Pedro J., Del Pozo y la mujer de Bárcenas
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Graciano Palomo

Palo Alto

Pedro J., Del Pozo y la mujer de Bárcenas

Resulta que el restaurante Jai-Alai, cercano al domicilio del director de El Mundo, estaba prácticamente vacío cuando el domingo 6 de octubre Pedro J. Ramírez y

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La mujer de Luis Bárcenas, Rosalía Iglesias (Efe)

Resulta que el restaurante Jai-Alai, cercano al domicilio del director de El Mundo, estaba prácticamente vacío cuando el domingo 6 de octubre Pedro J. Ramírez y Raúl del Pozo habían citado a Rosalía Iglesias, esposa de Luis Bárcenas, que llegó acompañada por su hijo y un matrimonio amigo.

Si el restaurante estaba vacío y la cena se llevó a cabo en un reservado, ¿cómo demonios me he enterado yo y otro colega del aquelarre gastronómico? Pues bien, Ramírez se hizo acompañar por su mujer, Agatha Ruiz de la Prada, y Raúl del Pozo llegó en solitario: al fin y a la postre, el periodista, al alimón con su director, ha levantado las principales alfombras del referido y conocido como 'caso Bárcenas'que a punto estuvo de llevarse al otro barrio al primer ministro.

Oído al respecto todo tipo de conjeturas sobre lo que se ventiló sobre el mantel a cuadros del Jai-Alai. La más fácil ésta: que se buscaba más dinamita o, mejor, alguna bomba nuclear para desintegrar el complejo de la Moncloa que en los aciagos tiempos que padecemos tampoco viene mal para el propio sostenimiento.

Lo cierto es que la intrépida y aguerrida Rosalía le echó en cara al gran columnista de Cuenca, que lo es, que epitetara a su gran Luis como un “gato” en una de sus magistrales y recientes entregas a propósito de analizar el 'statu quo'político generado por la publicación de los papeles del extesorero, precisamente por el señor que firma en la contraportada del diario.

¿Estaba la policía al cabo de la calle? ¿Algún servicio 'ad hoc'? Se ignora. O mejor se desconoce, que no es lo mismo.

Es verdad que se habló de la situación general y que la dama realizó algunas consideraciones propias al calor del dolor y de la 'traición'. Pero lo sustancial no es eso. Lo sustancial es si atesora grabaciones o pagarés incriminatorios que puedan levantar la tapa de los sesos a algún preboste con cartera ministerial. La respuesta, a día de hoy, continúa siendo lo anunciado: ¡Haberlas, haylas!

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