'Vae victis!', Félix Bolaños y la purga en el PSOE
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José Antonio Zarzalejos

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'Vae victis!', Félix Bolaños y la purga en el PSOE

Sánchez ha dejado claro en el BOE que su hombre fuerte es el ministro de la Presidencia. Ahora queda por ver quién lo será en el PSOE

placeholder Foto: Félix Bolaños recibe la cartera como nuevo ministro de Presidencia. (EFE)
Félix Bolaños recibe la cartera como nuevo ministro de Presidencia. (EFE)

Cada una de las tres vicepresidentas, según el Real Decreto 508/2021 de 10 de julio, presidirá una comisión delegada del Gobierno que será la que se determine en una disposición inmediata, pero el artículo cuarto de esta norma se precipita a aclarar que “no se le encomienda a ninguna de las Vicepresidencias [sic, con mayúsculas] la presidencia de la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios, por lo que en aplicación de lo dispuesto en el artículo 8.2 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno, dicha presidencia será ejercida por la persona del titular del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática”. Queda claro, pues, que el hombre fuerte del nuevo equipo gubernamental es Félix Bolaños. Y su multitudinaria toma de posesión despeja las dudas que hubiere.

La regla general establecida por la ley que rige el funcionamiento del Gobierno es que la presidencia de la comisión general corresponde a “un vicepresidente del Gobierno o, en su defecto, al ministro de la Presidencia”. Pedro Sánchez ha entregado esa función estratégica a su más próximo colaborador en Moncloa, que estará al frente de esa reunión semanal que hace un examen previo de las decisiones que competen al Consejo de Ministros, salvo nombramientos, y que analiza y discute “de aquellos asuntos que, sin ser competencia del Consejo de Ministros o sus comisiones delegadas, afecten a varios ministerios y sean sometidos a la comisión por su presidente”. De momento, hoy no se aprobará, como estaba previsto, el proyecto de Ley de Memoria Democrática. Significativo.

Foto: El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska. (EFE)

Pedro Sánchez quiere las cosas claras y el chocolate espeso. Las vicepresidencias tienen más de honorífico que de jerárquico, más de representativo que de competencial, y es ya meridiano que el índice del orden del día del Consejo de Ministros —en el que los asuntos se marcan por colores: rojo, los temas más delicados y que requieren deliberación especial en el Consejo; verde, cuestiones informadas favorablemente por la comisión y de menor envergadura— lo van a determinar, mano a mano, Sánchez y Bolaños.

Los nuevos ministros reciben sus carteras

Ahora habrá que ver si Óscar López, como Iván Redondo antes, estará presente en esa comisión general, lo que es probabilísimo, porque su rango será de secretario de Estado, y si seguirá sentado en las sillas que ocupaba el donostiarra, entre ellas, el Consejo de Seguridad Nacional o los múltiples organismos que se crearon en los servicios de presidencia en la Moncloa. Y así, Félix Bolaños, técnico, socialista y burócrata, con habilidades personales para actuar discretamente, se perfila sin lugar a dudas como el jefe de filas del entorno inmediato del presidente del Gobierno.

'Vae victis!', dos palabras que describen la indefensión y la impotencia de los que han sido vencedores y, de pronto, pasan a perdedores

El hombre al que se encomendó la exhumación de Franco del Valle de los Caídos y algunas otras misiones delicadísimas —entre ellas, la interlocución con los socios parlamentarios— ocupa ahora el espacio que, según informaciones generalmente solventes, pretendía Iván Redondo, que está siendo víctima de una tamborrada de críticas que remiten a la expresión latina 'Vae victis!' (¡Ay de los vencidos!) que según los historiadores romanos fue frase pronunciada por un caudillo galo tras el asalto y conquista de la Roma precristiana. Desde entonces, las dos palabras describen la indefensión y la impotencia de los que han sido vencedores y, de pronto, pasan a perdedores.

