¿Es fascista el FMI?

Tampoco hay que ser un experto de la Escuela de Chicago para ver que el tejido productivo español se ha ido por el desagüe. España será el país con peor comportamiento de la OCDE

Foto: Christine Lagarde. (EFE)
Christine Lagarde. (EFE)

No solo es el FMI. Desgraciadamente, las previsiones de los expertos del Fondo Monetario Internacional sobre el marchamo de la economía española al igual que Eurostar, además de los analistas domésticos que trabajan para organismo independiente, son catastróficas.

Muchos millones de españoles buenos, sacrificados, trabajadores, paganos y de buena fe viven al margen del acontecer de las macro cifras y la caída del PIB lo cual les permite, al menos, no vivir aterrorizados sobre lo que parece sobrevenir. Nos queda la esperanza de que esos organismos fallen en sus profecías del detritus.

La única que parece chapotear al margen de la visión del tsunami que se cierne sobre nuestro presente y futuro es el presidente del Gobierno y tengo mis dudas acerca de si la huida ministra de Economía habla por boca de ganso cuando dice que la reactivación es ya un hecho o si obedece impertérrita a las órdenes que emanan del gran vendedor de humor apellidado Redondo.

Probablemente, si la caída del PIB en más de 13 puntos (FMI) hubiera sido anunciada por algún otro profesional de la prospectiva y el análisis económico/financiero, las trompetas de la brunete progubernamental —cada vez más nerviosa, desquiciada e instalada en el realismo mágico— le hubieran colgado todas esas viejas mudas "fascistas" y tildado de reaccionario y antipatriota.

Tampoco hay que ser un experto de la Escuela de Chicago para ver que el tejido productivo español se ha ido ya por el desagüe. España será, según los vaticinios, y calculadora en mano, el país con peor comportamiento de crecimiento de toda la OCDE solo a la altura de economías marginales. Personalmente, me importaría una higa florecida si las macrocifras no conllevarán millones de empleos destruidos, esto es, desempleo, sufrimiento y desesperación justamente entre los más vulnerables entre nosotros. Y dice ese gran estadista llamado Pablo Echenique que hemos inaugurado una era de fin de austeridad y ¡viva Cartagena! La austeridad se habrá acabado para él y sus cuates, que nunca soñaron llenar sus cuentas corrientes a cambio de bien poco.

La austeridad se habrá acabado para él y sus cuates, que nunca soñaron llenar sus cuentas corrientes a cambio de bien poco

Ese tsunami nunca visto desde el fin de la Guerra Civil se puede radiografía cualquier mañana, tarde o noche en cualquier punto de España. Se puede levantar acta en los hoteles vacíos, en los restaurantes vacíos, en las fábricas semidesiertas, en los aviones con cuatro ocupantes, en los concesionarios cerrados… Pero Sánchez está preocupado en pasar por el arco de triunfo a los jueces —los fiscales ya están en posición genuflexa—, atemorizar a los editores, mientras su televisión, que pagamos todos, hace méritos diarios para llevarla a los tribunales europeos por intoxicación masiva.

Sánchez lleva ya —tras la moción de censura a Rajoy que aquel no supo combatir como un hombre— dos años y medio en el poder y, lejos de combatir la pobreza, esta se enrolla a sí misma en las colas de Cáritas.

"Me gustaría, dijo ufano, pasar a la Historia como el presidente que arregló la economía española…". Y se quedó tan ancho, porque el formidable desplome del país que se le entregó ya se deshilachaba entre los dedos antes de la pandemia.

Palo Alto
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