Deslealtades PSOE: "Dijo la sartén al cazo..."

¡Hombre, presidente! Deslealtad es haber quebrado la línea "jacobina" de 140 años del PSOE; deslealtad es convertir a Otegui en un hombre de paz principal en la "dirección del Estado"

Foto: El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. (EFE)
El presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández Vara. (EFE)

El acontecer político español hoy resulta tan agotador, por inútil y fatuo, que si el personal contribuyente no pasara tanto de lo poco que se conoce respecto a los tejemanejes, enjuagues y otras fechorías gubernamentales, convencido estoy que se armaría la de Dios es Cristo.

Hay determinados procederes que provocan la carcajada cuando no el "vómito", palabreja acuñada por los maltrechos y muy corajudos "barones" socialistas que han demostrado no tener cuajo suficiente para mirar sin pestañear los ojos de su inabarcable 'conducator'.

Dijo este en el reciente Comité Federal que aquellos que cuestiona su pacto con los herederos de ETA son unos "desleales"; afirmó también que no acepta las críticas que apuntan a que se ha entregado de pies atados y manos esclavizadas a la voluntad del otro gran jefe del Gobierno que, en muchísimas ocasiones, se conduce como el auténtico primer ministro. Habló el césar y los plebeyos enmudecieron... una vez más.

¡Hombre, presidente! Deslealtad es haber quebrado la línea "jacobina" de 140 años del PSOE; deslealtad —así lo entienden los familiares socialistas de dirigentes socialistas asesinados por la banda terrorista, desde los Múgica a los Carrasco, pasando por Pagaza— es convertir a Otegui en un hombre de paz que ahora será un principal en la "dirección del Estado".

Deslealtad —con los votantes socialistas— es hacer todo lo contrario de lo que se juró antes de las elecciones: dormir con el enemigo ancestral de los "mencheviques". Deslealtad con los principios democráticos más elementales es "okupar" todas y cada una de las instituciones del Estado y ponerlo al servicio exclusivo de la "banda" (Rivera 'dixit'). Deslealtad, en fin, es hipotecar el futuro de cinco generaciones cuando cada mes el déficit, por un lado, y la deuda, por otro, alcanza dígitos de país en la más sonora e inasumible bancarrota.

Fernández Vara, por ejemplo, se excusó —según dicen Moncloa— ante el aquelarre socialista por haber afirmado 24 horas antes que lo de Bildu no es otra cosa que un "fracaso colectivo" cuando lo que intentaba afirmar y no se atrevió es que tal error histórico le será recordado a Sánchez mientras viva y más allá de la muerte.
En sí mismo, el hecho de que el hoy jefe teórico del Gobierno hable de "deslealtades" produce 'descarallo' a gogó, hace brincar al sentido común y palidecer cualquier bonhomía que se precie.

Lo descriptible es que Sánchez ha vuelto a aplastar sus críticos internos; el atracón Bildu no puede salir gratis.

¡A por el siguiente quilombo!

Palo Alto
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