El gran ejemplo del socialismo vasco

La Euskadi de hoy es, en parte importante, el resultado de un esfuerzo de muchos que culminó en un proceso de paz definitiva que no se entiende sin la conducción del PSE

Foto: Pedro Sánchez, con la candidata socialista a lendakari, Idoia Mendia, durante un acto de campaña en Vitoria. (EFE)
Pedro Sánchez, con la candidata socialista a lendakari, Idoia Mendia, durante un acto de campaña en Vitoria. (EFE)

El 25 de septiembre se celebran elecciones autonómicas en Euskadi. Una comunidad autónoma que acude a esa convocatoria electoral con una realidad política muy distinta a la de la mayoría de las veces que acudió a las urnas desde la recuperación de la democracia en 1978.

Euskadi es hoy un lugar en cambio. El fin del terrorismo en el año 2011 fue el gran punto de inflexión en la historia reciente del País Vasco. Fueron 50 años de extorsión y asesinatos por parte de una organización terrorista que pretendió elevar a categoría de total la visión particular que tenía de lo que debía ser Euskadi. Hoy hay más de 800 personas asesinadas, miles de heridos, decenas de miles de afectados de forma indirecta en esas cinco décadas de asesinatos y extorsión social y una frontera, es justo reconocerlo, un tanto difusa entre la memoria y el olvido de todo lo que significó la existencia del terrorismo.

Con todo, la Euskadi de hoy es, en parte importante, el resultado de un esfuerzo de muchos que culminó en un proceso de paz definitiva que no se entiende sin la conducción del Partido Socialista de Euskadi y del Gobierno de Zapatero. Con él, llegó el inicio de un tiempo nuevo en el País Vasco.

José Luis Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarretxe, en 2008. (EFE)
José Luis Rodríguez Zapatero y Juan José Ibarretxe, en 2008. (EFE)

El Gobierno del lendakari Patxi López, tras la experiencia de ruptura de la convivencia que propició Ibarretxe, sirvió, entre otras cosas, para relajar la extraordinaria tensión que acompañó siempre a la política vasca. Especialmente, desde la ruptura del Pacto de Ajuria Enea. El epicentro final estuvo en Lizarra, en una apuesta firmada por el conjunto del nacionalismo vasco para la exclusión cívica y política de todos aquellos que no eran nacionalistas. Es decir, la mitad de la sociedad vasca.

La extraordinaria aportación de aquellos años por parte del Gobierno socialista a la calma política en Euskadi, a la convivencia de los vascos, a la priorización de las políticas económicas y sociales por delante de las obsesiones identitarias de sus antecesores permitió cambios que están en la base de las enormes potencialidades de futuro que tiene el País Vasco.

Mucho de todo eso se debate y se decide hoy en las elecciones autonómicas del 25 de septiembre. Los enfoques que cada formación política hace de cara al futuro se entremezclarán en el próximo Parlamento vasco en una situación que, con toda seguridad, requerirá de pactos amplios para la gobernabilidad.

En la tierra de referentes como Rubial, Benegas, Jauregui o López, siempre estuvo claro el papel que el socialismo debía jugar en sociedades complejas

Pero el socialismo vasco siempre lo tuvo claro. Los pactos entre diferentes, cuando estos se presentan como necesarios para la estabilidad de un país, siempre pudieron contar con la voluntad positiva del PSE. Esa es su historia, más de una década de acuerdos con los nacionalistas del lendakari Ardanza, acuerdos años después con fuerzas aparentemente antagónicas —como el PP— que sirvieron para que Patxi López pudiera contribuir de forma decisiva a los cambios más relevantes que se han producido en Euskadi en las últimas décadas.

En la tierra de grandes referentes como Ramón Rubial, Txiki Benegas, Ramón Jauregui o Patxi López, siempre estuvo claro el papel que el socialismo debía jugar en sociedades complejas. Proyectos serios de país, con liderazgos sólidos y de prestigio, rodeados de equipos de nivel y la anteposición de los intereses de la sociedad antes que los de sus organizaciones políticas o que los de sus dirigentes. La grandeza del socialismo vasco, su ejemplo más alto, es ese. Y con él, el PSE alcanzó el Gobierno vasco en el año 2009.

El exlendakari Patxi López, durante una rueda de prensa en 2012. (EFE)
El exlendakari Patxi López, durante una rueda de prensa en 2012. (EFE)

Apostó por oxigenar y estabilizar la política vasca, por romper el bloqueo al que la habían conducido políticos pequeños, por acabar con años de deterioro institucional, por introducir nuevos objetivos —no tanto qué tipo de nación somos sino qué tipo de sociedad queremos— y por generar nuevas esperanzas de futuro, de desarrollo económico, de generación de empleo, de cohesión social y de libertades públicas.

Ese es el gran ejemplo del socialismo vasco. Algunos años después, sigo plenamente convencido de que seguir ese camino es siempre garantía de futuro para cualquier sociedad y garantía de un alto apoyo electoral para el Partido Socialista.

En Euskadi y en el conjunto de España.

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