¿Es aplicable a España la derrota de Trump por el covid?

Trump llegó a la campaña electoral apelando a los buenos resultados económicos. Y con esos dígitos bajo el brazo se permitió hacer chacota de unos y otros

Foto: La espalda del presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)
La espalda del presidente de EEUU, Donald Trump. (Reuters)

Se pongan Donald Trump y sus cuates como quieran. El pueblo norteamericano le expulsa de la Casa Blanca por muchas razones, fundamentalmente por su desastre en la gestión del covid-19.

Es el primer caso, no será el último, que triunfa el bichito de Wuhan, nada menos con el hombre más poderoso de la tierra. Sus gracietas sin gracia acerca de la lejía para poner coto a la pandemia, sus excentricidades manifiestas, su populismo barato mucho más en boca de un multimillonario, sus asesores principales en la cárcel (Bannon/Stone) han permitido que un conspicuo representante de la clase política más corrupta de Washington se instale en la Oficina Ejecutiva.

Se veía venir. EEUU ha sido desde que estalló la epidemia una enorme y grandiosa morgue y su precario sistema de salud pública un desastre sin paliativos. Trump llegó a la campaña electoral apelando a los buenos resultados económicos de una nación —que lo es— donde lo sustancial es precisamente la economía. Y con esos dígitos bajo el brazo se permitió hacer chacota de unos y otros, arremeter contra la prensa que sectaria o no ponía blanco sobre rojo las contradicciones de un mandatario tan atípico con las mazorcas de Iowa.

Aquí la administración de la lucha contra el virus no es mejor que lo ocurrido en la primera potencia del orbe

Le ha batido —aunque consiga en el Tribunal Supremo lo que pretende— su prepotencia, su auto convencimiento de que puede desafiar a la realidad, el cuarteo de una sociedad multicultural hasta el punto de convertir a compatriotas en enemigos, sobre todo, su falla a la hora de poner coto a una pandemia a la que despreció.

Ni quiero, ni puedo comparar a Sánchez con Trump. Ni a España con Estados Unidos. Cierto es que aquí la administración de la lucha contra el virus no es mejor que lo ocurrido en la primera potencia del orbe. Cierto es el desprecio de Moncloa por todo aquel que no permanezca genuflexo a sus exigencias (en muchos casos pueriles, propias de un muchacho malcriado). Cierto es que ha dividido la sociedad española, que solo aspira como hace cuarenta años a la libertad, el pan y el destierro de la ira.

George Bernard Shaw (Premio Nobel de Literatura) dijo aquello tan descriptivo como esto: "Los políticos como los pañales deben ser cambiados con frecuencia…Ambos por la misma razón…".

Palo Alto