Sin Iglesias en el Gobierno: ¿acabará Podemos diluido o se fortalecerá?

Iglesias se ha quitado de en medio y con ello desencalla las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez en el que podría ser el primer gobierno de coalición desde la II República

Foto: Pablo Iglesias tras conocer los resultados de las elecciones generales del pasado 28-A. (Reuters)
Pablo Iglesias tras conocer los resultados de las elecciones generales del pasado 28-A. (Reuters)

Si cumple su palabra, Pablo Iglesias nunca volverá a ser candidato a la Moncloa: "Si alguien que encabeza una lista para ser presidente del Gobierno está dispuesto a quitarse de en medio, esa persona no debe ser nunca candidato". Eso dijo el líder de Podemos el pasado 10 de junio en una entrevista en RTVE. Tras mes y medio de pulso con Sánchez, Iglesias se ha quitado de en medio. Al tiempo que con ello desencalla las negociaciones para la investidura de Pedro Sánchez, en el que podría ser el primer gobierno de coalición desde la II República, su paso atrás también acelera la sucesión al frente de Podemos.

Dejando entrar a Podemos en el Gobierno para evitar la repetición electoral, Sánchez, por su parte, no solo renuncia al Ejecutivo monocolor para salvar la investidura, también rescata del hundimiento al partido de Pablo Iglesias, con la mayoría de su poder territorial en desbandada. En una eventual repetición de elecciones en noviembre (hasta que no salga elegido Sánchez no está descartada del todo), el PSOE se jugaba la permanencia en el Gobierno y Pablo Iglesias la debacle total del partido. Podemos ya había perdido la mitad de sus escaños en las últimas elecciones y podía diezmarse otro tanto en las siguientes.

De fraguar el gobierno de coalición que andan gestando PSOE y Podemos contra reloj, aún está por ver si el resultado fortalece o diluye a la extrema izquierda. A corto plazo, no hay duda de que entrar en el Consejo de Ministros le da un oxígeno que al partido de Iglesias se le estaba agotando a la misma velocidad que la paciencia. En el largo, no está tan claro.

Los socialistas confían en su capacidad para fagocitar desde dentro a su enemigo íntimo. Esperan en Ferraz que los ministros podemitas, excluidos de las carteras más relevantes, cometan alguno de estos dos errores: mimetizarse con el 'establishment' (si entra la gente más moderada del partido los muy cafeteros se decepcionarán con las promesas incumplidas) o ejercer de antisistemas (lo que los desacreditaría como gobernantes). En ambos casos, los socialistas más optimistas confían en que cuando la coalición eche a andar, Podemos diluya su papel de oposición creíble. Pero para minimizar riesgos, Sánchez debe medir muy bien qué cargos les confía. Lo suficiente para contentarlos, pero no para darles protagonismo. Por eso aspiran a que Podemos acepte un ministerio de Medioambiente o Biodiversidad bajo el paraguas de una vicepresidencia de Teresa Ribera o un ministerio de Igualdad que dependa de Carmen Calvo.

Desde el Gobierno, los morados cuentan con ganar una visibilidad que de otro modo no les sería posible. Y Podemos siempre ha sido muy hábil comunicativamente. Desde que nació hace cinco años (¡solo cinco!), los de Iglesias se han caracterizado por mantener una comunicación muy efectiva, logrando una atención más propia de partido grande que de una fuerza minoritaria. Si gestionan bien la comunicación de medidas clave (acceso a la vivienda, nuevas subidas del salario mínimo, etc.), podrían fortalecer su imagen de partido útil a la izquierda del PSOE.

Pablo Iglesias e Irene Montero en los pasillos del Congreso. (EFE)
Pablo Iglesias e Irene Montero en los pasillos del Congreso. (EFE)

Aunque fortalecer, a estas alturas, apenas signifique mantener en las próximas elecciones un resultado similar al actual de 42 diputados. Reajustadas las expectativas, atrás quedan los sueños de superar al PSOE que le llevaron a retar al bipartidismo y forzar la repetición de elecciones hace cuatro años. Sánchez, de hecho, aún no le había perdonado a Iglesias esa traición. Solo el rencor personal del presidente en funciones explica que no estuviera dispuesto a meterlo a él en el Gobierno a cambio de sus votos para la investidura, pero sí a otros miembros de su partido que piensan exactamente igual que él.

Si Podemos insiste en un perfil muy izquierdista y se desmarca con alardes antisistema, también habrá más espacio para el nuevo partido de Íñigo Errejón. Podemos puede hacerse ‘mainstream’ con ministrables técnicos y moderados, por lo que el líder de Más Madrid tendría complicado reclamar ese espacio a nivel nacional. Y el rencor que Sánchez le guardaba a Iglesias solo es comparable con el que Iglesias le tiene a Errejón. De cundir el descontento con el nuevo Gobierno de coalición, los errejonistas esperan su oportunidad para convertirse en el partido de la izquierda alternativa en el que el PSOE pueda confiar. Aunque lo van a tener complicado. Si el experimento PSOE-Podemos sale mal, es improbable que los votantes vuelvan a apostar por un gobierno con dos partidos de izquierdas a corto plazo.

Hemos vivido tantas mayorías absolutas en los últimos 40 años que cuesta saber qué pinta tendrá en España un gobierno de coalición. Lo que cada vez cuesta menos imaginar es el futuro de Iglesias fuera del Consejo de Ministros y fuera, incluso, de Podemos. En realidad, el político siempre ha parecido tenerle más envidia a Wyoming y Buenafuente que a Sánchez y Rajoy. Así que si la sucesión en el partido morado prospera como su todavía líder tiene previsto y al frente se queda su número dos, Irene Montero, convertida además en ministra o vicepresidenta, al fundador del partido que quería asaltar los cielos siempre le quedará hacer oposición desde La Tuerka.

Segundo Párrafo
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