El estrepitoso final de una hegemonía

En el peor momento, el PP le arrebata el poder a los socialistas andaluces: también ese dato confirma el estrépito de la derrota socialista

Foto: Susana Díaz comparece en Sevilla tras los resultados de las elecciones. (EFE)
Susana Díaz comparece en Sevilla tras los resultados de las elecciones. (EFE)

Acaso el final de una hegemonía, de 36 años de gobierno ininterrumpidos, solo era posible con el estrépito con el que se desplomó ayer en Andalucía el Gobierno socialista de Susana Díaz. La candidata socialista pasará a la historia como la que puso final a un ciclo al que no se le veía el fin y que con ella como líder se hundió por debajo de la barrera del 30% de los votos, que era un límite que los socialistas, ni en la peor de sus previsiones, pensaban traspasar. Eso ocurrió además en unas elecciones en las que, por primera vez en España, el panorama político esperado, pronosticado, se vino abajo por la irrupción de la extrema derecha. Podría decirse, por tanto, que la extrema derecha ha sido la que ha dado la puntilla a la hegemonía socialista, aunque no sea más que la última de las tres fuerzas políticas del centro derecha andaluz que, con toda probabilidad, formarán un nuevo Gobierno en Andalucía. La extrema derecha sentencia a Susana Díaz, ese es el estrépito.

[Consulte aquí los resultados de las elecciones andaluzas]

La consideración de que la importancia de Vox ha sido la de haber dinamitado el panorama político debe subrayarse porque, aunque ha logrado muchos más escaños de los que nadie esperaba, ni siquiera ellos, la realidad es que este nuevo partido de la vida política española solo suma el 10,95% de los votos del bloque del centro derecha. Lo esencial es que, pese a la irrupción de Vox, los otros dos partidos de ese bloque, esencialmente Ciudadanos, han obtenido unos magníficos resultados. Quiere decirse que el hecho de que se haya dividido el voto de la derecha no ha impedido que el partido de Albert Rivera y de Inés Arrimadas, los principales protagonistas de la campaña naranja en Andalucía, haya multiplicado sus nueve escaños anteriores hasta situarlos en los 21 que obtiene tras las elecciones de ayer. A pesar de ello, Ciudadanos no logra el sorpaso deseado y se queda como segunda fuerza política, por detrás del Partido Popular, que cosecha su peor resultado en los últimos 20 años. Si Juanma Moreno se convierte en el próximo presidente de la Junta de Andalucía, conseguirá la increíble carambola de llegar al Palacio de San Telmo después de haber perdido en dos elecciones consecutivas la mitad de su electorado. Desde 2012 hasta la actualidad, el Partido Popular ha perdido 800.000 votos en Andalucía; en las elecciones de ayer consiguió 744.000 votos. En el peor momento, el PP le arrebata el poder a los socialistas andaluces: también ese dato confirma el estrépito de la derrota socialista.

El estrepitoso final de una hegemonía

Desde luego, lo que no se podrá decir es que el desgaste de la hegemonía socialista ha cogido por sorpresa a los dirigentes de este partido, porque esa deriva se viene anunciando desde hace muchos años. Cuando Rodríguez Zapatero decidió llevarse a Manuel Chaves a una vicepresidencia del Gobierno de la nación, en la primavera de 2009, ya estaba latente entre las filas socialistas la preocupación por un lento declive de los resultados que se cosechaban en cada elección; al ‘granero’ socialista, como se lo conocía, seguía llegando grano, pero los fardos ya no estaban tan llenos. Como ocurre tantas veces en política, los dirigentes socialistas eran conscientes del problema, pero no supieron aplicarle las soluciones adecuadas. A Manuel Chaves le sustituyó al frente del Gobierno andaluz José Antonio Griñán y, aunque llevaba los mismos años en política, los socialistas andaluces ya dieron por satisfecha la renovación del partido. “El PSOE ya se ha renovado; el problema ahora lo tiene Javier Arenas”, repitieron entonces en multitud de ocasiones. En las siguientes elecciones, lo que pasó es que Arenas, como candidato del PP, ganó por primera vez unas elecciones autonómicas en Andalucía.

El expresidente andaluz Manuel Chaves. (EFE/Emilio Naranjo)
El expresidente andaluz Manuel Chaves. (EFE/Emilio Naranjo)

Desde entonces, lo único que ha hecho el PSOE ha sido coleccionar amargas victorias, aunque la protagonista desde entonces, Susana Díaz, las ha inflado siempre con el aire de una triunfadora contrastada, una líder incontestable en las elecciones, sin que en ningún momento haya sido así. Susana Díaz solo se parece a sus predecesores en el PSOE de los mejores tiempos, los de Felipe y Alfonso, en el control férreo de la estructura socialista, pero nada más. A pesar de que siempre ha querido representar los valores de ese PSOE clásico, su conexión con la ciudadanía no ha sido nunca ni siquiera equiparable. En las primeras elecciones andaluzas en las que se presentó como candidata, Susana Díaz perdió 120.000 votos (el voto socialista venía de 1.533.000 votos, el peor resultado hasta entonces, en las elecciones que ganó Arenas) en unas elecciones en las que el Partido Popular también cayó con estrépito.

Antes de que se cerraran los colegios, en el PSOE andaluz ya se tiraban los trastos, entre susanistas y pedristas, para explicar los malos resultados

El domingo tras los resultados, incluso antes de que se cerraran los colegios electorales, los socialistas andaluces ya se tiraban los trastos, entre susanistas y pedristas,, para explicar los malos resultados. Para los primeros, las políticas erráticas del Gobierno de Pedro Sánchez han sido la principal causa de la desmotivación de los votantes socialistas andaluces. Debe tenerse en cuenta que cuando Susana Díaz decidió adelantar al otoño las elecciones andaluzas, como se adelantó aquí en El Confidencial, todavía no había llegado Pedro Sánchez a la presidencia del Gobierno. Con esa alteración del panorama político, lo que se les venía abajo a los socialistas andaluces era el eje principal de su estrategia política: la confrontación con la derecha, con gobiernos de la derecha. A juicio de algunos destacados socialistas, lo que ha ocurrido con Pedro Sánchez es que ha desconcertado más todavía a los votantes socialistas por aportar debates prescindibles, como el traslado de la tumba de Franco o la polémica del diésel, frente a una realidad social y política muy crítica en España. “En los últimos meses, ha habido tal sensación de descontrol, de vacío, que es normal que tenga su reflejo en muchos votantes socialistas que, en el mejor de los casos, han decidido quedarse en su casa”, sostenía este domingo un veterano socialista.

El resultado de todo eso, de forma directa o indirecta, sería, además de la bajada socialista, el incremento de Vox, que, por encima de su indudable trasfondo de populismo de extrema derecha, ha podido conectar con los ciudadanos con mensajes nítidos sobre la unidad de España, los excesos autonómicos o la afirmación cristiana de la sociedad española. “¿Van a culpar ahora a Pedro Sánchez de los resultados de Vox, si ha sido Susana Díaz la que ha metido a Vox en la campaña andaluza?”, se preguntaban dirigentes socialistas del entorno de Pedro Sánchez cuando comenzaban a llegar los primeros reproches del interior del Partido Socialista. ¿Quién tiene la culpa del desastre del PSOE en Andalucía, Susana Díaz o Pedro Sánchez? Si lo pensamos con alguna distancia, veremos que el personalismo de ese debate —la búsqueda de chivos expiatorios y el aprovechamiento de los resultados para venganzas internas—, en vez de indagar en las causas reales de la derrota, es también un síntoma del estrépito.

Matacán

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