El flechazo (interesado) de Sánchez con Merkel

La desescalada presupuestaria preocupa cada vez más en Moncloa. Si Alemania pisa el acelerador, España está perdida. Y de ahí que el objetivo de Sánchez sea ganarse a Merkel

Foto: El presidente de España, Pedro Sánchez, conversa con la canciller de Alemania, Angela Merkel. (EFE)
El presidente de España, Pedro Sánchez, conversa con la canciller de Alemania, Angela Merkel. (EFE)
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Es una fina ironía del destino que el presidente del Gobierno que más ha hecho por llegar a un acuerdo con los partidos situados a la izquierda del PSOE necesite ahora a Merkel, en otro tiempo la mejor aliada de Rajoy.

Justamente, la misma canciller que representa como nadie la ortodoxia económica a través de unas reglas fiscales escritas en mármol, y que solo el covid-19 ha difuminado. Pero que, tarde o temprano, tenderán a endurecerse a medida que la situación económica se estabilice.

No es menos irónico que el presidente que construyó su liderazgo en las primarias socialistas en torno a la idea de encontrar una solución política para Cataluña —España, nación de naciones o, incluso, un referéndum pactado— busque ahora el acuerdo con Inés Arrimadas, la bestia negra del independentismo catalán. Sin duda, porque ERC, por sus propios errores estratégicos, se ha convertido hoy en un estorbo.

Es evidente que la pandemia lo ha cambiado todo. Todo menos una cosa, el poder de Alemania

Es evidente que la pandemia lo ha cambiado todo. Todo menos una cosa, el poder de Alemania, y eso explica que en la Moncloa se haya decidido cambiar de rumbo. O de dirección, como se prefiera. Por el momento, sin que se note demasiado para no crear falsas expectativas, aunque es cada vez más evidente que Pedro Sánchez necesita a Alemania para subsistir políticamente.

No solo para que respalde la candidatura de Calviño al Eurogrupo, que es una contingencia temporal que tiene menos importancia que la que se pretende transmitir, sino para que la gestión de la desescalada presupuestaria sea lo menos dolorosa para España, y, en particular, para el Gobierno. Sobre todo, teniendo en cuenta que Alemania es el país de la UE que, con diferencia, ha inyectado más estímulos en su economía, y será, muy probablemente, la que antes salga del agujero. Y si el ritmo lo marca Alemania, hay muchas razones para pensar que a España —que es uno de los países que menos recursos ha puesto sobre la mesa— le pillará con el pie cambiado.

El barco de Merkel

Sánchez sabe que si Alemania pisa el acelerador de los ajustes o es muy exigente en el control de los fondos europeos a través de sus poderosos tentáculos en Bruselas, peligra el respaldo de Unidas Podemos, y aunque Pablo Iglesias no tiene ninguna intención de romper la coalición, es consciente del desgaste que le supone a Unidas Podemos navegar en un barco capitaneado por Merkel. La política va tan rápida que asuntos que puede capitalizar, como la subida del SMI o, incluso, el ingreso mínimo vital, tienden a amortizarse con facilidad.

Por ahora, los encontronazos se están dando en la Comisión Delegada para Asuntos Económicos, pero es muy probable que pronto escapen de ese ámbito. Algo que explica que el Gobierno haya metido en vía lenta el inicio de la tramitación de los Presupuestos Generales del Estado para 2021, que será el momento clave de esta legislatura. Mientras que los ministros de UP quieren utilizar los Presupuestos —incorporando ya los fondos europeos— para hacer cambios en el modelo productivo, Calviño ha optado por una respuesta convencional, y ahí está el enfrentamiento soterrado que hoy se vive en el Consejo de Ministros.

Es por eso por lo que Sánchez, tras el volantazo de Arrimadas, busca una foto a tres —Cs-PSOE-UP—, y que hoy por hoy es una quimera. Claro está, salvo que Alemania afloje y la Comisión Europea acepte una senda de reducción del déficit público, que es el verdadero caballo de batalla, aceptable para Unidas Podemos, que ha encontrado en Calviño, siempre respaldada por Montero, y en pocas ocasiones por Escrivá, el dique de contención a muchas de sus demandas.

