Plácido Domingo se declara culpable (sin decirlo)

El comunicado del artista se resiente de una calculada ambigüedad, pero asumir toda la responsabilidad del daño provocado supone aceptar los comportamientos que le reprochan

Foto: El tenor Plácido Domingo. (EFE)
El tenor Plácido Domingo. (EFE)

Cuando Plácido Domingo asume “toda la responsabilidad” del daño que haya podido hacer a las mujeres que lo han denunciado, difícilmente puede desvincularse de los comportamientos que ellas mismas le imputan o reprochan, incluidos el acoso sexual y el abuso de poder.

Plácido Domingo se declara culpable (sin decirlo)

No los reconoce el artista en su comunicado, pero la ambigüedad del texto y la simplificación con que se ha percibido la propia declaración —“Domingo confiesa”, “Domingo reconoce”— sobrentienden un ejercicio inculpatorio que desabastece del argumento nuclear a muchos de quienes lo habíamos defendido.

Mi caso es particular, porque presumo de la amistad con Plácido Domingo. Es el “conflicto de intereses” que este martes me reprochaban en las redes fecales las gentes de bien y los chacales de la pradera, pero resulta que la amistad no respondía a un siniestro encubrimiento sino al acceso a una información privilegiada: la palabra de un amigo puede valer más que la fe de un notario.

Y no es que Plácido Domingo necesitara aliados en su causa. Muchas de las razones que he esgrimido en su favor pueden defenderse desde posiciones alejadas y conservan, todavía, suficiente corpulencia. Domingo no ha podido defenderse en un tribunal. Domingo ha sido condenado preventivamente por la sociedad. Domingo ha estado expuesto a un proceso mediático y extemporáneo que confunde los órdenes morales con los penales. Domingo ha sido extirpado de todos los teatros estadounidenses a título ejemplarizante. Y Domingo es víctima de una condena artística.

Mi caso es particular, porque presumo de la amistad con Plácido. Es el "conflicto de intereses" que este martes me reprochaban en las redes fecales

No es que un cantante de trayectoria histórica pueda ejercer la impunidad por lo bien que canta el papel de Macbeth, pero el escarmiento de los eventuales delitos —ninguno ha sido probado ni parece probable que se diriman en un juicio— no implica la demonización de su obra. Le ha sucedido a Woody Allen. Y le ocurrió a Kevin Spacey. El templo zen de Hollywood aprovecha el escándalo de los descarriados para blanquearse a sí mismo y relamerse con la catarsis.

Las novedades del caso Domingo, introducidas por él mismo como remedio a los informes que le perjudican, establecen un salto o un retroceso cualitativo. Por un lado, se solidariza con las mujeres que lo denuncian, asumiendo un ejercicio de empatía. Y por otro, introduce una versión de los hechos que lo convierten en máximo responsable. No porque lo diga de manera explícita, sino porque los matices y pormenores del comunicado remitido este martes han quedado sepultados por las expectativas de la sociedad binaria: sí o no, inocente o culpable, pulgar arriba o pulgar abajo.

Asumir "toda la responsabilidad" implica haber admitido que su manera de ejercer el galanteo y la galanura se percibían 'al otro lado' como acoso

Es la perspectiva desde la que Domingo ha terminado condenándose a sí mismo. Por arrepentimiento. Por sentido de la expiación. O porque el comunicado obedece a la lógica preventiva de un proceso judicial que podría formalizarse y que requiere una actitud misericorde, contrita. Las investigaciones realizadas hasta la fecha otorgan la credibilidad a las denunciantes, independientemente del anonimato.

Asumir “toda la responsabilidad” implica haber admitido que su manera de ejercer el galanteo y la galanura se percibían 'al otro lado' como una posición de acoso, de abuso y de extralimitación sexual y profesional, aunque no parece probable —ni es verosímil— que Domingo pueda defenderse apelando a las diferencias interpretativas o a la fogosidad del hombre latino.

Se ha puesto en cuarentena el maestro. El veredicto no contradice ni su grandeza artística ni su generosidad humana. La ha demostrado en muchísimas ocasiones. Y ha sido un caso asombroso de compromiso con los jóvenes cantantes, con la divulgación de la cultura, con las causas solidarias y con la entrega. Reducirlo a un delincuente es tan restrictivo como convertirlo en un dios. En medio, permanece un amigo.

No es no
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