Un ZP para hablar con Casado

Sánchez se ha dedicado a despreciar en público y en privado a su principal oponente político, también lo hizo con Albert Rivera e Inés Arrimadas

Foto: El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero. (EFE)

El hecho de que Pedro Sánchez haya tenido que recurrir a Rodríguez Zapatero para mandar mensajes al Partido Popular refleja, bien a las claras, la escasa importancia que el disfrutador de Moncloa concede al jefe de la oposición y este la nula credibilidad que tiene en la palabra de aquel.

Hubo un tiempo en el que Adolfo Suárez hacía partícipe a Felipe González en la gobernabilidad del país; González hizo patente su respeto por Manuel Fraga aunque supiera, a ciencia cierta, que el gallego jamás se sentaría en su sillón. Lo mismo hizo con Aznar y este sí que le birló el puesto.

Aznar trató con cierta consideración al insulso ZP y este también mostró su respeto por Mariano Rajoy. Y Rajoy tuvo la máxima consideración con Alfredo Pérez Rubalcaba. Luego llegó Sánchez y se ha dedicado a despreciar en público y en privado a su principal oponente político, también lo hizo con Albert Rivera e Inés Arrimadas hasta que la dama jerezana ha terminado por bailarle el agua.


Pues bien, ahora tiene que recurrir al amigo del narcosátrapa Maduro, al mismo que dejó España como un solar, al protector del corrupto —presunto— embajador en Venezuela, Raúl Morodo, y al introductor de Delcygate en España —Cebrián dixit— en operaciones todavía inexplicadas, pero que a buen seguro conoceremos para que se nos hiele la sangre. Creo que estamos a punto de conocer en verdad lo que ocurrió y ocurre.

El hecho de que Sánchez comisione a ZP para mandar recados a García Egea, da cabal idea de varias cosas. La primera, que el jefe del Gobierno se considera a sí mismo como un jefe de Estado, que necesita poncios para tratar con la persona que podría sucederle en el momio. Sánchez, acojonado por los más que posibles portazos que puedan romperle la nariz en Bruselas, solicita angustioso los quehaceres del partido que desprecia porque, en la UE, cuenta con aliados y hermanos políticos poderosos.

Casandra, la vidente troyana, alertaba al rey Príamo acerca de no fiarse de los griegos ni cuando llevaban regalos. De esta historia ya sabemos el final.

Palo Alto
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