Hay un nuevo eje electoral en el mundo. Y hará que el PP gobierne

En casi todo Occidente está ocurriendo lo mismo. La aparición de nuevos actores ha conducido hacia una línea divisoria que ya no tiene que ver con la derecha y la izquierda

Foto: Pablo Casado apuesta por un pacto de PP y C's. (Efe/Ángel Díaz)
Pablo Casado apuesta por un pacto de PP y C's. (Efe/Ángel Díaz)

La política contemporánea circula alrededor de un nuevo eje, que no es derecha o izquierda ni tampoco lo viejo y lo emergente, y que se ha manifestado de forma palpable en la política estadounidense: en las primarias demócratas hay un actor que podríamos llamar sistémico, Hillary Clinton, y otro extrasistémico, como Bernie Sanders, a quienes los poderes económicos y buena parte de la prensa han definido como un peligro para el 'establishment'. Igual ha ocurrido en las republicanas, donde el candidato preferido por la derecha establecida, Marco Rubio, desapareció rápido del terreno de juego, fagocitado por el ímpetu de la figura preferida por los 'rednecks' y la clase obrera estadounidense, Donald Trump. Y cuando finalicen las primarias, el esquema resultante será el mismo, con Clinton como punto de estabilidad y el millonario como actor de ruptura.

Esta división entre formaciones sistémicas y extrasistémicas, entre los candidatos continuistas y los rupturistas, no es algo exclusivo de EEUU, sino una constante de la política occidental. Ha ocurrido en varios países de Europa del Este, está pasando en Francia, donde Le Pen ejerce como fuerza principal, en el Reino Unido, con el Ukip y con un Corbyn que ha girado hacia la izquierda, en Italia con el partido de Beppe Grillo, con Syriza en Grecia y con Podemos en España. Los nuevos actores han triunfado cuando se han convertido en fuerzas rupturistas, transversales, ya partan desde la izquierda o desde la derecha.

La pelea electoral entre quienes optan por la estabilidad y quienes aspiran a la transformación se ha solventado del lado de los primeros

En todos esos casos, el resultado ha sido el mismo (hasta ahora): el partido que representa al sistema gana. La excepción fue Grecia, con las consecuencias que pudimos presenciar. El eje puede expresarse de distintos modos, la estabilidad contra el cambio, la continuidad contra la ruptura, sistémicos contra populistas, o nosotros o el caos, según el grado de intensidad que se aplique en el discurso, pero su capacidad vertebradora es evidente. Y, hasta la fecha, también lo ha sido su desenlace: la pugna en el suelo público entre quienes pretenden seguir por los caminos que hemos transitado hasta ahora y quienes pretenden encontrar nuevos senderos se solventa del lado de los primeros.

El eje sistémico

Por eso creo, ahora como hace meses, que el PP terminará gobernando. Es cierto que nuestra situación incluye algunas particularidades respecto de otros países que la hacen más compleja, pero hay poco espacio para un final distinto. Al margen de la importante presencia de los nacionalismos periféricos, lo que nos distingue es un panorama híbrido que beneficia a los populares y perjudica al PSOE.

La jugada será convertir al PSOE, por sus compañías, en un actor extrasistémico tan peligroso como Podemos. Tenderán a equipararlos en sus análisis

El eje sistémico está representado por tres partidos, PP, C's y PSOE, que se disputan ese tipo de voto. Uno de ellos es viejo y está desgastado, pero sigue siendo la primera fuerza. El segundo es nuevo y tiene la regeneración como primer objetivo declarado, pero sus cambios se dirigen a apuntalar lo que existe, no a transformarlo. Y el tercero, el PSOE, tenía que elegir entre la opción británica, girar a la izquierda y utilizar un discurso más abierto, o apostar por la continuidad, y las negociaciones para establecer un nuevo gobierno han dejado claro cuál ha sido su opción: pactó con C's y no quiso hacerlo con Podemos. Del otro lado, el eje extrasistémico tiene un partido como referente, el de Iglesias, y uno añadido, IU, que ha apostado por posicionarse un paso más a la izquierda que Podemos. Ambos, por lógica electoral y para no hacerse la competencia en espacios similares, deberían concurrir juntos a los comicios.

