La ‘carta carcajada’ llega al Quai D’Orsay

Los vapores etílicos del cava les tienen por completo obnubilados, ni siquiera atienden ya cuando se les aplica en la nariz ácido sulfúrico.Y ya no tiene

Foto: Artur Mas (EFE)
Artur Mas (EFE)

Los vapores etílicos del cava les tienen por completo obnubilados, ni siquiera atienden ya cuando se les aplica en la nariz ácido sulfúrico.

Y ya no tiene dinero ni para pagar a traductores decentes después de habérselo gastado todo en los vuelos gallináceos.

Héte aquí que el señor Mas ha remitido cartas a los 26 jefes de Estado de la Unión Europea hincándose de hinojos y suplicando, por ejemplo, a países como Rumania o Estonia, grandes potencias mundiales, que tengan a bien hacerles una caridad y presionen al gobierno español para que se les permita llevar a cabo su consultita con el dinero de los demás.

Da la casualidad de que cuando este completo dislate, que de paso permite pedir a Moncloa y al Ministerio de Hacienda que extremen las firmas de sus cheques mensuales con destino a tan irresponsables como desleales (también podría escribir traidores), se hizo público el comentarista se encontraba a unos metros del Quai D`Orsay (sede del ministerio de Asuntos Exteriores de Francia), visitando uno de los museos impresionistas más definitivos del mundo.

Conozco a Philippe desde sus tiempos de agregado en la embajada francesa en Madrid y los cafés de la orilla del Sena son siempre una ocasión insalvable para quedar con los viejos conocidos.

-¿Qué te parece lo de Cataluña?

-¡Ah!, Oui, algo he leído…., contesta el exquisito diplomático galo, ajeno por completo a la misiva del presidente autonómico catalán al jefe del Estado francés.

-¡No, Philippe, de la carta de Mas a Hollande…  ¡

-¿Eh? ¡Ni idea! Pero si me dejas unas horas, lo consulto y te contesto.

En efecto. Contestó para decirme que no se tenía ni conocimiento de la citada misiva pero que, en cualquier caso, todo lo que hace referencia a la “independencia” de Cataluña se concede poca importancia, en el mejor de los casos, y causa risa en otros.

Se lo voy a escribir por corto y por derecho: en Paris, que es un sitio que cuenta en el mundo y mucho más en la Unión Europea, todavía no saben cómo se llama el tal Artur Mas, aunque intenta desesperadamente que los humoristas galos –tan irónicos y crueles- le hagan el honor de sus viñetas.

¡Ni por esas!   

Resumiendo amigos: que la “grandeur” se compadece mal con el juego de la oca. ¡O del pavo!

Palo Alto
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