Palo Alto
Por
Sánchez en el zulo de Bildu
El blindaje de las calles de España adonde acude significan el pánico que el señor presidente tiene a oír el clamor de una calle desengañada
Hay cosas con las que hay que tener mucho cuidado cuando se vive por cuenta del contribuyente. No seré yo el que critique al presidente del Gobierno por haberse dejado fotografiar en el zulo heroico que tuvo 532 días donde fue torturado José Antonio Ortega Lara sin piedad hasta el punto de que el funcionario burgalés suplicaba a los terroristas que le mataran.
¡Qué ocasión perdida para tener un recuerdo hacia la víctima! Nada. A estas alturas de la película —tres años— ya sabemos que él está también en el zulo político en el que le tienen prisionero la muchachada de Bildu y sus colegas de ERC. Tengo para mí que la historia será cruel con Sánchez.
Su ausencia en el desfile de las Fuerzas Armadas, el blindaje de las calles de España adonde acude, significan el pánico que el señor presidente tiene a oír el clamor de una calle desengañada con un jefe de gobierno que prometió tantas cosas y todas ellas las ha convertido en "secreto de Estado". Alguno de los expertos constitucionalistas que le asesoran —aunque no les hace el menor caso— debería enseñar al jefe del Ejecutivo que existe la legitimidad de origen y después la legitimidad de ejercicio, que son cosas distintas.
Sobre todo, que alguien, por favor, le diga serenamente al presidente que las decisiones valientes siempre miran a los ojos del pueblo y en modo alguno se mimetizan con la huida. No es estético intentar permanentemente el pego, aunque tengas a tu favor la más formidable brunete mediática de la que jamás gozó ningún otro presidente en democracia.
Sánchez, que busca desesperadamente agotar la legislatura, no podrá hacerlo si se asusta cada vez que le dan dos gritos. La Moncloa se convertirá en otro zulo con piscina y cancha de baloncesto, pero al que llegará nítida la voz del pueblo, a pesar de todas las sordinas que se compren o alquilen con dinero que no es suyo.
Ocurrió aquí —final de Felipe; con Aznar, con ZP y con Rajoy— y ocurre en todas las potencias democráticas del mundo.
Hay cosas con las que hay que tener mucho cuidado cuando se vive por cuenta del contribuyente. No seré yo el que critique al presidente del Gobierno por haberse dejado fotografiar en el zulo heroico que tuvo 532 días donde fue torturado José Antonio Ortega Lara sin piedad hasta el punto de que el funcionario burgalés suplicaba a los terroristas que le mataran.