Aquella profecía de Otto Bismarck sobre España

Contemplando la espuma gruesa que produce el ensordecedor ruido de la vida pública española he recordado una sentencia de Von Bismarck

Foto: Pedro Sánchez y Mariano Rajoy en el Congreso. (Efe)
Pedro Sánchez y Mariano Rajoy en el Congreso. (Efe)

Contemplando la espuma gruesa y viscosa que produce el ensordecedor ruido de la vida pública española he recordado una sentencia pronunciada por el canciller Otto von Bismarck, siendo primer ministro prusiano (1863) con ocasión de recibir a un embajador español en su corte vienesa.

-España -le dijo al funcionario llegado de Madrid-, es una gran nación… Yo la admiro profundamente, conozco la historia de la creación de su imperio y creo que resulta indestructible…

-¿Por qué herr Canciller?, preguntó el poncio.

-Porque ni siquiera ustedes los españoles son capaces de destruir su nación…

Y se quedó tan ancho. 151 años después, al contemplar en qué consumimos la energía y el dinero los españoles de la actual hora, uno no puede dejar de dar la razón -al menos en parte- al Canciller de Hierro. Seguimos debatiendo sobre la propia esencia de la nación; no nos ponemos de acuerdo ni siquiera en la cifra de desempleados; cuestionan determinados sujetos el propio modelo de sociedad; los que pretenden liberarnos de la opresión resulta que tienen dineros a buen recaudo y, lo más grave, no hay ni una sola zona común que nos permita ponernos de acuerdo en algo básico.

Lo más grave, desde mi modesto punto de vista, es que parecen regresar, de nuevo, viejos y cainitas demonios familiares a propósito de cualquier cosa y por un quítame allá esas pajas. Al menos, en lo referido al debate político.

¡Menos mal que conseguimos colarnos en la Unión Europea! Por cierto, hecho histórico donde los haya que fue posible por el empeño del pueblo liderado entonces por un socialdemócrata llamado Felipe González. A cada uno lo suyo.

Ignoro a dónde nos conduce el destino. Lo que sí conozco es que junto a la inmensa capacidad de las élites intelectuales y científicas españolas para alcanzar logros mundiales en todos los campos somos muy propensos a regodearnos en el garrotazo dialéctico y pintarnos de sal gruesa.  Se empieza por las palabras y el acoso en las redes y se acaba como en las playas de La Guaira (Venezuela).

Por cierto, la presión mitad fascistoide mitad estalinista, los intentos de intimidación a medios y profesionales de la información y la opinión, la utilización de la red como hoguera inquisitorial para amedrentar están llegando a tal punto que tengo para mí terminará por estallar una situación tan intolerable como injusta. Y, entonces, oiga, el que más chifle, capador.

Palo Alto
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