Tarradellas, aniversario del 'botifler'

En este octubre de 2019, en el que tanta memoria les hace falta a los catalanes, la figura de Tarradellas solo aparece en una lista delirante de 'botiflers' confeccionada por 'Racó Català'

Foto: Josep Tarradellas, en el balcón del Palau de la Generalitat.
Josep Tarradellas, en el balcón del Palau de la Generalitat.

Allí, en el mismo balcón del Palau de la Generalitat, a Josep Tarradellas igual le hubieran tirado un ladrillo, o una de esas bolas de acero que utilizan, por traidor. Allí mismo, en la plaza de Sant Jaume, Tarradellas, si hoy viviera para recordar aquel momento, no podría haber comenzado su discurso. Hubiera repetido lo mismo, “ciudadans de Catalunya, ja sóc aquí”, y al instante sus palabras se las habría tragado la oleada inflamada de insultos de los radicales independentistas, “¡botifler, botifler, botifler! Vete de Cataluña. Fascista”.

Allí mismo, hace 42 años, el 23 de octubre de 1977, regresaba del exilio un catalanista para darle a su pueblo lo que nunca ha tenido, el mayor periodo de autogobierno de su historia, pero hoy, quizás, el mismo Tarradellas, al salir al balcón, sería el primero que no se reconocería ante la turba que todo lo arrasa, también a él que sí estuvo en el exilio, que sí fue perseguido y detenido por el fascismo. Hoy, en Cataluña, en ese mismo balcón, Josep Tarradellas es un bastardo 'botifler'. Ahí queda resumida toda la degeneración. Y toda la ignorancia, miserable ignorancia de quien insulta y desprecia sin saber nada, sin respetar nada. Para ellos, este recuerdo.

Existe en los archivos de inteligencia, el antiguo Cesid, un informe encargado por el Gobierno de Adolfo Suárez en los albores de la Transición, pocos meses después de la muerte de Franco, sobre la vida que llevaba Josep Tarradellas en su exilio. Fueron a espiarlo a una pequeña población del centro de Francia, Saint-Martin-le-Beau, desde la que aguardaba la oportunidad para poder volver a España. Muchos años antes, tras la Guerra Civil, Tarradellas huyó a Europa, fue detenido por la Gestapo de Hitler, estuvo en campos de concentración y en cárceles y, cuando sobrevivió a todo aquel infierno, se invistió de la autoridad reconocida por todo el catalanismo en el exilio para seguir representando a la Generalitat de Cataluña.

En el informe que le enviaron a Adolfo Suárez, el teniente coronel Andrés Casinello se sorprendía de la severa austeridad con la que aquel hombre contaba los días de su vuelta a España: “Vive en una llanura fría, en el centro de Francia, con una calefacción tibia, sin baño, con muebles que ya no usan los suboficiales, y solo el lujo de una buena biblioteca y un tocadiscos”. Ya pueden comparar los exaltados que lo llama 'botifler' la diferencia entre un exilio verdadero y la fuga lujosa de Puigdemont en Bélgica.

Cuando regresó, en octubre de 1977, y se subió al balcón de la Generalitat, una muchedumbre lo aguardaba: “Ciudadanos de Cataluña, ya estoy aquí. ¡Ya estoy aquí! Porque yo también quiero el Estatuto. ¡Ya estoy aquí! Para compartir vuestras penas, vuestros sacrificios y vuestras alegrías por Cataluña. ¡Ya estoy aquí! Para trabajar con vosotros por una Cataluña próspera, democrática y pletórica de libertad. ¡Ya estoy aquí! Por esta Cataluña que tiene que ponerse a trabajar más que nunca para lograr fuerza y prosperidad. Para que sea un ejemplo para todos los pueblos de España. Nosotros tenemos que ser la avanzada del bienestar, de la prosperidad y de la democracia de todos los pueblos de España”.

A unos metros de Tarradellas, en el mismo balcón del Palau, estaba Jordi Pujol, aplaudiendo cada frase, pero sería el primero en traicionarlo, una deslealtad que parecen llevar en los genes muchos de los que se han declarado catalanistas a lo largo de la historia.

Muy poco después de las primeras elecciones al Parlamento de Cataluña, en las que Pujol ascendió a la presidencia, el honorable Tarradellas ya percibía con claridad lo que estaba ocurriendo y lo que, con el paso de los años, se acabaría confirmando. Lo publicó en una carta en 'La Vanguardia', en 1981: “Es desolador que hoy la megalomanía y la ambición personal de algunos nos hayan conducido al estado lamentable en que nos encontramos y que nuestro pueblo haya perdido, de momento, la ilusión y la confianza en su futuro. ¿Cómo es posible que Cataluña haya caído nuevamente para hundirse poco a poco en una situación dolorosa, como la que está empezando a producirse? (…) Vemos que sus responsables están utilizando un truco muy conocido, y muy desacreditado, es decir, el de convertirse en el perseguido, en la víctima; así hemos podido leer en ciertas declaraciones que España nos persigue, nos boicotea, nos recorta el Estatut, nos desprecia, se deja llevar por antipatías hacia nosotros, que les sabe mal y se arrepienten de haber reconocido nuestros derechos...”.

Ya pueden reparar los exaltados que lo llaman 'botifler' en el acierto profético de Tarradellas, sin necesidad siquiera —eso le evitó el destino— de tener que contemplar a personajes como Quim Torra colocando lazos amarillos en el mismo balcón de la Generalitat.

En este octubre de 2019, en el que tanta memoria les hace falta a los catalanes que se han abrazado al independentismo, la figura recortada de Tarradellas solo aparece en una lista delirante de 'botiflers' confeccionada por ‘Racó Català', unos de los instrumentos propagandísticos del independentismo, de Tirabol Producciones, uno de los entramados engrasados con los fondos públicos de la Generalitat. “Durante la historia de Cataluña, hemos tenido personajes dignos de admiración y aprecio, personajes que han luchado por el país, que lo han agrandado, que lo han estimado, que lo han hecho importante (Jaume I, Verdaguer, Pau Casals, Gaudí, Companys, Macià...), pero como todo pueblo derrotado, el síndrome de Estocolmo ha hecho efecto, y hemos tenido otros no tan afortunados que a cambio de dinero, prestigio, poder o lo que fuera no han dudado en traicionar su patria y con sus acciones hacer daño a Cataluña”.

En esa ‘lista negra’ han colocado a Josep Tarradellas, con lo cual todo está dicho. Acaso, solo cabría añadir, para comprender bien el deliro en el que viven, que en esa lista de 'botiflers' también están el archiduque Carlos de Austria y hasta Estanislao Figueras, aquel que dijo “estoy hasta los cojones de todos nosotros”.

Matacán
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