreiro, al ser apresado por un guardia de seguridad. (EC)
Enrique Tenreiro, al ser apresado por un guardia de seguridad. (EC)

El artista llegó hasta la tumba de Franco en el Valle de los Caídos, se arrodilló, apartó las flores de un manotazo, esparció pintura roja y, cuando acabó de dibujar una paloma, ya retenido por un guardia de seguridad, quiso dejar claro su propósito: “Por la libertad y por la reconciliación de todos los españoles”. Luego añadió algo más, que es lo que llena de desconcierto: “No tengo nada contra Franco, solo es por la libertad y por la reconciliación de todos los españoles”. ¿No tengo nada contra Franco?

En fin… Que ya tiene el Gobierno de Pedro Sánchez su primera ‘victoria’, el primer incidente que se produce en 40 años en el Valle de los Caídos, la primera profanación de la tumba del dictador. Las campañas de propaganda política suelen tener efectos inmediatos y, en el caso de la exhumación de la tumba de Franco, la consecuencia directa es esta, que un tipo piense que su obligación como ciudadano es la de aportar su “pequeño grano de arena” para que el pueblo español pueda vivir en libertad y sin rencores sociales entre vencedores y vencidos.

Hace 40 años que se aprobó la Constitución, hace 40 años que vivimos en libertad, “libertad sin ira, libertad”, pero de repente un Gobierno es capaz, con una intensa campaña política, de generar en algunos ciudadanos el estado de ansiedad, de rabia o de frustración que se comenzó a superar entonces. Y ahí está ese hombre, ese artista, que es la creatura de una obsesión política y de una estrategia electoral.

Pintura roja sobre Franco

Desde que comenzó el debate sobre la exhumación de los restos de Franco, el Gobierno socialista ha conseguido, por orden de importancia: comprometer al Vaticano hasta forzarlo a hacer público un comunicado en el que desmiente al Gobierno de España, algo insólito; darle un gran protagonismo a la familia del dictador, que no para de idear fórmulas para ponerle zancadillas al Gobierno; aumentar exponencialmente las visitas de ciudadanos al Valle de los Caídos, y, finalmente, resucitar en una parte de la sociedad la idea de que España necesita “con urgencia”, como justificó la vicepresidenta, Carmen Calvo, sacar los restos de Franco de aquella tumba para que los españoles, al fin, puedan vivir en paz, reconciliados unos con otros.

De ahí viene este primer incidente que, por anecdótico que resulte en sí mismo, tiene la relevancia de ser el primero —al menos, quien suscribe no recuerda otro ni ha encontrado referencia alguna en su búsqueda— en 40 años. Cuando más distancia teníamos del dictador y de la dictadura, un tipo que parece perdido en el tiempo se va hasta la tumba de Franco porque piensa que su obligación como ciudadano es trabajar por la libertad y la reconciliación de los españoles.

Tan evidente resulta que ni Franco ni la tumba de Franco, ni siquiera el franquismo, suponían un problema para la sociedad española; tan evidente es todo eso que, de hecho, hace años que ni siquiera se pregunta en las encuestas. Durante todo este tiempo de democracia se ha vivido el fenómeno paradójico de que, a medida que la sociedad iba olvidándose de Franco, la clase política, la izquierda española, aumentaba su insistencia en el dictador.

A medida que la sociedad iba olvidándose de Franco, la clase política, la izquierda española, aumentaba su insistencia en el dictador

La última vez que el Centro de Investigaciones Sociológicas preguntó sobre Franco fue en diciembre del año 2000, luego dejaron de hacerse las encuestas porque, como quedaba de manifiesto en aquel sondeo, para la inmensa mayoría de los españoles la sociedad española actual no tiene nada que ver ni con la Guerra Civil ni con el franquismo (el 72%). La misma mayoría que, hace 18 años, decía que el hecho histórico más relevante ha sido la Transición de la dictadura hacia la democracia (el 73% estaba satisfecho o muy satisfecho). También una mayoría (un 46%) afirmaba que, a su juicio, “el régimen de Franco pasará a la historia como una etapa que tuvo cosas buenas y cosas malas”.

¿Quién podría deducir de ese sondeo que existía un problema de reconciliación en la sociedad española, entre los que pertenecían a un bando y los que pertenecían a otro? Pues lo que hizo el Gobierno de Zapatero fue justo lo contrario a lo que dictaban las encuestas: ocho años después, en abril de 2008, el CIS preguntó a los españoles por la memoria histórica.

Lo más llamativo de ese sondeo son las preguntas selectivas, las que se hacía solo a las personas que más cerca estaban por edad de la guerra y de la dictadura. A las personas que tenían más de 65 años, es decir, a aquellos que nacieron ya en la posguerra o unos años antes, se les preguntó qué consecuencia personal tuvo para ellos la Guerra Civil y más del 75% respondió que “ninguna consecuencia”. A los mayores de 45 años se les preguntaba si durante el franquismo fueron “detenidos, encarcelados, expulsados del trabajo, multados u obligados a salir de España” por sus ideas políticas y entre el 96 y el 97% contestó que nunca.

Pues bien, 10 años después de esa última encuesta, podemos apostar a que, en breve, el CIS volverá a preguntar a los españoles si considera que en España hace falta una reconciliación entre los dos bandos, si cree necesario restañar las heridas aún abiertas del franquismo y, sobre todo, si es importante exhumar los restos de Franco del Valle de los Caídos. Con José Félix Tezanos en la cocina del Centro de Investigaciones Sociológicas, ya se pueden adivinar las respuestas. Como en la película de los Hermanos Marx, “¡más pintura, es la guerra!”.

Matacán
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