Sánchez e Iglesias en el diván

Deberían habilitar en el Congreso un diván donde tumbar a los líderes políticos tras las reuniones. Hacerles las preguntas directamente al inconsciente, indagando en sus miedos y deseos

Foto: Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. (EFE)
Pedro Sánchez y Pablo Iglesias. (EFE)

Con el fin de entender cómo van las negociaciones para formar Gobierno entre PSOE y Podemos, en vez de una sala de prensa, deberían habilitar en el Congreso un diván donde tumbar a los líderes políticos tras las reuniones. Hacerles las preguntas directamente al inconsciente, indagando en sus miedos y deseos, sería mucho más esclarecedor que interrogarlos sobre argumentarios tacticistas y prefabricados que a menudo poco tienen que ver con lo que realmente piensan.

Es como cuando en 'Annie Hall' la pantalla se divide en dos y vemos a la pareja interpretada por Diane Keaton y Woody Allen respondiendo simultáneamente a la misma pregunta de su psicoanalista: “¿Hacen el amor con frecuencia?”. “Casi nunca, tres veces por semana”, dice él. “Constantemente, unas tres veces a la semana”, responde ella.

Algo así debe de ser el abismo que separa ese “Gobierno de cooperación” en el que está pensando Pablo Iglesias del que tiene en la cabeza Pedro Sánchez. El presidente del Gobierno en funciones cree haber rebajado con este nuevo sintagma de moda las aspiraciones del líder de Unidas Podemos de entrar en un Gobierno de coalición a cambio de sus 42 escaños. Pero a lo único que Iglesias ha renunciado es al nombre, no a la idea.

“No concibo que el PSOE ponga ningún veto”, decía Iglesias tras la reunión. "Buscaremos fórmulas para un Gobierno plural con personalidades referentes en sus ámbitos”, replicaba Adriana Lastra minutos después. Se entiende hasta sin diván: Iglesias se enroca en imponer los ministros que Podemos quiera, empezando por sí mismo, y los de Sánchez dicen que nanay.

Buscaremos fórmulas para un Gobierno plural con personalidades referentes en sus ámbitos

Ambos líderes llevaban más de un mes sin verse, y como pasa en las relaciones en las que uno de los dos necesita desesperadamente más atención que el otro, a Iglesias se le ha hecho mucho más largo este medido distanciamiento, que no ha estado exento de reproches.

La última vez que los dos se vieron en la Moncloa, el partido de Iglesias aún no se había dado el segundo batacazo en las municipales y todavía exigía a Sánchez un Gobierno de coalición “sin ultimátums ni arrogancia”. No parece haber renunciado el líder de Podemos ni a lo uno ni a lo otro, por mucho que ahora llamen Gobierno “de cooperación” no se sabe bien a qué.

Podemos y PSOE están condenados a entenderse, pero Pablo Iglesias y Pedro Sánchez aún no se han puesto de acuerdo en nada. Tan solo en ese nombre, cooperación, que significa cosas distintas para ambos. "Un Gobierno conjunto es un Gobierno conjunto, se le ponga el nombre que se quiera", ha dicho Iglesias. Y, al fondo, la sombra de la repetición electoral en caso de ruptura sigue sobrevolando las negociaciones.

¿Qué le da más miedo a Iglesias? ¿La irrelevancia de quedarse fuera del Gobierno o el abismo de unas nuevas elecciones? ¿Y a Pedro Sánchez? Más que a los políticos, habría que preguntárselo a sus egos.

Así que si sentáramos a Sánchez en el diván para saber si cree estar cediendo poder a Podemos, seguramente el presidente respondería: “Constantemente”. Y Pablo Iglesias: “Casi nunca”. Todavía les quedan unas semanas para tratar de entenderse. En ‘Annie Hall’, por cierto, ni con diván les funcionó.

Segundo Párrafo
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