Los traidores a Pablo Iglesias y la desintegración de la izquierda
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Esteban Hernández

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Los traidores a Pablo Iglesias y la desintegración de la izquierda

El caso Espinar está provocando una marejada excesiva en Podemos, lo que no deja de ser una señal de la debilidad con que la izquierda está afrontando los nuevos tiempos

Foto: Espinar, el síntoma de que algo no funciona. (EFE)
Espinar, el síntoma de que algo no funciona. (EFE)

La vida de Mariano Rajoy va a ser menos agitada de lo que parece en los próximos meses: por más que deba negociar, tiene a dos partidos lo suficientemente sometidos por las circunstancias (europeas y españolas) como para no crearle demasiados problemas, y la formación que podría plantearle dificultades más serias en el Parlamento no cuenta con la fuerza social suficiente.

Desde el otro lado, la vida se ve peor. Especialmente desde los partidos de izquierda, que deben enfrentarse a problemas urgentes e importantes. Los primeros tienen que ver con su debilidad interna; los segundos, con su posición social.

Golpe en la línea de flotación

El caso Espinar es un buen ejemplo de cómo lo coyuntural fagocita el futuro. Se trata de un asunto en apariencia menor, una compraventa legal, pero que daña el discurso que utiliza el aspirante pablista a liderar Madrid y le deja en mal lugar. El momento de aparición de la noticia, la víspera de las primarias madrileñas, sí supone un golpe en la línea de flotación. Desde luego, porque los pablistas habían perdido el primer 'round', el de la votación de los documentos que dirigirían las políticas, pero sobre todo por la atmósfera que está desatando entre los morados.

La versión áspera, el mensaje que están transmitiendo muy a menudo, es que votar a Rita Maestre (es decir, a los errejonistas) es optar por la candidata de Prisa

En primera instancia, la noticia no tiene por qué producir un efecto negativo para Espinar. De hecho, puede estar generando el efecto contrario. Desde el sector oficialista, han respondido señalando insistentemente que Prisa ha entrado de lleno en las elecciones de Podemos, como hizo en las del PSOE, y que está tratando de condicionarlas. La versión suave es 'El País' ataca a Pablo Iglesias. La versión áspera, el mensaje que están transmitiendo demasiado a menudo, es que votar a Rita Maestre (es decir, a los errejonistas) es optar por la candidata de Prisa. Puede que sea un mensaje burdo, pero a estas alturas no debemos despreciar la eficacia de estas banalidades, con lo que tampoco sería extraño que lo que se inició como un ataque se convierta en un refuerzo.

Los soplones

Lo peor no es esta maniobra, sino las consecuencias que está provocando. Que reaccionasen protegiendo a Espinar era previsible, pero no tanto que aprovechasen el momento para hacer campaña contra los errejonistas. Ese es un golpe bajo, empeorado porque su afán ahora es buscar quién de los de dentro ha filtrado la información a Prisa.

Si gana Maestre, ahondará en la fractura interna al reforzar al grupo contrario a Iglesias; y si gana Espinar, tendrán un líder marcado al que atacar

Es cierto que esos ataques con la prensa por medio son habituales en las primarias de los partidos, y también lo es que constituyen la señal inequívoca de divisiones profundas. Pero el hecho de que se hayan puesto a buscar soplones entre ellos es aún más preocupante. Buscar traidores entre tus filas subraya sobre todo que el partido está enfermo.

Ahora, sea cual sea el resultado, Podemos saldrá debilitado respecto de sus adversarios. Si gana Rita Maestre, ahondará en la fractura interna, reforzando al grupo contrario a Iglesias; y si gana Espinar, tendrán un líder marcado al que atacar. Y, sobre todo, contarán con un ambiente interno excesivamente tenso.

Y eso por no hablar de la celebración de primarias en el PSOE, algo que probablemente no llegará a ocurrir

Peor aún está el PSOE, con un Pedro Sánchez que ha jugado lamentablemente sus cartas, no atreviéndose a decir no a Rajoy en el Parlamento, y esperando una oportunidad, vía convocatoria de congreso del partido, que tardará en llegar. Y eso por no hablar de la celebración de primarias, algo que probablemente nunca llegue a ocurrir. Los socialistas son un partido profundamente dividido, en decadencia, y con la necesidad de apoyar a Rajoy en lo importante para que no les convoque elecciones. La verdad, no tiene muy buena pinta.

Los supervivientes

Después de lo urgente viene lo importante, ese asunto de fondo relacionado con la forma de llegar a la gente, con la fuerza que pueden movilizar, con el número de personas que pueden congregar a su alrededor. Y quitando los clientelismos, que son evidentes en algunos casos, los fieles y los que siguen su tradición, el panorama se dibuja bastante oscuro para la izquierda. Nos hemos adentrado en una nueva fase del capitalismo que le está dejando poco espacio. Allí donde los viejos partidos socialdemócratas han sobrevivido, como en la Italia de Renzi o en los EEUU de Hillary Clinton, lo han hecho asemejándose tanto en sus políticas a sus rivales tradicionales que ambos han terminado compitiendo por el mismo espacio. La socialdemocracia de los años setenta ha desaparecido del mapa político como oferta política, y la tecnocracia ha tomado su lugar.

Este nuevo entorno está pillando a la izquierda con el pie cambiado, sin apenas recursos discursivos, y en el caso de España, pensando todavía en la Transición

El resto de la izquierda, con la obvia excepción de Podemos, tampoco está en su mejor momento, desplazada hacia los márgenes y compitiendo en desventaja con los populismos de derechas. Como no podía ser de otra manera, Syriza ha perdido apoyo popular (según los resultados de las últimas encuestas, tienen casi 100 diputados menos desde las últimas generales, también como efecto del particular sistema electoral griego), en Francia se los ha comido Le Pen, y en el único entorno en el que tienen peso, el Reino Unido, tienen como competidores al Ukip, pero también a los suyos: parte de los laboristas iniciaron una guerra contra Corbyn que han perdido momentáneamente.

El trabajo

Este es el escenario (formaciones de izquierda sometidas a tensiones internas crecientes y que ocupan un lugar secundario en la política contemporánea) desde el que deben afrontar retos internos y externos muy relevantes. Ya hemos hablado de las transformaciones en el mundo laboral que están desarrollándose, y de cómo se espera que sean mucho más intensas, producto de la sistematización de las tareas, de los algoritmos y de los robots. Este nuevo entorno está pillando a la izquierda con el pie cambiado, sin apenas recursos discursivos, y en el caso de España, pensando todavía en la Transición: unos en lo bien que lo hicieron, otros en acabar con ella.

El problema de fondo es que la izquierda no está corriendo a la misma velocidad que lo hacen los tiempos. Mientras el capitalismo avanza reforma tras reforma hacia nuevos horizontes, la izquierda trata de proponer alternativas a un sistema que ya no existe, el del capitalismo de hace tres décadas. Esta es su gran tarea, la importante, pero es obvio que no podrán acometerla si siguen enredados en buscar traidores, perseguir a los de dentro y echarse la culpa unos a otros de los fracasos. Su reto es intelectual, de comprensión de la sociedad y de conseguir que sus propuestas vayan a la misma velocidad a la que el capitalismo muta. La 'pasokización' no es una amenaza para los socialistas, sino para la izquierda en general.

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