La calle no está para incendios

Pareciera que el frente antigubernamental más agresivo cuenta las horas para poner al gobierno Sánchez ante sus propias responsabilidades más allá de controles parlamentarios

Foto: Un momento de la cacerolada en Valladolid el pasado mayo. (EFE)
Un momento de la "cacerolada" en Valladolid el pasado mayo. (EFE)
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Se avecina a toda velocidad el cierre de un verano tan atípico como criminal. Desde hace más de ochenta años —cuando aquello de los Paradores de Fraga— gracias a los turistas extranjeros se llenaba la caja, y posteriormente los españoles se fueron acostumbrando a que el "ferragosto" fuera mes de oportunidades para unos y solaz para otros.

Hasta que llegó el maldito virus de Wuhan, de cuya autoría cada vez hay menos dudas. Gracias, Xi Jinping, sois unos maestros.

Escrito lo anterior, pareciera que el frente antigubernamental más agresivo cuenta las horas para poner al gobierno Sánchez ante sus propias responsabilidades más allá de los controles parlamentarios y de otro orden que la Constitución establece y que, bien estudiado, el Gobierno se los pasa por el arco de la victoria. Cada semana, Sánchez&Iglesias reciben una somanta palos dialécticos en forma de palabras que les entra por un oído y les sale por otro. Lo sustancial para ambos es mantenerse en el machito, crecer en el control de los poderes, distribuir mamandurrias y a vivir por cuenta del contribuyente.

Hasta que llegó el maldito virus de Wuhan, de cuya autoría cada vez hay menos dudas. Gracias, Xi Jinping, sois unos maestros

Resulta entendible que los de enfrente quieran sacar los pies del tiesto. Como el Parlamento se ha convertido en una cloaca de mentiras donde lo mismo da arre que so y cuando se pilla a un presidente, vicepresidente o ministro en flagrante mentira no pasa nada, hayan decidido tocar a rebato y convocar a sus mesnadas en la rúa. Esto tiene sus riesgos (no solo sanitarios) pero mucho me malicio que es en ese predio donde algún partido de la oposición quiere medir sus fuerzas a partir de ahora.

Están en su derecho democrático, desde luego. Otra cosa es que sea lo más inteligente y sobre todo lo que reclaman millones de ciudadanos hartos ya de estar hartos.
A tres grandes crisis instaladas —sanitaria, económica, institucional— solo nos falta que calles y plazas comiencen arder…

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