El problema con los funcionarios del Ayuntamiento revela el ocaso de Podemos
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Esteban Hernández

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El problema con los funcionarios del Ayuntamiento revela el ocaso de Podemos

La distancia tensa entre los trabajadores municipales y los gestores madrileños es un buen ejemplo de por qué los de Iglesias han dejado de ser un partido relevante

Foto: Rita Maestre, en una comparecencia con Manuela Carmena y varios concejales de Ahora Madrid. (Efe/Sandra Jabalera)
Rita Maestre, en una comparecencia con Manuela Carmena y varios concejales de Ahora Madrid. (Efe/Sandra Jabalera)

Es un problema típico a la hora de transformar las organizaciones. Cuando el equipo directivo entrante pretende aportar nuevas dinámicas y nuevas direcciones a una firma, ha de lidiar con una estructura heredada y no siempre proclive al cambio. Alinear a los empleados con sus propósitos es una tarea esencial de los gestores, y la eficacia de su dirección se medirá en gran medida por utilizar adecuadamente sus habilidades para generar unión.

El equipo de Ahora Madrid se encontró con el mismo problema cuando tomó posesión de sus cargos en el consistorio. Traían nuevas ideas, querían hacer las cosas de un modo diferente y pretendían cambiar la forma de relación con los ciudadanos, pero se encontraron con el factor humano: debían explicar los nuevos objetivos a los funcionarios y convencerles de su importancia.

El equipo municipal comenzó a ver a los funcionarios como un problema más que como una ayuda: eran parte de la burocracia y no mediadores necesarios

Según cuentan trabajadores del consistorio, la relación cordial duró pocas semanas, y eso que muchos funcionarios veían con buenos ojos la llegada de los nuevos gestores. El desencuentro no fue producto de planteamientos ideológicos, sino de algo más revelador: el equipo entrante no sólo pretendía hacer cosas nuevas, sino que quería hacerlas deprisa, y los funcionarios del Ayuntamiento, acostumbrados a la burocracia, sabían que tal apresuramiento no era posible. Leyes y reglamentos marcan una serie de trámites y de procedimientos que los profesionales conocen y que retrasan la toma y ejecución de las decisiones, pero que son imprescindibles para que estas sean ajustadas a derecho.

Error de manual

El desacoplamiento inicial no fue solucionado. Hubo buenas palabras, reuniones y acercamientos, pero el equipo municipal comenzó a ver a los funcionarios como un problema más que como una ayuda: eran percibidos como parte de esa burocracia que tanto odiaban, y no como los mediadores necesarios entre sus intenciones y la realidad. Buena parte de los funcionarios comenzaron a sentirse minusvalorados y la distancia se hizo insalvable. Ese error de manual en la gestión es significativo porque no sólo nos habla de la diferencia entre el mundo activista y el real, sino que revela la principal debilidad de Podemos, una formación que tenía todo para haberse convertido en el primer o segundo partido español, y ahora es la tercera gracias a sus 'joint ventures' con el nacionalismo periférico.

Han perdido voto por varias razones, pero sobre todo por leer mal la sociedad y por no saber gestionar todo lo que habían conseguido

Los de Iglesias hicieron lo más difícil, pasar de la invisibilidad a primera línea. Acertaron en canalizar el descontento social, en identificar problemas evidentísimos pero de los que nadie hablaba en serio, como la corrupción y el deterioro institucional, y en movilizar a través de un nuevo instrumento, los círculos, a una población que llevaba tiempo sin activarse. Su acción fue un éxito, y les llevó a una posición preeminente en los medios y en las encuestas. Y puede que los resultados de estas fuesen exagerados, pero sí reflejaban algo incuestionable: estaban en una situación idónea para seguir creciendo.

En los buenos tiempos

No ha sido así por muchas razones, pero la principal no han sido ni los ataques de los medios ni las obvias dificultades que han tenido que ir soslayando, sino una mala lectura de la sociedad en la que viven (han preferido hacer política para los activistas antes que para el resto de la sociedad) y, sobre todo, su incapacidad para gestionar lo que tenían, que es, en esencia, el mismo que han sufrido en el Ayuntamiento de Madrid.

Las prisas por imponer sus ideas y las formas en que se han expresado es lo que ha hecho que sus simpatizantes dejen de serlo

En los buenos tiempos, hubo mucha gente que se acercó a los círculos; muchos técnicos, personas de la academia y actores políticos de segunda fila se arrimaron a la nueva formación, y hubo personas con renombre que simpatizaron con ellos. En los tres niveles fueron expulsando de su lado a aquellos con los que podían haberse aliado. Los círculos fueron convirtiéndose en irrelevantes, una forma como cualquier otra de pasar el tiempo; en el estrato intermedio prefirieron convertir a sus activistas en técnicos antes que contar con profesionales, y en la cúpula no entró nadie que no formara parte antes del grupo. Podemos eran unos cuantos líderes y un montón de becarios, como si fuera una empresa contemporánea, y algunos de los líderes terminaron saliendo (como Monedero) o perdiendo relevancia (como Errejón).

Tenemos la fórmula del éxito

Dicho de otro modo, no sólo no supieron crecer ganándose a gente afín, sino que adoptaron una perspectiva unidireccional que alejó a sus simpatizantes. Es como si pensaran: tenemos la fórmula del éxito y todos los demás os tenéis que adaptar. En bastantes casos, eso es lo que ha pasado en el Ayuntamiento: las prisas por imponer sus ideas y las formas en que se han expresado es lo que ha hecho que los suyos dejen de serlo.

Veo a Podemos acabado como partido de mayorías. Pueden ser una IU fuerte, que es la opción por la que están optando, pero no mucho más

Ahora se encuentran con escasos aliados, con bases poco movilizadas y en una situación de asedio mediático que se ha intensificado con sus crisis internas. Y cuando las cosas se han puesto feas, en lugar de entender que algo estaba fallando en su lectura de la realidad y en su actitud, han tomado dos resoluciones: cerrar filas y replegarse en el núcleo ideológico. El resultado es un giro hacia términos cada vez más activistas, justo esos que la sociedad entiende peor. El abandono de la tesis de la transversalidad por la del ciclo largo en realidad no es otra cosa que la vuelta al discurso de Lavapiés, vestido con la retórica de la ilusión y la pasión.

La vida da muchas vueltas, y lo que hoy es blanco mañana es verde en el suelo político, pero veo a Podemos acabado como formación de mayorías. Pueden ser una IU fuerte, que es la opción por la que están optando, pero hoy carecen del discurso y de la base social propia que les resultaría precisa para empresas mayores. De modo que quizá deberían dejar de meterse con Rivera, fijarse en la derecha que está teniendo éxito y analizar por qué no han sabido ganarse a los votantes de clase media pobre y obrera que tan cerca de ellos estaban.

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