Merkel se ha convertido en el eje de la estrategia de Sánchez, paradójicamente, para salvar a su Gobierno y diluir la influencia de Podemos

Es decir, el campo de juego de la política española está hoy más que nunca en Bruselas y Berlín. También lo estaba en tiempos de Rajoy, pero el PP tenía entonces mayoría absoluta y no había, por lo tanto, posibilidad de una crisis de Gobierno.

Ahora, por el contrario, si existe esa probabilidad, y de ahí que ganarse a Merkel se haya convertido en el eje de la estrategia de Sánchez, paradójicamente, para salvar a su Gobierno y diluir la influencia de Podemos. Pero manteniéndolo, aunque sea a base de contradicciones.

Moncloa, para ello, necesita hacer una política conservadora en lo fiscal en aras de contentar a Ciudadanos —actuando sobre los ingresos mediante estímulos a las empresas y a los autónomos— y, al mismo tiempo, actuando de forma contundente sobre los gastos para poder satisfacer a los ministros económicos de Podemos, que de esta manera podrían anunciar más medidas sociales. Aunque no solo eso.

Reactivación económica

El verdadero debate ideológico está hoy en el papel que debe jugar el sector público en la reindustrialización del país. O expresado de otra forma, el papel que debe jugar hoy la SEPI, en estos momentos un organismo inservible y con nula capacidad de iniciativa, en la reactivación económica.

Es decir, el reto de la política española es lograr una especie de círculo virtuoso capaz de dar respuestas acertadas a un país que ya se encuentra en una encrucijada terrible: envejecimiento, elevado desempleo estructural, graves problemas en su sistema educativo y, lo que no es menor relevante, una arquitectura institucional claramente insuficiente para abordar grandes desafíos. Y que ha dado lugar a un sistema parlamentario más acostumbrado a hacer política de trazo grueso que a trazar líneas delicadas. Pero que está obligado a encontrar una vía de entendimiento intermedia después de que el eurodiputado Garicano hubiera pedido seis meses de tregua política para aprobar los presupuestos.

Ese es el mensaje político que Sánchez necesita trasladar a Merkel y que es, precisamente, el que quiere escuchar Alemania, a quien lo que menos preocupa es que UP siga o no en el Gobierno o las bravuconadas que algunos de sus dirigentes puedan decir, o que el déficit sea del 8 o el 9%, sino el futuro de las 1.800 empresas germanas que operan en España, y que necesitan un horizonte de estabilidad para que puedan beneficiarse de una reactivación de la demanda interna.

El espíritu de Doñana

Sánchez, en este sentido, busca ahora una especie de recuperación del espíritu de Doñana. Es decir, de lo que se quiso transmitir en aquella visita que hizo la canciller Merkel al parque nacional con Pedro Sánchez, recién elegido presidente del Gobierno, como anfitrión. Esa señal a tres tranquilizaría a Alemania y, de paso, serviría para neutralizar al PP, que siempre se ha puesto como objetivo prioritario estar muy cerca de lo que diga Berlín. Y parece evidente que, si Sánchez y Merkel acuerdan, el PP se queda descolocado.

Sánchez y Merkel visitando el Parque Nacional de Doñana. (EFE)
Sánchez y Merkel visitando el Parque Nacional de Doñana. (EFE)

No es ningún secreto que entre los movimientos telúricos que ha traído la pandemia se encuentra un reequilibrio del papel estratégico de Alemania en el mundo, que tenderá a crecer en coherencia con su peso económico. Incluso, en el terreno militar si al final se materializa el anuncio de Trump de recortar de forma significativa, unos 25.000 soldados, el número de tropas estadounidenses desplegadas en Alemania como respuesta a la decisión de Merkel de no querer acudir a una reunión en Washington del G-7 en medio de la pandemia. Y que Trump necesitaba para capitalizarlo políticamente. Y es en ese contexto, de repliegue de la globalización, en el que Alemania necesita demandas internas sólidas en Europa para vender sus productos. Ahí es donde hoy se parte el bacalao de la política europea.

Ese papel de Alemania como gendarme de Europa no es, desde luego, nuevo, ya lo plasmó en su libro blanco de la defensa hace años. Lo que es llamativo es el acercamiento de Sánchez a la ortodoxia económica. A la fuerza ahorcan. 'Sic transit gloria mundi', que decía el clásico.

Mientras Tanto
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