'Rentré': más hartazgo, deuda y desprestigio

Me lo disparó recientemente un exembajador de los Países Bajos a bocajarro: ¿de qué pueden presumir los españoles si ni siquiera podrían pagar su deuda soberana?

Foto: Imagen de archivo de la Bolsa española. (EFE)
Imagen de archivo de la Bolsa española. (EFE)

¿Qué nos encontramos el 1 de septiembre tras casi un mes de tapadillo en Doñana? Más deudasuperando el billón/doscientos mil millones de euros—, hartazgo ciudadano y desprestigio de una clase política que algunos insisten en ser la peor desde la restauración democrática.

En efecto. La cifra está ahí, amenazadora para el futuro e "increscendo". Una deuda pública (la privada hay que sumarla aparte) que no merece más honor informativo que un suelto en las páginas de los periódicos generalistas, ni una mención en los telediarios. Lo más grave de ello es que no hay el más mínimo propósito de enmienda y cada 30 días la cuenta es más abultada. Son ya más de 30.000 euros que cada españolito que nace hoy trae bajo el brazo como una losa para el futuro de cada 'nasciturus'.

Me lo disparó recientemente un exembajador de los Países Bajos a bocajarro: ¿de qué pueden presumir los españoles si ni siquiera podrían pagar su deuda soberana?

Son ya más de 30.000 euros que cada españolito que nace hoy trae bajo el brazo como una losa para el futuro de cada 'nasciturus'

El dígito podría ser más llevadero si al conjunto de la sociedad española le insuflaran en vena un cierto grado de confianza y optimismo en su futuro. Brilla por su ausencia. Hay un hartazgo más que evidente de sus políticos que atesoran para ellos (en su conjunto y con rarísimas excepciones) el mayor grado de desprestigio en cuarenta años de democracia. El hartazgo produce, a su vez, cansancio y depresión ante la certeza de que no parece haber propósito de enmienda. El escenario público español —no solo en lo que afecta a los profesionales de la política— se asemeja cada vez más a un puerto de arrebatacapas. Canales de televisión sembrando el detritus berlusquiniano por un puñado de jurdó.

El dígito podría ser más llevadero si al conjunto de la sociedad española le insuflaran en vena un cierto grado de confianza y optimismo en su futuro

España, al día de hoy, se asemeja a aquella otra que Lope de Vega describió magistralmente hace casi 500 años en sus comedias para interpretar en los corrales: el vulgo se mimetiza en un intento por huir de la dramática realidad que les envuelve. Colectiva y personalmente.

En esas estamos, mis queridos amigos.

Palo Alto
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