El pozo sin fondo del PSOE andaluz
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Javier Caraballo

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El pozo sin fondo del PSOE andaluz

En uno de los últimos giros inesperados que ha dado este 'poltergeist' de la corrupción socialista en Andalucía, la onda expansiva le ha alcanzado de forma directa al nuevo candidato del PSOE

Foto: Juan Espadas, secretario general del PSOE-A. (EFE)
Juan Espadas, secretario general del PSOE-A. (EFE)

La corrupción del PSOE de Andalucía es una forma de 'poltergeist' de la política. Un fenómeno extraño que, cuando se piensa que ha muerto o desaparecido, surge de nuevo; un acontecimiento paranormal del que siempre se puede temer un lado oculto, un despropósito escondido, un desastre aún mayor del que se podía esperar. La corrupción andaluza del PSOE es un cadáver incorrupto, un cuerpo presente en las salas de Justicia de la Audiencia de Sevilla en las que permanecerá años y años, al menos hasta la siguiente década, cuando se juzguen todos los procedimientos, decenas y decenas, que todavía están pendientes de resolver.

En ese pozo sin fondo, la duda que pronto se resolverá, en cuanto lleguen las próximas elecciones, es cuánto puede afectarle a un partido político un escándalo así y si es posible que la mera renovación de la cúpula dirigente sirva para inaugurar una etapa nueva, desenganchada del pasado como los vagones de un tren de mercancías que se dejan en la última estación. Andalucía ya ha entrado en la precampaña para las siguientes elecciones autonómicas, después de una legislatura de gobierno de centro derecha, y los mayores debates y polémicas en el Parlamento autonómico tienen que ver aún con la gestión socialista, especialmente la de la última década.

En uno de los últimos giros inesperados que ha dado este 'poltergeist' de la corrupción socialista en Andalucía, la onda expansiva le ha alcanzado de forma directa al nuevo candidato del PSOE, el todavía alcalde de Sevilla, Juan Espadas, con el que Pedro Sánchez ha zanjado su antigua y crispada disputa con la expresidenta Susana Díaz, que ahora dormita en el Senado.

En el inicio del nuevo curso político, la comisión parlamentaria en la que se investigan los escándalos de la Fundación Andaluza Fondo de Formación y Empleo (Faffe) llamó a declarar a una mujer, Carmen Ibanco, que formaba parte de la plantilla de 1.600 personas que, en muchos casos, fueron contratadas de forma irregular. Podría ser solo eso, un caso de enchufismo más, si no fuera porque se trata de la esposa de Juan Espadas y, sobre todo, porque su intervención en el Parlamento se convirtió en uno de los vídeos más comentados de las redes sociales. Allí, ante los ojos ávidos de los portavoces de los grupos parlamentarios, estaba aquella mujer, sin saber explicar siquiera en qué consistía su trabajo. Cuando fue contratada por la Faffe, en el año 2007, Juan Espadas era viceconsejero de Medio Ambiente del Gobierno andaluz de Manuel Chaves, y es ahora cuando el asunto le explota políticamente, casi quince años después.

¿Llamaron a declarar a la señora Ibanco por ser la mujer de Juan Espadas? Al PSOE le pareció esta circunstancia un dato fundamental, la prueba del "juego sucio" y de la "cacería política" a la que se estaba sometiendo al alcalde socialista, pero no deja de ser una evidencia: por supuesto que la llamaron por ser su esposa, de la misma forma que los socialistas hubieran llamado a la esposa del presidente del PP si se hubieran encontrado en una tesitura similar. Pero esa no es la cuestión, el problema esencial es que, además de la mujer de Juan Espadas, a esa comisión acudieron otros trabajadores que confirmaron que en la Faffe era normal conocer a los empleados por su procedencia familiar: el primo, la hermana, la cuñada o el marido de tal o cual alto cargo socialista de Andalucía. Y, sobre todo, esa no es la cuestión principal porque el pozo sin fondo de la corrupción andaluza genera semanalmente nuevas revelaciones que, por mucho que haya pasado el tiempo, por impactantes que sean los detalles que ya se conocen, terminan reactivando los escándalos como si se acabaran de producir.

Foto: Registro de la policía en la trama de los cursos de formación. (Efe) Opinión

En el procedimiento judicial que se sigue contra los directivos de esa misma Faffe, por ejemplo, se ha conocido este viernes el escrito de acusación del Ministerio Fiscal en el que se utilizan expresiones que, por sí mismas, hablan de la degradación máxima a la que se llegó durante la hegemonía socialista. "Con desprecio a los más elementales deberes de su cargo y en detrimento de los fondos, [el exdirector de la Faffe] satisfacía sus lúbricos deseos" en distintos prostíbulos de Andalucía "abusando de la disponibilidad que le ofrecían" las tarjetas de crédito oficiales, sostiene el fiscal.

Si las elecciones autonómicas andaluzas se celebran en primavera, como parece, o incluso si se mantiene íntegro el mandato y se convocan a finales del próximo año, lo que está claro es que el pozo sin fondo de la corrupción socialista en Andalucía va a seguir generando noticias simétricas a estas últimas. Con lo cual, la única incógnita que debe resolverse es si el electorado del Partido Socialista es capaz de superar el pasado y volver a apostar por un proyecto nuevo, como si nada hubiera ocurrido. Hasta ahora, lo que vaticinan las encuestas específicas sobre Andalucía es que el presidente Juanma Moreno se ha consolidado espectacularmente en estos tres años de mandato y la recompensa puede ser una amplia mayoría parlamentaria, aunque no llegue a la mayoría absoluta. Pero, como ya se dijo aquí, conviene no pasar por alto que el PSOE tiene unas raíces fuertes y profundas en la mayoría de los municipios andaluces que le otorgan un suelo inalcanzable para sus adversarios.

Esa es la que hemos denominado la posible 'trampa de las elecciones andaluzas'. Ahí está, por ejemplo, la última encuesta de El Confidencial en la que se aseguraba que el PP se impondría en la actualidad al PSOE en la mayoría de las provincias españolas, salvo en catorce. Y de esas catorce, siete (¡siete!) son de Andalucía; el Partido Socialista ganaría en todas las provincias andaluzas menos en Almería. Es decir que, según esos datos, ni, aunque la corrupción adopte aquí la forma de un 'poltergeist', se cambia la inercia electoral adquirida en cuatro décadas.

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