Marlaska
  1. España
  2. Palo Alto
Graciano Palomo

Palo Alto

Por

Marlaska

¿Por qué Sánchez ha preferido dejarle fuera de la escabechina masiva que acaba de perpetrar?

placeholder Foto: El ministro Fernando Grande-Marlaska. (Reuters)
El ministro Fernando Grande-Marlaska. (Reuters)

Una de las sorpresas generalizadas en los recientes cambios de ministros ha sido la permanencia del ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska.
A lo largo de mi ya larga carrera como informador y opinador jamás había visto un titular de Interior conducirse con tanta desfachatez como ineficacia al frente de un departamento cuya responsabilidad máxima es garantizar la seguridad y la libertad de los ciudadanos que pagan.

Marlaska (aunque en realidad es Marlasca), es el típico sujeto que a cambio de pudor ofrece obscenidad y adoración perpetua al jefe consciente de que es el amo de su amada poltrona. Enfrentado a los jueces y fiscales, repudiado por los cuerpos y fuerzas de seguridad, vapuleado en el Parlamento, sin respaldo de la opinión pública y publicada, el exjuez aparece como un mal remedo para liderar una cartera cuyos cometidos esenciales también se deciden en otro lugar bien distinto de Castellana 5.

Foto: Marlaska. (EFE)

¿Por qué Sánchez ha preferido dejarle fuera de la escabechina masiva que acaba de perpetrar? Es uno de los arcanos más perseguidos, sin que haya conclusión lógica alguna, que no pase porque es un buen vasallo a las órdenes de su veleidoso señor.

En este contexto, la duda entre los observadores es si el cesado Ábalos se atreverá a desvelar —en su inmenso cabreo por su defunción política— algunos de los secretos que conoce, entre ellos, el otro paseíllo de la gran Delcy y el trasiego de maletas de un lado para otro.

¿Acaso su permanencia en Interior tiene algo que ver con informes levantados por los Servicios del ministerio y que solo él y un reducido número de sus colaboradores conoce?

Fernando Grande-Marlaska