El Rey se mueve: Gordó, preparado

-No hay ningún problema que le acucie, preocupe y desazone más al Rey que el desafío independentista catalán, me confiesa un alto representante del Estado cuyo

Foto: El rey Juan Carlos y Artur Mas. (Gtres)
El rey Juan Carlos y Artur Mas. (Gtres)

-No hay ningún problema que le acucie, preocupe y desazone más al Rey que el desafío independentista catalán, me confiesa un alto representante del Estado cuyo oficio tiene que ver precisamente con la seguridad del mismo.

Es, en cualquier caso, el secreto de la esfinge porque un proceso como el desatado por los independentistas encuentra pocos parangones en el contexto mundial de naciones libres.

Tanto es así que, durante los últimos meses, incluso cuando sus dolencias físicas le han tenido amarrado al butacón, el jefe del Estado ha llamado a consultas a dirigentes de su generación y a los que ahora mismo están al mando. Desde Felipe González a Javier Solana, naturalmente pasando por los líderes en ejercicio como Mariano Rajoy y su oponente Alfredo Pérez Rubalcaba.

Lo sustancial para el presidente es que Artur Mas desconvoque el anunciado referéndum sí o sí y de manera inmediata para evitar males mayores, rompiendo ipso facto su acuerdo de gobernabilidad con ERC. Luego pasaríamos a contemplar alguna declaración institucional que reconozca el “estatus” de Cataluña como “nación” dentro de la otra Nación, y se pondría en marcha un mecanismo que desemboque en el perseguido “Pacto Fiscal”.

Nada de ello puede hacerse si previamente no hay un acuerdo tácito entre el Partido Popular y el Partido Socialista, razonable y razonado, al que posteriormente se pudiera invitar a Convergencia i Unió.

Todo esto, naturalmente, no saldría gratis. Mas, desarbolado por completo, dejaría el liderazgo de los nacionalistas en beneficio de su actual conseller de Justicia, Germá Gordò, un abogado atildadito (Pobla de Segur, 1963), otro catalán salido de las calderas jesuíticas del ESADE con connotaciones Opus del IESE. Un hombre posibilista de talante moderado y pactista que percibe como nadie los clamores de la sociedad civil catalana y de la “economía productiva”.

Fuentes solventes que califican la operación como “tercera vía”, en la que estaría legitimada la intervención de la Corona, han obviado a dirigentes como Aznar, echado al monte justamente contrario al que se subió Mas, o al propio Jordi Pujol que tantas garantías dio al Monarca en su día de que no rompería la baraja.

El papel lo aguanta todo. La necesidad obliga.   

Palo Alto
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