¿Pactos? ¿Qué pactos?

¿Cómo? ¿Con qué presupuestos ideológicos y programáticos? ¿Cómo superar los odios africanos con los que se agasajan los jefes de esos partidos?

Foto: El presidente del Gobierno y candidato socialista. (EFE)
El presidente del Gobierno y candidato socialista. (EFE)

La incógnita e incertidumbre sobre lo que sucederá en España durante y post al 28-A ha llevado a un medio tan esencialmente liberal/radical como “The Economist” a pedir una mayoría suficiente para Pedro Sánchez, algo que ha escandalizado a unos cuantos por estos lares.

Tiene su lógica desde su perspectiva y a tenor de lo que avanzan las encuestas, si bien los británicos deberían estar vacunados contra los sondeos, máxime cuando todavía –dicen- hay un mínimo de 30% de indecisos.

Como ninguno de los cinco partidos en liza parecería contar con la fuerza suficiente para formar un gobierno monocolor, la derivada para no tener que volver a las andadas y repetir elecciones en unos meses, sería alcanzar acuerdos que permitieran afrontar los muy serios problemas estructurales y coyunturales que tiene España. ¿Cómo? ¿Con qué presupuestos ideológicos y programáticos? ¿Cómo superar los odios africanos con los que se agasajan los jefes de esos partidos?

¿Cómo? ¿Con qué presupuestos ideológicos y programáticos? ¿Cómo superar los odios africanos con los que se agasajan los jefes de esos partidos?

Pablo Iglesias cree que si el resultado electoral se lo permitiera el grupo de Ciudadanos que acaudilla Albert Rivera sería el “partenaire” preferido de Sánchez y que éste, pese a su juramento en arameo de no pactar “jamás” con Pedro, el “jamás” se quebraría fácilmente invocando al “interés nacional”. La otra opción, alianza formal con Podemos, previo reparto de carteras y poder institucional, podría ser posible (estimable y vital para Iglesias) siempre que los muy socialistas y progresistas del Partido Nacionalista Vasco dieran su aquiescencia. La peor opción para PS, en cualquiera de los supuestos, sería la necesidad de tener que recurrir a los secesionistas. Ganaría el poder pero perdería la dignidad, claro que esto último tampoco parece tener demasiada importancia en el vademécum sanchista.

La opción contraria se presenta al día de hoy altamente improbable. Porque se puede equivocar uno alguna vez pero no todos siempre. Además, el cielo siempre puede esperar.

Sea lo que fuere, suponiendo la responsabilidad de unos y otros (sic) y en la creencia de que buscarán el bien común (sic), deberían saber que lo que hay que hacer después del 28-A nadie podrá hacerlo en solitario, incluso, en el supuesto improbable de que hubiera una mayoría absoluta a derecha o sinistra.

¡Hay mucha tela que cortar!

Palo Alto

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