La técnica de las 'ventanas rotas' o cómo sacar a Sánchez del poder

La manifestación del próximo domingo supone un paso más en el camino de unas derechas decididas a llegar al Gobierno. Pero esto forma parte de un triple y peligroso repliegue

Foto: Casado y Rivera, conversando en los premios Princesa de Asturias. (EFE)
Casado y Rivera, conversando en los premios Princesa de Asturias. (EFE)

Parece que nuestros políticos han decidido jugar la partida únicamente en lo simbólico. El último gran escándalo, que ha servido para que Casado insulte 21 veces seguidas en pocos minutos al presidente del Gobierno, ha sido la propuesta de incluir un relator en las conversaciones con fuerzas políticas catalanas. Esta medida puede considerarse como un instrumento útil para el diálogo, como un desgaste estéril, como señaló Zarzalejos, o como la prueba de la traición, la felonía y el caos, como enfatizó Casado, pero no deja de ser un elemento simbólico. Como máximo, permite que presupongamos que el Gobierno ha hecho una cesión, y que por lo tanto habrá más, pero no deja de ser una anticipación respecto de lo desconocido. Centrarse en los signos en lugar de en los hechos es muy de estos tiempos, pero si nos fijásemos únicamente en los segundos, nuestra lectura sería muy distinta. Veamos algunos de los hechos.

El giro de la derecha

Este es un momento crucial para la política española y no lo podemos olvidar. No se trata de la pugna entre un partido que pretende permanecer en el Gobierno y unos aspirantes que están peleando duro por ocupar su posición. Tiene mucho más que ver con un giro sustancial en el entorno político, que se ha vivido ya en Europa y que acaba de llegar a España, que está relacionado con una nueva estructura social de ganadores y perdedores, y con cambios geopolíticos que tendrán consecuencias en nuestras democracias. De entre las posibilidades existentes para lograr más cohesión, nuestro sistema está girando hacia formas más autoritarias, menos respetuosas de las instituciones, menos dadas a los acuerdos y mucho más a las órdenes. En ese marco internacional, PP y Vox tienen claro su lugar, y Ciudadanos no tanto.

Fuera Sánchez

En segunda instancia, todo este ruido, que será amplificado por la manifestación del domingo, tiene mucho de golpe estratégico: en un momento electoral en que las derechas se perciben electoralmente fuertes, han decidido presionar a un Gobierno precario al que sus socios están dejando caer, ya sea porque le niegan su apoyo para los Presupuestos, ya porque están en un momento tremendamente frágil, como Podemos. El objetivo último no es la defensa de España ni que la posibilidad de abortar desaparezca de las leyes patrias ni nada por estilo. No va de la unidad nacional, ni de Cataluña ni del relator, sino de cómo sacar de la Moncloa a Sánchez.

La derecha ha desplazado interesadamente la línea que separa lo admisible de lo disparatado, lo arriesgado o lo rastrero

Cualquiera que haya estudiado los mecanismos que han utilizado las derechas para imponerse en el ámbito electoral y en el discurso social desde los años setenta, desde los tiempos de Thatcher y Reagan, encontrará que la sobreactuación presente (“La agenda que estamos viendo en Cataluña es la agenda de ETA”) no es otra cosa que una actualización de los viejos métodos canalizada por nuevas vías de distribución.

Las 'ventanas rotas'

La primera técnica, y la más habitual, consiste en lo que podría llamarse 'la construcción de lo intolerable', un simple desplazamiento que estrecha la línea que separa lo admisible de lo disparatado, arriesgado, rastrero o felón. El mecanismo es sencillo y tiene mucho que ver con aquello que se dio en llamar política de las 'ventanas rotas'. La idea inicial era que si se rompía un cristal de un edificio y no se reparaba pronto, los vándalos, al observar la ausencia de consecuencias, romperían más cristales, después lo ocuparían y en última instancia lo quemarían. Sustituir lo dañado de forma rápida era indispensable para no incitar a más acciones violentas. Esa teoría fue recogida por diversos gobernantes de Nueva York, entre ellos Rudy Giuliani, que entendió, desde esas premisas, que la tolerancia cero era indispensable para prevenir los delitos. Si no se tenía mano dura con las pequeñas vulneraciones, se estaba incitando a cometer grandes crímenes. De manera que se centró en la mano dura con los pequeños delitos y en realizar más arrestos y más rápidos: esa era la forma de contener acciones mucho peores.

