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La última oportunidad de Pedro Sánchez
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Javier Caraballo

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La última oportunidad de Pedro Sánchez

El presidente no transmite confianza. Por qué no se valora su esfuerzo en Europa para que se aprobasen tantas inversiones, por qué no se le tiene en cuenta los avances sociales aprobados, por qué se ha acabado la empatía

Foto: El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
El presidente de Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)
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En el bar, a la hora del telediario, el hombre apoyó de nuevo su cerveza en la barra y resopló al oír las noticias. Quizá fue una casualidad. O tal vez no. Tras los detalles del nuevo paquete de medidas sociales que piensa aprobar Pedro Sánchez, los presentadores informaron del primer caso de cólera autóctona en España desde hace más de 40 años y de una plaga de langosta que ha asolado los cultivos en varios pueblos de Extremadura. "Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra", dice el Apocalipsis. Tras el batacazo en las elecciones andaluzas, un caso de cólera en una finca de Toledo y la plaga de langosta en Badajoz a principios de este mes de junio. Extremadura y Castilla-La Mancha, las dos comunidades históricas del socialismo español junto al granero electoral, ahora perdido, de Andalucía. ¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre con este presidente nacido en año bisiesto, como el año del coronavirus? Detengamos ahí la recreación de una situación cotidiana que sería meramente anecdótica, si no fuera porque en el seno del PSOE, y en muchas de las intervenciones de dirigentes socialistas, se les oye lamentar la mala suerte continuada que han tenido en esta legislatura, que ya afronta su último año.

El propio presidente lo repite en la tribuna del Congreso de los Diputados una y otra vez, "una pandemia, un volcán, una guerra…". En el fondo, lo que no se explica Pedro Sánchez es por qué ha dejado de escucharlo una gran parte de la sociedad española. Por qué no transmite confianza, por qué no se valora su esfuerzo en Europa para que aprobasen tantas inversiones, por qué no se le tienen en cuenta los avances sociales aprobados, por qué se ha acabado la empatía. Por qué…

Comencemos por las adversidades. Lo que nadie podrá negar es que, objetivamente, al presidente Pedro Sánchez le ha tocado gobernar y liderar el PSOE en España en la peor época para su partido, por el acoso al que estaba sometido por Podemos desde la mitad de la pasada década, fruto de la gravísima crisis en la que lo dejó Rodríguez Zapatero, y por la sucesión de coyunturas nacionales e internacionales desfavorables que ha tenido que afrontar. Primero la pandemia mundial y, al cabo de dos años, cuando ya comenzaba a superarse la terrible catástrofe que hemos vivido, cuando todo estaba dispuesto para la recuperación gracias a un maná de inversión europea, miles de millones de euros, para un gran programa de transformación de España, estalla la guerra de Ucrania, que dispara la crisis energética que ya se padecía y desboca los precios, por el efecto de una inflación mundial sin precedentes en lo que llevamos de siglo. Nadie podrá discutir, como se dice, la fatalidad que se le ha atravesado a Pedro Sánchez en la legislatura, aunque ni se trata de la única época crítica que se ha vivido en España desde la Transición —sería un insulto a la memoria y a la inteligencia pensarlo así— ni, sobre todo, es esa la causa de su desprestigio en la actualidad.

"Estoy preocupado porque detecto en la calle una antipatía hacia Pedro Sánchez que me recuerda a la que se tenía con Aznar", dice un viejo socialista, ya retirado de la primera línea. No solo debe pensarlo él porque, tras lo ocurrido en las elecciones de Andalucía, son muchos los alcaldes y presidentes socialistas que comienzan a recelar abiertamente de la presencia del presidente del Gobierno en sus ciudades o en sus comunidades en vísperas de las elecciones del próximo año. Esa mala fama no tiene nada que ver con las penalidades que ha tenido que soportar Pedro Sánchez en esta legislatura, por la sencilla razón de que los grandes líderes salen fortalecidos de las adversidades cuando la sociedad encuentra en ellos un referente de lucha y sacrificio. Y Pedro Sánchez, sencillamente, no ha sabido hacerlo. No ha sido líder de un país que atraviesa grandes dificultades y se une para superarlas. Es ahí donde está su problema principal, en su desconexión progresiva de una buena parte de la sociedad española, incluyendo a quienes, dentro del Partido Socialista, lo auparon hasta la secretaría general en aquellas primarias que supo ganar contra todo pronóstico. Pedro Sánchez ya no es el de entonces, ni se rodea de quienes le aconsejaban, ni tiene el acierto estratégico de sus dos primeros años de mandato. En su determinación de levantarse tras cada caída, ha quemado tanta tierra a su alrededor que ha acabado por achicharrarse él mismo.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante un pleno del Congreso junto a las vicepresidentas Nadia Calviño (c) y Yolanda Díaz. (EFE/Emilio Naranjo)

Las crónicas que se han publicado tras el varapalo de las elecciones andaluzas afirman que el líder socialista sigue convencido de que puede remontar este mal momento, que espera que el año 2023, al fin, le sea favorable, sin nuevos contratiempos. Por eso les ha pedido a quienes le rodean en su partido que se esfuercen en el contacto con la sociedad, que difundan mejor las medidas sociales que aprueba el Gobierno, y que sean capaces de generar "más empatía social". Pedro Sánchez está convencido de que esta es su última oportunidad para remontar y que, con un año o un año y medio por delante, puede revertir la situación. Tampoco eso se le podrá negar, porque nadie puede aventurar el futuro en un país tan convulso como el nuestro, por muy palpable que pueda parecernos ahora el cambio de ciclo político en España.

Por tanto, no debería descartarse que el líder socialista logre salir del callejón en que se ha metido. "Ni las derrotas ni las victorias son definitivas", ha dicho el presidente Sánchez en el Congreso, citando a José Saramago, con el aire innegable de quien necesita autoconsolarse. La cita tiene una segunda parte, que no completó, a partir del carácter coyuntural de las victorias y las derrotas: "Eso les da una esperanza a los derrotados, y debería darles una lección de humildad a los victoriosos". Pedro Sánchez, antes de asirse a la esperanza de los derrotados o al lamento de las plagas, debería recapitular y volver a la humildad de los vencedores, que es tanto como mirarse al espejo y empezar a enumerar todo lo que ha hecho de él un presidente sin palabra y distante, con aires de un oportunista aferrado a un sillón. Tan distinto al que era hace cinco años, cuando todo empezó.

En el bar, a la hora del telediario, el hombre apoyó de nuevo su cerveza en la barra y resopló al oír las noticias. Quizá fue una casualidad. O tal vez no. Tras los detalles del nuevo paquete de medidas sociales que piensa aprobar Pedro Sánchez, los presentadores informaron del primer caso de cólera autóctona en España desde hace más de 40 años y de una plaga de langosta que ha asolado los cultivos en varios pueblos de Extremadura. "Y del humo salieron langostas sobre la tierra; y se les dio poder, como tienen poder los escorpiones de la tierra", dice el Apocalipsis. Tras el batacazo en las elecciones andaluzas, un caso de cólera en una finca de Toledo y la plaga de langosta en Badajoz a principios de este mes de junio. Extremadura y Castilla-La Mancha, las dos comunidades históricas del socialismo español junto al granero electoral, ahora perdido, de Andalucía. ¿Qué está pasando? ¿Qué ocurre con este presidente nacido en año bisiesto, como el año del coronavirus? Detengamos ahí la recreación de una situación cotidiana que sería meramente anecdótica, si no fuera porque en el seno del PSOE, y en muchas de las intervenciones de dirigentes socialistas, se les oye lamentar la mala suerte continuada que han tenido en esta legislatura, que ya afronta su último año.

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