Los empresarios entran en campaña: el caso griego les acongoja

La actividad “política” del empresariado –en sus distintos sectores, formas y maneras– es frenética. El miedo, la incertidumbre y la sorpresa son los peores ingredientes para invertir y desarrollarse

Foto: Juan Rosell, junto al ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo. (EFE)
Juan Rosell, junto al ministro de Exteriores, José Manuel García-Margallo. (EFE)

Lo que está sucediendo en Grecia, un país con más en la Unión Europea que España, es un polo de atención extraordinario para todos pero singularmente para el empresariado. Los españoles siguen con enorme atención y precisión –reciben informes casi a diario de sus homólogos helenos– los más mínimos detalles de lo que ocurre en aquel país.

“Si eso ocurriera en España –afirma un alto dirigente empresarial con compañía propia y relevante–, estoy seguro de que esa tranquilidad social de la que goza Grecia no se daría aquí…” Es muy posible, pese a que también compartimos el Mediterráneo.

La actividad “política” del empresariado –en sus distintos sectores, formas y maneras– es frenética. Porque al fin y al cabo, para emprender con garantías necesitan antes que nada un marco estable y seguro. El miedo, la incertidumbre y la sorpresa son los peores ingredientes para invertir y desarrollarse.

Su escenario futuro a unos meses pasa, en primer lugar, por una repetición del actual poder nacional con la mayor fuerza posible. Pero como no es seguro que ocurra, el siguiente escenario sería un gobierno PSOE/Ciudadanos, si es que el primero cuenta con los votos suficientes y el segundo alcanza finalmente la representación parlamentaria que le garantice ser bisagra como ocurre, por ejemplo, en Andalucía o Madrid.

Desde luego, y es de entender, lo que no desean es tener que vérselas como los hermanos de los que mandan en Barcelona y la capital. “Perderíamos mucho tiempo en explicarles que la economía de un país es lo suficientemente importante como para dejarla en manos exclusivamente de los políticos”, refiere la misma fuente empresarial.

Es decir, que prefieren a un Montoro, que les ha amargado la existencia (dicen), que un Varoufakis que experimenta con estas cosas como si fuera un cilindro de Harley.

Supongo que no les daré ninguna sorpresa si les digo que muchos ahorradores –grandes y medianos– están colocando su dinero ya al día de hoy en latitudes que consideran más seguras.

Y esto no ha hecho más que empezar.   

Palo Alto
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