Las claves del discurso

El problema para los socialistas es que la única posibilidad que tienen de llegar al gobierno, si persiste su negativa para la gran coalición, sería a través de una alianza con los de Iglesias, y eso es munición extra para los populares, que aprovecharán la ocasión para debilitar discursiva y materialmente a su principal rival. La jugada será convertir al PSOE, por sus compañías, en un actor extrasistémico tan peligroso como Podemos, equiparándolos en sus análisis.

Nos dirán que estos tiempos son difíciles, pero que los sacrificios de hoy darán réditos mañana

Esto quiere decir, en esencia, que el partido que gane, y los populares tienen todas las trazas, presentará su acción futura como un montón de medidas necesarias para conservar nuestro nivel de vida, nuestra seguridad, nuestras libertades y nuestro Estado de bienestar. Insistirá en que son necesarias más reformas, que habrá que profundizar en ellas, no para transformar la sociedad, sino para corregir las disfunciones, en particular las que otros nos han metido. Pondrá sobre la mesa la idea de que el mundo actual está sometido a poderosas amenazas, especialmente en lo económico, que solo se pueden conjurar realizando las transformaciones precisas para adaptarnos a lo que viene. Términos como estabilidad, rigor presupuestario, seguridad o responsabilidad serán comunes en su discurso, como lo serán las invocaciones a no realizar experimentos. Nos hablarán de que estos tiempos son difíciles, pero que los sacrificios de hoy tendrán réditos mañana.

Ansia de poder

Enfrente tendrán a Podemos, a los que describirán como parte de esa mentalidad que nos ha llevado a los problemas en los que estamos inmersos, y como un peligro muy serio para el país si llegan al poder, y al PSOE, a los que igualarán en cuanto amenaza, o que priorizarán, según como vayan las encuestas, señalando que el verdadero peligro no son los de Iglesias, que se comportan conforme a su naturaleza, sino quienes no hacen frente a esos riesgos con la sensatez y la firmeza que cabría esperar. En definitiva, que el ansia de poder del PSOE, su ambición desmedida y su negativa a aceptar los resultados de las elecciones anteriores son las causantes últimas de que se repitan los comicios. Y yendo un paso más allá, que lo único que quieren son los sillones y que son capaces de hacer cualquier cosa para obtenerlos, incluso sacrificar España.

Ese es el marco discursivo en el que nos moveremos, el que marcará el PP, y que las diferentes formaciones tratarán de combatir, probablemente sin el grado de éxito que les es preciso para sacar a los de Rajoy de la Moncloa.

Su destino es apoyar un futuro Gobierno, gane quien gane, y tratar de seguir vivos después en lugar de convertirse en un partido minoritario estilo UPyD

Algunas circunstancias ayudarán a los populares, como la deriva de Podemos, que ha decidido convertirse en una fuerza puramente de izquierdas, su deterioro, su alianza probable con IU y su dependencia de las confluencias, lo que les permitirá de paso arrastrar a los socialistas a ese terreno extrasistémico que tanto han intentado evitar. Mientras, C's tratará de jugar la baza proestabilidad que les ha distinguido, operando en sus márgenes para convencer a exvotantes del PP o incluso del PSOE para que confíen en ellos. Su destino es apoyar un futuro Gobierno, gane quien gane, y tratar de seguir vivos después en lugar de convertirse en un partido minoritario estilo UPyD. Pero su ganancia de votos depende de lo que resten a las otras dos formaciones sistémicas, y no es una tarea sencilla.

Pero, más allá de las circunstancias concretas, la política contemporánea se ha dividido alrededor de una nueva línea, o mejor, de una nueva expresión de la que ha estado definiéndola durante décadas: la continuidad o el cambio tienen otro rostro hoy, porque el primero queda encarnado en un partido que defiende el sistema y el segundo en otro que pretende, sin salirse de él, transformaciones sustanciales. Eso obliga a otro tipo de acción electoral y a otro tipo de discursos. No es el caso en España, donde todavía esto no se ha entendido del todo, ni por una parte ni por otra.

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