El inquietante rictus del alcalde De la Serna
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Graciano Palomo

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El inquietante rictus del alcalde De la Serna

Parece mentira que casi 50 años después de la muerte de Franco, algún joven político del PP, tras tirarse el pegote, se crea que para estar en política hay que ser ingeniero

placeholder Foto: Iñigo de la Serna (d) durante la constitución del Ayuntamiento de Santander. (EFE)
Iñigo de la Serna (d) durante la constitución del Ayuntamiento de Santander. (EFE)

El pasado miércoles 6 de julio asistía a la inauguración del II Foro Global de Ingeniería organizado por los ingenieros de Caminos, Canales y Puertos en el sin par palacio de la Magdalena que fue, previo regalo del pueblo cántabro, residencia veraniega de Alfonso XIII y su inexportable familia.

Uno de los hijos del elitista 'cuerpo', el estirado bilbaíno Íñigo de la Serna, alcalde de la ciudad norteña, se había pedido inaugurar el aquelarre, quizá porque la carrera política es corta y hay que prepararse el futuro, desde el poder mejor, y entre los participantes había mucho capital y representaban mucha pasta a repartir con 'bonus' por doquier si hubiera o hubiese resultados.

Luego de tirarse media docena de pegotes -el más alto, el más rubio, el más pinturero, el más tecnológico, el más guay, etc.- soltó la perla: “En el próximo Gobierno debería haber un ingeniero de Caminos…”. Quizá estaba apuntando a su propio ombligo, porque según me cuentan en Santander se trata de un tipo 'exclusivo' y con más ambición que una nécora con vocación reproductora.

Los mejores y más objetivos historiadores del franquismo suelen recordar algunas anécdotas protagonizadas por el dictador cuando necesitaba cooptar ministros de los distintos ramos.

-Carrero, ¡búsqueme un ingeniero para el Ministerio de Industria…!

-¡Marchando, Excelencia!

Lo que es sorprende 50 años después es que un alcalde del Partido Popular, joven y suficientemente preparado (según se dice) crea que para estar en política haga falta ser ingeniero de algo. Él pidió expresamente que fuese de Caminos, Canales y Puertos. ¿Por qué no un filólogo? ¿O un fontanero? ¿Quizá un bailaor? Esto es lo que les mata. Hace tiempo que me apunté a la cultura del mérito, es verdad, pero méritos hay muchos y no necesariamente en la titulación aunque también.

Lo malo es que se apunta a De la Serna como uno de los candidatos posibles a liderar todo el centro derecha cuando se cumplan las previsiones sucesorias si es que ese tiempo llega algún día porque no veo ahora mismo mucho interés en testar.

Es verdad que obtuvo un magnífico resultado en las últimas elecciones municipales pero en Santander una vaca de Revilluca con vitola PP hubiera cosechado lo mismo. El principal mérito en política es la empatía social, esa capacidad nada fácil de describir para resultar simpático sin necesidad de vestir traje azul oscuro o melena esculpida. Algo que no tiene que estar necesariamente reñido con saber utilizar la calculadora, el cartabón o la escuadra.

¡No aprenden nada!

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