Ayuso-Sánchez, reyes en Cataluña
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Josep Martí Blanch

Pesca de arrastre

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Ayuso-Sánchez, reyes en Cataluña

El programa de gobierno de Ayuso sitúa a muchos catalanes, particularmente a los soberanistas de derechas, en el terreno de la disonancia cognitiva

placeholder Foto: Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez. (EFE)
Isabel Díaz Ayuso y Pedro Sánchez. (EFE)

Si en Madrid nieva, nieva en toda España. Y si lo que hay en Madrid son elecciones, pues exactamente lo mismo. Añadamos que en esta ocasión está plenamente justificado que así sea en la medida en que la Batalla de Madrid está planteada en unos términos que provocarán que las consecuencias políticas de sus resultados traspasen los límites administrativos de la comunidad.

Esto es así por varios motivos. El primero, la propia habilidad de Isabel Díaz Ayuso para convertir estos comicios en un plebiscito sobre el Gobierno de España y no sobre su propio Ejecutivo. Súmenle que Pablo Iglesias se despidió a la francesa del Consejo de Ministros para convertir estas mismas elecciones en un examen sobre él y su partido. Y que por último, también Pedro Sánchez ha sucumbido a la tentación de poner los pies en el barro, comportándose como si fuera él el candidato que debe pasar el examen y no Ángel Gabilondo. Así que tenemos delante algo más que unas elecciones autonómicas. Y eso explica que los 'periféricos' estemos obligados a empacharnos de una campaña en la que solo somos espectadores y en la que nadie va a pedirnos el voto.

En Cataluña, hace semanas que estas elecciones han colonizado buena parte de la agenda. A fin de cuentas, en estos momentos el espectáculo madrileño tiene mejor guion que el catalán, y eso es fundamental en tiempos en los que la política se entiende principalmente como espectáculo. La primera consecuencia en Cataluña de las elecciones madrileñas radica precisamente en haber quitado presión a las negociaciones para formar Gobierno en la Generalitat. Los focos tienen otro escenario que iluminar. No es exagerado apuntar que ERC y JxCAT deben un agradecimiento especial a la señora Isabel Díaz Ayuso, en la medida que les ha facilitado enormemente la posibilidad de seguir perdiendo el tiempo como vienen haciendo sin que la presión mediática se les torne insoportable. El público está mirando a otra parte y ellos pueden seguir jugando tranquilamente la partida de póquer interminable en la que han convertido sus negociaciones.

Las encuestas dan una clara victoria a Ayuso

Como quiera que Cataluña sigue sin Gobierno dos meses después de sus elecciones, lo que no se ha producido es la parálisis que temía ERC —que ya se imaginaba gobernando por estas fechas— de la mesa de negociación del conflicto territorial con el Gobierno español porque los comicios madrileños maniataran la capacidad de movimiento de Pedro Sánchez. Como de la parte soberanista no hay aún interlocutores, por una vez no puede echarse la culpa a otro. Lo que sí se ha visto afectada probablemente es la lentitud con que vienen tramitándose las peticiones de indulto a los líderes independentistas encarcelados.

Sí se da por hecho en Cataluña que unos malos resultados del PSOE en Madrid debilitarán a Pedro Sánchez y que esto, sumado al progresivo distanciamiento entre los dos socios del Gobierno de España y la más que probable inauguración de un larguísimo periodo de precampaña que ha de llevarnos a las futuras elecciones generales, convierte en una quimera la posibilidad de que haya avances dignos de tal nombre durante esta legislatura entre los gobiernos de España y Cataluña sobre el conflicto territorial. Y esta hipótesis juega en el largo plazo más a favor del puigdemontismo que no del soberanismo pragmático en que anda instalada ERC en estos momentos.

Pero más allá de las hipotéticas negociaciones, la preocupación por el resultado madrileño alcanza entre el soberanismo muchas otras cuestiones. En materia fiscal, la consolidación del proyecto Ayuso obligaría al nacionalismo catalán a seguir insistiendo en la necesaria armonización fiscal de las comunidades. Es decir, desde donde pretendidamente se quiere construir una república independiente se seguiría exigiendo al Gobierno de España que acabe con el margen del que disponen las autonomías en materia fiscal. Toda una contradicción imposible de explicar para un soberanista sin ponerse colorado.

Foto: Pedro Sánchez e Isabel Díaz Ayuso. (EFE) Opinión

Sin posibilidad de avances en la negociación bilateral con Pedro Sánchez, quizás acabemos en el futuro observando la potenciación de una estrategia consistente en diluir el protagonismo de Cataluña en un frente común levantino, junto a la Comunidad Valenciana y la balear, para tratar materias como el nuevo sistema de financiación o la presión sobre inversiones en infraestructuras clave para que las exigencias resulten más digeribles para Pedro Sánchez. Cataluña podría deslizarse progresivamente del eje soberanista al eje ideológico clásico de derecha e izquierda y actuar coordinadamente con estas comunidades. Cuestión esta que molesta particularmente a JxCAT, en la medida que apuntala posiciones federalizantes en detrimento de las netamente independentistas. Un frente territorial más amplio para intentar aislar la capacidad política de Madrid.

También es interesante observar cómo la sobreinformación de la campaña madrileña, a la que ha de sumarse la gestión de la pandemia que ha venido desarrollando hasta ahora el Gobierno Ayuso, ha servido para que una parte de los catalanes —de un modo transversal, incluyendo soberanistas— redescubra que siguen existiendo programas de actuación política muy diferentes a los que en Cataluña son hegemónicos, por no decir únicos. Esto es así particularmente en política económica y fiscal, pero ampliable a las demás materias.

La partida madrileña tiene y tendrá consecuencias en toda España. Muy particularmente en Cataluña

El programa de gobierno de Ayuso —más allá de las formas y el estilo de la candidata— sitúa a muchos catalanes, particularmente a los soberanistas de derechas, en el terreno de la disonancia cognitiva. Jamás votarían al PP, pero ven con preocupación que en Cataluña solo se hable de impuestos para subirlos o que la extrema izquierda tenga la llave de la gobernabilidad de la Generalitat. En ese sentido, no son pocos los que envidian en estos momentos a Madrid. Naturalmente, hay una forma práctica de solventar esa disonancia. Consiste en convencerse —y la mayoría lo consigue fácilmente— de que en realidad el Gobierno madrileño puede gravar impositivamente a la baja a sus ciudadanos porque los demás le pagan la factura a través de las ventajas de las que goza como capital.

La partida madrileña tiene y tendrá consecuencias en toda España. Muy particularmente en Cataluña, donde sigue dormitando la cuestión independentista con un 52% de los votos favorables a la secesión en las últimas elecciones. Así que no es extraño que, junto a Rociito y la Superliga, la batalla Ayuso-Sánchez se haya convertido en la reina de las audiencias.

Si en Madrid nieva, nieva en toda España. Y si lo que hay en Madrid son elecciones, pues exactamente lo mismo. Añadamos que en esta ocasión está plenamente justificado que así sea en la medida en que la Batalla de Madrid está planteada en unos términos que provocarán que las consecuencias políticas de sus resultados traspasen los límites administrativos de la comunidad.

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