No es justo, creo, ensañarse con aquellos ministros —también me refiero a Iván Redondo— que han dejado de serlo y que se han visto sorprendidos en su insoslayable fidelidad a Pedro Sánchez. Se podrían extraer reflexiones válidas de una de las grandes frases de Winston Churchill: “En la guerra, resolución, en la derrota, desafío, en la victoria, magnanimidad, y en la paz, buena voluntad”. La magnanimidad es precisa para entender los errores de los cesados y contextualizarlos en políticas que venían marcadas por las dinámicas que imponía el presidente del Gobierno. Enviarlos al ostracismo como apestados sería secundar arbitrariamente los propósitos de Sánchez, que trata de borrar las huellas de sus gestiones que fueron una mera ejecución de sus instrucciones.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez (EFE)

Queda por ver si Óscar López, hombre experimentado y con credenciales, hace un buen tándem con Félix Bolaños, porque sobre ambos van a recaer funciones de coordinación e interlocución decisivas. Los dos van a trabajar físicamente en Moncloa, en donde no habitará ninguna de las tres vicepresidentas. El complejo presidencial, seguramente (a la espera de la estructura orgánica que encabece López), se queda más que antes como un bastión de Sánchez, a modo de castillo inexpugnable en el que el presidente del Gobierno urde ya el segundo asalto: la ejecutiva del PSOE.

Sería poco prometedor que fueran Adriana Lastra y Santos Cerdán los que se asentasen ahora como los puntales de Ferraz, porque entonces la operación de aproximación al socialismo multifamiliar habría sido malinterpretada. Lastra es tan divisiva como otros que han hecho mutis por el foro. El “ahora nos toca a nosotros” de la asturiana, frase lapidaria pronunciada en noviembre del pasado año en contestación a declaraciones críticas de socialistas disidentes de la política de pactos del Gobierno —concretamente con Bildu, que ella firmó en mayo de 2020 sobre la “derogación completa” de la reforma laboral—, no parece compatible con restablecer lazos con ámbitos de la organización muy distanciados, cuando no hostiles, del denominado sanchismo. Ayer, la nueva ministra portavoz, Isabel Rodríguez, invocó el nombre de Alfredo Pérez Rubalcaba, lo que tiene necesariamente que expresar un tiempo distinto en el partido. En ese nuevo tiempo, ¿cómo encajan Lastra y Cerdán?

Foto: La vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra. (EFE)

De ahí se deduce una lógica casi irremediable: que la remodelación del Gobierno debería corresponderse con otra en el PSOE, porque los hasta ahora colaboradores de Ábalos en la organización son la viva representación de lo que con esta crisis neroniana Sánchez ha querido dejar atrás. Es muy posible que ambos salgan de Ferraz en octubre tras el 40º Congreso Federal del PSOE para sustituirlos por perfiles creíbles en la operación de reencuentro de las distintas sensibilidades socialistas. Y probable, por eso, que la crisis gubernamental tenga una réplica de envergadura en el gran cónclave del PSOE. En esta razia que Sánchez comenzó a ejecutar el 10-J, habrá más vencidos.

Cada una de las tres vicepresidentas, según el Real Decreto 508/2021 de 10 de julio, presidirá una comisión delegada del Gobierno que será la que se determine en una disposición inmediata, pero el artículo cuarto de esta norma se precipita a aclarar que “no se le encomienda a ninguna de las Vicepresidencias [sic, con mayúsculas] la presidencia de la Comisión General de Secretarios de Estado y Subsecretarios, por lo que en aplicación de lo dispuesto en el artículo 8.2 de la Ley 50/1997, de 27 de noviembre, del Gobierno, dicha presidencia será ejercida por la persona del titular del Ministerio de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática”. Queda claro, pues, que el hombre fuerte del nuevo equipo gubernamental es Félix Bolaños. Y su multitudinaria toma de posesión despeja las dudas que hubiere.

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