Blas agita el festín mediático

Si viviera Jesús Polanco, que comenzó vistiendo camisa azul y finalizó repartiendo carnets progresistas, tendría que justificar el declive de aquella formidable máquina que levantó

Foto: Blas Herrero. (I.C.)
Blas Herrero. (I.C.)

Dos han sido las noticias mediáticas que han agitado el circo de la cosa esta semana en España. Empecemos por lo bochornoso. ¡Cintora con dinero público! Ya tiene el simpático protegido de Iglesias —reconozco que me hace gracia— y desarraigado muchacho de Soria —¡qué malo es el resentimiento con caspa!—, el juguete del que le privó en su día Vasile/Berlusconi con cuya pasta empezó el rapaz a vestir como un 'young executive' de Wall Street. Le echaron no por Alierta, sino porque ahí mandaba un tal Monedero y porque le importaba un rábano las 'news' objetivas y objetivables; lo suyo era el adoctrinamiento 'Vorosilov style'. Ahora es el contribuyente el que apoquina. Los depauperados coleguillas sorianos, entre otros, los que abonan sus nada despreciables facturas y las de Contreras. Como cantara en su día Carlos Puebla —el ruiseñor de la revolución castrista— ya no guardan ni las formas en esa casa en la que lo que menos interesa es la noticia. Todo es negro en RTVE. Como será la cosa que el productor del programa con escándalo democrático se ha quitado rápidamente la capucha para sustanciar que él nada tiene que ver con los contenidos cuya responsabilidad es exclusiva del otrora tertuliano de 13TV y TeleCospe.

La segunda tiene más color y más sustancia. Blas Herrero —quizá el último gran empresario en activo dentro de una extraordinaria saga de emprendedores que todo lo han amasado con sus manos— ha hecho una oferta por Prisa Noticias —diario 'El País' y Cadena Ser— que, al parecer, tiene muchos visos de llevarse a cabo.

Como suele ocurrir en estos casos corren todo tipo de especímenes tabulados sobre quién impulsa una operación de alcance. Aunque esos medios ya no son lo que fueron ni se puede ni se debe restarles influencia entre un sector de la población que ha ido cumpliendo años y para los que todavía, a pesar de sus 'talibanadas', son medios de referencia.

No es Blas persona de brindis al sol. Sus orígenes humildes en Asturias, aunque leonés de nacimiento, lejos de ser un hándicap le han hecho valorar hechos, cifras y oportunidades en los que ha demostrado ser un lince ibérico. Cuando ha dado el paso —hace unos meses me avanzó la operación sin entrar en detalle— es que tiene amarrados los apoyos financieros y los parabienes sociales y políticos.

Si viviera Polanco, aquel Jesús del Gran Poder que comenzó vistiendo camisa azul y finalizó su pasear por la existencia repartiendo carnets progresistas, tendría irremisiblemente que justificar el devenir en declive de aquella formidable máquina que levantó no sin la aquiescencia del poder constituido durante más de veinte años. Con dos frases escuetas: el tiempo todo lo puede…y lo único que no se hereda es el talento.

Palo Alto
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