¿Hemos perdido a Josep Borrell?

Observando a Sánchez, su giro, la precampaña que despliega y su negativa a depender de los votos de los independentistas, parece claro que Josep Borrell no ha clamado en el desierto

Foto: El alto representante para la Política Exterior de la UE designado, el español Josep Borrell, participa en su audiencia confirmatoria ante el Parlamento Europeo. (EFE)
El alto representante para la Política Exterior de la UE designado, el español Josep Borrell, participa en su audiencia confirmatoria ante el Parlamento Europeo. (EFE)

El 31 de octubre, Josep Borrell, ministro en funciones de Asuntos Exteriores, Cooperación y Unión Europea, dejará de serlo y su cartera se acumulará al titular de otra, ya que Pedro Sánchez no dispone de facultades de gobierno plenas y no puede nombrar nuevos ministros. El socialista catalán asumirá en noviembre el cargo de alto representante de la UE para la Política Exterior y de Defensa en el Ejecutivo formado por Ursula von der Leyen, presidenta de la Comisión.

Ayer, Borrell se sometió el escrutinio de la comisión del Parlamento Europeo que examinó su idoneidad para desempeñar esa importante responsabilidad y para la que hoy a las 10:00 será aprobado con holgura. La comparecencia de Borrell ('hearing') ha sido precedida de una sorda pero constante campaña de descrédito contra él por los partidos independentistas catalanes, que temen que su acción diplomática y su interlocución europea impidan que prosperen las falsedades que siembran en el ámbito internacional sobre la democracia española.

Pero no son pocos, dentro y fuera del PSOE y más allá de su partido, los que se preguntan si España gana un alto cargo en la Unión o pierde un ministro con ideas y criterios claros sobre los elementos estructurales de la arquitectura jurídico-constitucional de nuestro país, en el alero a propósito de la crisis catalana. Josep Borrell atesora una envidiable trayectoria en la gestión pública. Y en los últimos años, cuando parecía que la actividad profesional privada le había distanciado irreversiblemente de la política, el que fuera ministro de Fomento y Transportes con Felipe González, candidato frustrado a la presidencia del Gobierno en 1998 (el primero elegido en el PSOE por el procedimiento de primarias), eurodiputado y presidente del Parlamento Europeo (2004-2007), regresó y lo hizo a lo grande.

Dos libros marcan la vuelta de Borrell a la política. El primero —breve, conciso, útil y escrito al alimón con Joan Llorach— se tituló 'Las cuentas y los cuentos de la independencia' (Editorial Catarata. 2015). En 159 páginas, este catalán de la Pobla de Segur (Lleida, 1947) destrozaba los mantras secesionistas según los cuales Cataluña era víctima de un latrocinio por parte del Estado y de un expolio sistemático por parte de los gobiernos centrales. A partir de la publicación de aquella obra, nadie relevante se ha atrevido a repetir el remoquete de “España nos roba”. El libro contiene un prontuario argumentativo de gran envergadura para enfrentar cualquier debate y desarbolar las tesis victimizadas de los secesionistas.

Otro libro, escrito en 2017, bajo el título de 'Los idus de octubre' (Editorial Catarata), resultó una reflexión muy consistente sobre la socialdemocracia y el futuro del PSOE al hilo del alineamiento de Borrell con Pedro Sánchez. El político catalán, generacionalmente más cerca de los históricos del PSOE que de su actual secretario general, defendió al ahora presidente en funciones y orientó con tino el rumbo que debía seguir el socialismo. El autor enfrentó su partido a cinco retos: 1) la construcción de nuevos compromisos para regular los conflictos sociales, 2) la sostenibilidad del desarrollo y su integración en todas las políticas sectoriales, 3) la dimensión europea de las políticas socialdemócratas, 4) la identidad nacional y 5) la adaptación de la organización de los partidos socialistas a la debilidad de las democracias representativas (páginas 158 y siguientes).

'Los idus de octubre' resultó un apoyo fundamental para Sánchez en el enfrentamiento con la 'vieja guardia' del PSOE, pero, al mismo tiempo, le imbuyó de su ortodoxia socialdemócrata, que en Borrell ha sido un martillo pilón contra el independentismo, con un nivel de compromiso personal y político absolutos. Su presencia en el Consejo de Ministros presidido por Sánchez —reconózcase que el presidente sabía lo que pensaba sobre Cataluña, y la paciencia patriótica de Borrell al aguantar el tirón de las escapadas del presidente, que haberlas las ha habido— ha sido una garantía de solvencia intelectual y de convicciones políticas sobre las cuestiones nucleares de la unidad de España, la integridad del Estado y la igualdad de todos los ciudadanos.

¿Hemos perdido a Josep Borrell?

Sus arrestos dialécticos —compatibles como una impulsividad que más que extralimitación connotaba autenticidad a un Borrell peleón y brillante— han ido parejos a sus esfuerzos por activar el servicio exterior de España y ponerlo al servicio de la nobilísima causa de salvaguardar la reputación de la democracia española frente al infundio sistemático del independentismo.

Observando los discursos, las estrategias y los énfasis de Pedro Sánchez en esta precampaña, su negativa (que fue sincera en julio y en septiembre) a depender de los escaños secesionistas para sostenerse en la presidencia del Gobierno y la determinación (¿nueva?) del Gobierno en mantener un modelo de comportamiento apartado ya de ambigüedades y eufemismos con los soberanistas, se puede llegar a la conclusión de que Josep Borrell no ha clamado en el desierto.

A la democracia, la libertad, el Estado y España se les sirven de muchas maneras y desde distintas posiciones de influencia

Lo expreso sin rebozo ni reserva: a la democracia, la libertad, el Estado y España se les sirven de muchas maneras y desde distintas posiciones de influencia o de poder. Pero que Josep Borrell continuase sentado en un eventual Consejo de Ministros de un Gobierno del PSOE supondría un activo para la izquierda, una inquietud permanente para los independentistas y una garantía para los ciudadanos, incluidos aquellos absorbidos por 'las cuentas y los cuentos' de los que no quieren ser españoles 'ni por el forro'. En definitiva, ¿hemos perdido a Josep Borrell? Una pregunta de no fácil respuesta.

*El mejor homenaje de reconocimiento a un gran periodista como Pepe Oneto, fallecido ayer, es recordarle a la conclusión de la tarea que durante tanto tiempo y tan bien ejecutó: redactar artículos y análisis. Vaya esta pieza, modestamente, por el compañero y amigo desaparecido.

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