Arabia Saudí debe aprender a cuidar de su petróleo

Alguien debería enseñar a los saudíes a custodiar mejor su (nuestro) petróleo, porque el ataque a la petrolera Aramco ha dejado claro que ellos solos no lo saben hacer

Foto: Incendio en las instalaciones de Aramco después del ataque sufrido el pasado 14 de septiembre. (Reuters)
Incendio en las instalaciones de Aramco después del ataque sufrido el pasado 14 de septiembre. (Reuters)

Si hay algún sitio donde sobran los problemas es Oriente Medio, que parece atraerlos como la miel a las moscas. Abqaiq es la mayor refinería de Arabia Saudita, el segundo mayor productor de petróleo del mundo, un país que libra desde 2015 en Yemen una guerra cruel contra la tribu houthi con altísimo coste en sufrimiento y en vidas humanas. Y ahora Abqaiq ha sufrido grandes desperfectos tras ser atacada con drones o misiles, que aún no está del todo claro. Como además se da el caso de que Arabia Saudí tiene el tercer mayor presupuesto militar del mundo, solo detrás de los Estados Unidos y de China, y un equipo militar moderno y sofisticado, uno no puede por menos que asombrarse ante la vulnerabilidad extrema de una instalación de enorme valor estratégico y pensar que los militares saudíes son unos chapuceros, sin que sirva de excusa la posibilidad de que los 17 drones (?) atacantes volaran a ras de tierra para evitar ser detectados.

Arabia Saudí debe aprender a cuidar de su petróleo

Si llegaron desde Yemen, como afirman los houthis, tuvieron que recorrer 750 km, y 300 si lo hicieron desde Irán, como dicen los saudíes, niegan los ayatolás y sospechan los norteamericanos. Otras posibilidades son que hayan llegado desde Irak o, aún más preocupante para Riad, que los atacantes tuvieran apoyo local entre la población chií, mayoritaria en esa zona oriental del reino, algo que no cabe descartar.

Una cosa que ha llamado mucho la atención es la precisión quirúrgica de los impactos en los 12 globos esféricos de 30 metros de diámetro donde se separan el crudo y el gas, así como las torres de estabilización, que fueron impactados por algo con gran fuerza cinética pero sin explosivo, como no queriendo hacer más daño del estrictamente necesario y como avalando la hipótesis de que los yemeníes buscan atraer la atención mundial sobre un conflicto que según la ONU ha provocado el mayor desastre humanitario. Si es así, lo han conseguido y las fotos de la refinería en llamas han dado la vuelta al mundo y son impresionantes.

Todo eso revela una cuidadosa planificación y una sofisticación en el manejo de los drones (o misiles) que no cuadra con los primitivos montañeses que presumen de haberlos lanzado y que no es la primera vez que lo hacen, pues ya atacaron en los últimos meses el oleoducto Este-Oeste y el mismo aeropuerto de Riad. ¿De dónde han sacado los yemeníes este sofisticado material?

Parece que todos los indicios apuntan a Teherán, que no para de dar muestras de inquietud mientras envía avisos sobre su capacidad para interferir la navegación en el golfo Pérsico y en el estrecho de Ormuz a medida que se aprieta sobre su garganta el nudo de las sanciones norteamericanas, sin que los europeos consigan aliviar esa presión a pesar de sus buenas intenciones mostradas en último término cuando Macron ha tratado de 'celestinear' un encuentro entre Trump y Rohani, que algunos apuntan a que podría celebrarse en los márgenes de la próxima Asamblea General de las Naciones Unidas, que comenzará en la tercera semana de septiembre. Trump parece dispuesto pero Rohani lo ha negado el pasado lunes. Veremos, porque este ataque no ayuda a crear un ambiente propicio...

Las consecuencias han sido muy graves. Arabia Saudí produce casi 10 millones de barriles diarios (el consumo español entero de petróleo durante una semana y media) y el ataque ha reducido esta capacidad en 5,6 millones de barriles/día, algo más de la mitad de su producción y el 7% de la producción mundial, y no sabemos aún cuánto tiempo se tardará en reparar los daños. Puede ser cosa de días o de semanas o de meses, por ahora no se sabe y ese es un dato importante. Inicialmente, el precio del barril se disparó de golpe un 20% (algo que no ocurría desde el estallido de las guerras de Kuwait e Irak), aunque luego ha bajado y parece haberse estabilizado por ahora por debajo de 70 dólares.

Lo vamos a notar en nuestros bolsillos de forma inmediata aunque Riad tenga enormes reservas (190 millones de barriles) almacenadas en depósitos situados en Róterdam, Okinawa y en Egipto que puede lanzar al mercado durante bastante tiempo para compensar esta reducción en su producción. También los EEUU, los mayores productores mundiales de petróleo, han movilizado sus reservas estratégicas y quizá lo haga también la Agencia Internacional de la Energía, sin excluir que otros países de la OPEC aumenten también algo su producción. Lo que sea con tal de permitir al mundo seguir funcionando.

No hay lugar, pues, para el pánico, aunque lo ocurrido no contribuya precisamente a tranquilizar una economía mundial que muestra signos de desaceleración y quizá de algo más grave. Y lo ocurrido no disminuye los problemas sino que los aumenta, igual que aumenta los del gigante petrolero saudí, Aramco, que pretende sacar al mercado una OPV por el 5% de su valor con objeto de recaudar fondos para el ambicioso Plan 2030 con el que el controvertido heredero saudí, Mohamed bin Salman, pretende disminuir la dependencia de su país del petróleo (98% de las exportaciones y 90% de los ingresos del Gobierno).

Es difícil a estas alturas saber si los iraníes están o no detrás de este ataque. Los saudíes y Mike Pompeo no parecen tener dudas de la responsabilidad iraní, cosa que Teherán niega enfáticamente, mientras que tanto la ONU como los británicos se muestran por el momento muy cautelosos Trump es también sorprendentemente prudente, al menos para lo que nos tiene habituados, porque ya no tiene al lado a Bolton, porque no quiere enfangarse en otra guerra en Oriente Próximo donde al final todos perderían, y porque le gustaría reunirse con el presidente iraní, Hassan Rohani, y poder luego decir que él ha solucionado un contencioso que los demás no podían resolver, obviando el pequeño detalle de que fue él quien lo creó.

En teoría, hacer este ataque dos días antes de las elecciones en Israel y en un periodo de tensión con los EEUU no parecería muy inteligente por parte de Irán, porque si se confirmara su autoría, las consecuencias serán graves. Esto ya no es un problema entre Arabia Saudí y Yemen o Irán, sino un problema que afecta a la economía mundial. Y ya se sabe que con las cosas de comer no se juega. Por eso, lo primero, antes de cualquier reacción, es averiguar con certeza lo que realmente ha pasado, quién ha fabricado los drones (o misiles, que tampoco está totalmente claro), quién los ha manejado y desde dónde fueron lanzados o disparados. Y lo mejor es que esto lo investigue alguien independiente y no sospechoso como el Consejo de Seguridad de la ONU, a condición de que no se eternice como suele y lo haga deprisa. Y luego, si se demostrara autoría iraní, los EEUU deberían buscar la complicidad de Rusia, China y de los europeos para actuar conjuntamente.

Y mientras se reparan con urgencia los destrozos, alguien debería enseñar a los saudíes a custodiar mejor su (nuestro) petróleo, porque este incidente ha dejado claro que ellos solos no lo saben hacer.

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