La derecha se especializó en responsabilizar a sus adversarios electorales de los problemas graves

Las derechas, como se vio con los 'neocon', y con Aznar aquí, así como en la época de oposición contra Zapatero y en buena parte de la legislatura de Rajoy, se especializaron en responsabilizar a sus oponentes electorales de los más graves problemas a través de pequeños hechos. Cualquier cristal roto es descrito como un incendio en el edificio. Si se abogaba por el diálogo con los nacionalistas, se era un amigo de los etarras que iba a romper España; si se sugerían cambios en las políticas económicas, el mundo se iría al garete y esto se convertiría en Cuba; si se apostaba por el matrimonio homosexual, la sociedad se quebraría, o tantas otras cosas que Aznar aportó a España como principal baza comunicativa. Casado es hijo putativo suyo, y ahora que las posturas irredentas están de moda, las utiliza con más vehemencia y violencia, porque cumplen dos funciones al mismo tiempo: puede hacer lo que el cuerpo le pide y además asegurar que así tendrá éxito.

Extremos relacionados

En otras palabras, con estas técnicas se construye lo intolerable, de modo que un cristal roto pasa a ser un crimen contra la humanidad, y los opositores se convierten en radicales, insensatos o ignorantes, o todo a la vez: seguro que nos llevarán a la catástrofe. A veces les funciona, otras no, pero es su marco preferido. La esencia de este camino es tanto deslegitimar a sus rivales como asentar una imagen positiva propia. Ambos extremos están relacionados, y cuanto peor son percibidos sus adversarios, más asentados quedan ellos y menos explicaciones deben ofrecer sobre sí mismos.

La segunda técnica consiste en profundizar en las contradicciones de sus adversarios. En esa tarea suelen ayudar los descontentos de las filas rivales, y ahora los barones del PSOE han venido a echar una mano. Quien mejor refleja esta postura es ese amigo del pueblo apellidado Guerra: que ahora mencione al relator como un gran error quien negoció con ETA a través de mediadores no deja de tener su ironía.

Quienes avivaron el fuego acusan de traidores a quienes están intentando apagarlo. Y no le ha ocurrido solo a Sánchez, le pasó lo mismo a Rajoy

Pero es normal que unos y otros coincidan en sus ataques porque, y esta es la tercera técnica, la derecha suele responsabilizar a los demás de los males que ellos mismos causan. Esto, que es muy evidente en la economía, ha ocurrido repetidamente en el tema territorial: González y Aznar dieron a las burguesías nacionalistas locales lo que les pidieron para que no les molestasen, incluido el hacer la vista gorda. Después llegó el segundo Aznar, el que renació en su amistad con Bush Jr., y desde entonces el independentismo no ha dejado de crecer. Y esa misma gente acusa a quienes vienen a apagar los fuegos que crearon, de felones y traidores. De esto también sabe algo Rajoy, que fue objeto de ataques incesantes desde su partido cuando estaba intentando lidiar con todos los problemas de corrupción que venían arrastrados de la era Aznar.

La variante española

Sin embargo, este tipo de técnicas también tiene una lectura en clave específicamente nacional: los viejos partidos no están aceptando los nuevos tiempos. Rajoy y los suyos tuvieron que salir expulsados por los hijos de Aznar, que no veían bien que Mariano tomase otros rumbos, y especialmente que no siguiera el camino que quería el líder máximo. Y al PSOE le ocurre igual, con la vieja guardia intentando expulsar al okupa de Moncloa y de Ferraz, únicamente porque ha decidido seguir un camino distinto. Todo esto supone una suerte de regreso al pasado, de resistencia al cambio y de falta de asunción de su papel por parte de las viejas fuerzas que es altamente preocupante para la política nacional.

No olvidemos que la derecha ha incumplido sus promesas tanto o más que la izquierda cuando ha gobernado, empezando por la de bajar impuestos

Y lo es más en la medida en que el conjunto de estas actitudes conduce hacia un escenario peligroso. El terreno de debate público se convierte en un sucedáneo de las prácticas de las redes, de forma que triunfan los pajilleros de la indignación y todo queda sepultado entre la indignación y el ruido. Podríamos discutir seriamente acerca de las consecuencias sociales que se producen, y señalar que las instituciones se debilitan, que todo se convierte en un mar de noticias falsas, que se acaba con la confianza en el sistema y demás. Pero esto es bien conocido por una parte y por otra, y a pesar de ello siguen adelante. Todo sabemos que esto no es más que una pelea de poder, y que una vez que lo hayan conseguido, nada de lo prometido. ¿Va a prohibir el aborto Casado? ¿Va a solucionar el problema catalán con un 155 duro? ¿Va a hacer qué Rivera? No olvidemos que la derecha ha incumplido sus promesas tanto o más que la izquierda cuando ha gobernado, empezando por la de bajar impuestos.

En fin, que estamos asistiendo a un repliegue triple: el de las viejas élites de los partidos del pasado que quieren recuperar el mando, el de una España que trata de regresar a tiempos pretéritos y el de una Europa cada vez más en manos de las ideas de Bannon y Trump. Algo tiene que cambiar pronto en la política nacional para evitar problemas serios.

Postpolítica
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
50 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios