¿Igualdad? ¿Qué igualdad?

Soria no es igual que la provincia de Barcelona. Ni Vizcaya, sin ir más lejos. Ni Extremadura es igual de que Cataluña. Ni en renta per cápita ni en AVE

Foto: Manifestación para exigir un tren digno para Extremadura. (EFE)
Manifestación para exigir "un tren digno" para Extremadura. (EFE)

El problema del principal santo y seña de la izquierda que va desapareciendo democráticamente del mundo libre —Alemania, Austria, Francia, Italia, etc.— es la quimera. El viejo sueño desvanecido del igualitarismo. Se puede analizar "ad hominem", persona a persona, nombre a nombre, apellido a apellido. Pedro Sánchez y sus ministros no son igual de iguales que el último militante de Coria.

Soria no es igual que la provincia de Barcelona, ni Vizcaya. Sin ir más lejos. Ni Extremadura es igual que Cataluña. Ni en renta per cápita ni en AVE. ¿De qué igualdad hablan estos señores que utilizan el argumento como señuelo para llegar al poder y permanecer en él? Ni es igual un ignoto doctor en CC Económicas en cualquier Facultad de España que Sánchez que consiguió su título por sus amiguetes. ¿Igualdad? ¿Qué igualdad? Precisamente, mi experiencia vital es que aquellos que pregonan la igualdad como bálsamo de fierabrás son los que más disfrutan con la diferencia, sobre todo, si han conseguido subirse en coche oficial.

¿Acaso los ciudadanos españoles de Extremadura son iguales ante el ferrocarril —que es un derecho fundamental en la España de hoy y entre pueblos— que aquellos que tienen todas sus capitales de provincias conectados por la Alta Velocidad Española? ¿Acaso los canarios son tan iguales como los catalanes que en los PGE les han birlado, como oportunamente ha denunciado la diputada Ana Oramas, parte de sus inversiones para garantizarse el voto a Sánchez? No he conocido países y sociedades más desiguales que las comunistas. Modestamente, he conocido unos cuantos.

Lo anterior enlaza también con aquella verdad histórica demostrable según la cual los líderes que más presumen de combatir injusticias y desigualdades (que existen) han terminado por implantar las mayores. Me acuerdo en este trivial momento de tres: Castro (Cuba); Maduro (Venezuela) y Ortega (Nicaragua).

¡Qué hartazgo de palabras huecas!

Palo Alto
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