De Bescansa a Dante Fachin: Podemos se le va de las manos a Iglesias

La fotografía de los fundadores de Podemos es una esquela: faltan más de la mitad de los que iniciaron la travesía de esta izquierda que Iglesias ha convertido en una trituradora

Foto: El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
El secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)

Discúlpenme la cita: el pasado día 5 de septiembre, escribí en este mismo espacio que “Cataluña devora a Iglesias”. Afirmación que deduje de la 'cena de patriotas' que el líder de Podemos había mantenido en secreto en el domicilio barcelonés de Jaume Rouresdesvelada por El Confidencial— después de la manifestación del 26-A contra los atentados de Barcelona y Cambrils. En el encuentro participaron Oriol Junqueras y Xavier Domènech. Urdieron algo más que un plan: una estrategia cuyo alcance está aún por desvelarse por completo. Pero, entre tanto, Pablo Iglesias ha ido de tumbo en tumbo y ha terminado por entregar el Podemos catalán (Podem) a la irrelevancia, dejándolo como mero apéndice del partido de Colau.

La fotografía de los fundadores de Podemos se asemeja a una esquela: faltan más de la mitad de los que iniciaron la travesía populista de esta izquierda que Iglesias ha convertido en una máquina de triturar compañeros de partido. Albano Dante Fachin, un político radical apadrinado por el líder supremo de los morados, uno de los 'monstruos' políticos de la factoría leninista de Iglesias, dimitió ayer de la secretaría general de Podem, se dio de baja del partido y anunció que fichará, seguramente, por una opción secesionista. Una decisión coherente con la furibunda y casi ridícula intervención en el Parlamento catalán el pasado 27 de octubre cuando se proclamó —porque se proclamó— la virtual república catalana. La intervención del político de origen argentino —integrado en el grupo de CSQEP— mejoró en fundamentalismo al de los separatistas de tronío y preludió su enfrentamiento total con Iglesias.

Hace unos días, el sector anticapitalista de Podemos reconocía la virtual república catalana. Aunque Teresa Rodríguez y el alcalde de Cádiz se desmarcaron, no lo hizo Miguel Urbán, el dirigente que aglutina a los anticapitalistas que el líder supremo tampoco controla. De tal manera que, entre Albano Dante Fachin y los anticapitalistas, a Podemos se le han ido por el sumidero separatista cientos de miles de votos. De lo que alertó el pasado día 25 de octubre Carolina Bescansa, también fundadora de Podemos. La socióloga, que previamente había sido sustituida en la Comisión Constitucional del Congreso por la omnipresente y omnipotente Irene Montero, dijo que a ella “le gustaría que Podemos hablase más de España y de los españoles y no solamente de los independentistas”. Puso en duda que el partido tuviera un “proyecto” general para el país y adujo que otros muchos dirigentes piensan como ella. No la secundó explícitamente más que Luis Alegre, alejado del partido, dedicado a otras cosas, después de la decepción de comprobar cómo el 'errejonismo' era duramente tratado después de la derrota —corta derrota— en Vistalegre II.

Bescansa puso en duda que el partido tuviera un “proyecto” general para el país y adujo que otros muchos dirigentes piensan como ella

Por un lado, Dante Fachin y los anticapitalistas como expresiones radicales de extrema izquierda en connivencia con los secesionistas más ultras (la CUP y la izquierda de ERC) y por otro, Carolina Bescansa —sola y en esforzado trabajo político sin la más mínima ayuda del aparato— representando la alternativa más sensata de Podemos. Y en medio, un líder como Iglesias que ha perdido el control de la situación casi por completo y que predica para los demás los consejos que no se aplica a sí mismo. Su especialidad es la purga valiéndose de Pablo Echenique, que sustituyó, recuérdese, a otro hombre de primera hora de Podemos: Sergio Pascual.

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Corre por las redes sociales un montaje: la fotografía de los fundadores de Podemos. Tachados con un aspa roja los depurados: Monedero, Errejón, Alegre y Bescansa. La cuestión es que la victoria de Pablo Iglesias en Vistalegre II ha sido pírrica. Le emborrachó de poder y él se ha convertido en un conductor suicida: circula en sentido contrario al de sus electores. De ahí que la caída en las encuestas sea muy pronunciada, hasta el punto de que, algunas, ya presentan a Ciudadanos por delante de los morados.

La cuestión es que en un asunto crucial como la crisis de Cataluña, Iglesias ha sido seducido por los comunes, entregando la organización a Colau y Domènech y asumiendo sus postulados de máxima ambigüedad. Y de la ambigüedad surgen, por un lado, los insensatos como Dante Fachin, pero también los discursos realistas como el de Bescansa. Y en medio, la nada. Pablo Iglesias, que con una mano purga a la política gallega y con otra fulmina a Dante Fachin. Mientras, Íñigo Errejón calla estratégicamente hasta que hable. Que terminará hablando. Porque veremos cómo los comunes e Iglesias terminan apoyando, si las mayorías dan para ello, en la presidencia de la Generalitat al ahora encarcelado Oriol Junqueras. De aquella cena, estos propósitos, pero sin los gritos de Dante Fachin y contra las advertencias de Carolina Bescansa.

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