Palo Alto
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El Rey 'in action'
Su hincapié obsesivo por un "periodismo creíble, verdadero" me parece que tiene su aquel; en mi pueblo castellano dirían que respira por su herida
Los siete días que agonizan, con ocasión de la entrega de los XXXV Premios de Periodismo Rey de España (EFE), el rey Felipe se dejó ver de nuevo en carne mortal rodeado precisamente de periodistas. Creo, modestamente, que fue algo más que un mero acto protocolario como ocurriera en los tiempos ajenos del Emérito al que de alguna manera le aburrían soberanamente estos eventos.
Escribo lo anterior porque siempre hay ocasión de detectar el 'statu quo' de un jefe de Estado acerca de lo que ocurre en su reino. La personalidad de Felipe VI ha sido ya diagnosticada hasta la saciedad. De forma y manera que no voy a intentar yo ser tan petulante de describir en estas líneas –"cortas", Señor, "cortas", como corresponde al espíritu de estos tiempos— algo que pasará a la posteridad.
Lo que me encontré en la semana que termina es un rey informado, que no presume de esa información y que procura inmigrar más 'inputs' de los que emigra. Pero tampoco es ese marmolillo que algunos se empeñan en acreditar. Tiene un fino sentido del humor, aunque alejado del compadreo en el que resultaba un auténtico maestro su padre. A cada uno lo suyo.
Sabe que si España va bien, a él le irá mejor. Me parece, igualmente, que se trata de un monarca que curra, con especial vocación internacional (Georgetown) y que, además de aguantar, es consciente de que la acción forma parte de su sueldo.
Su hincapié obsesivo por un "periodismo creíble, verdadero" me parece que tiene su aquel; en mi pueblo castellano dirían que respira por su herida.
Ya sabe que a partir de ahora tiene que cuidar hasta el color de la barba.
Los siete días que agonizan, con ocasión de la entrega de los XXXV Premios de Periodismo Rey de España (EFE), el rey Felipe se dejó ver de nuevo en carne mortal rodeado precisamente de periodistas. Creo, modestamente, que fue algo más que un mero acto protocolario como ocurriera en los tiempos ajenos del Emérito al que de alguna manera le aburrían soberanamente estos eventos.