La mujer más conservadora del mundo

Rocío Monasterio va a hacer un trabajo fino y concienzudo para ganar protagonismo en el debate público, mientras desempeña su estrenada labor de llave del Gobierno madrileño

Foto: La portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio. (EFE)
La portavoz de Vox en la Asamblea de Madrid, Rocío Monasterio. (EFE)

Un famoso congresista republicano empeñado en restringir totalmente el derecho a la interrupción voluntaria del embarazo, también en casos de violación e incesto, alegaba esta semana como argumento más sorprendente que sin estas dos prácticas la raza humana podría haber desaparecido hace mucho tiempo. "¿Qué pasa si volvemos a todos los árboles genealógicos y sacáramos de ellos a quien fuera producto de violación o incesto?", ha dicho el tal Steve King en Iowa. A lo que añadió: ¿Quedaría alguna población del mundo si lo hiciéramos? Considerando todas las guerras y las violaciones y saqueos que ocurrieron en todas estas naciones diferentes, sé que no puedo decir que no he sido en parte un producto de esto".

No es extraño que Donald Trump lo haya calificado como “el ser humano más conservador del mundo”. En términos elogiosos, claro. ¿Qué hay más conservador que apelar a tiempos inmemoriales para condicionar la legislación actual? No se puede ir más atrás en el 'statu quo'. Pero antes de estar seguros de que King merezca el título honorífico del ser humano más conservador del planeta, sin embargo, cabe preguntarse si Trump conocerá ya a Rocío Monasterio. Sin duda, a la líder de Vox en la Asamblea de Madrid también le haría ilusión ostentarlo. Y tiene toda una legislatura por delante para, si se lo propone, hacer méritos que desbanquen al de Iowa.

A Monasterio no la gana nadie defendiendo las tesis antiabortistas, por ejemplo. A diferencia del PP, que tiene divisiones al respecto en sus filas, los de Vox están todos de acuerdo, al menos públicamente, en que ninguna mujer tiene derecho a decidir sobre su cuerpo una vez se queda embarazada. Por eso, durante su intervención en la investidura de Díaz Ayuso, Monasterio criticó sin tapujos a quienes "hablan de natalidad mientras desde aquí se financia el aborto con el dinero de todos los madrileños... Eso sí, luego tienen ustedes tiempo y recursos para inaugurar el Comisionado del Bienestar Animal". El hilo argumental está, reconozcámoslo, a la altura del mismísimo King.

Pero esto no es nada en comparación con lo que vamos a escuchar esta legislatura. Va a ser un trabajo muy fino y concienzudo el de Monasterio para ganar protagonismo en el debate público, mientras desempeña su recién estrenado papel de llave del Gobierno madrileño. A ver qué tal le sale este experimento a medio camino entre la oposición y la inspiración, entre el apoyo y la extorsión, a ratos cómplice de la coalición PP-Cs y quién sabe si a la larga también su verdugo.

Rocío Monasterio e Isabel Díaz Ayuso, en un encuentro entre Vox y PP. (EFE)
Rocío Monasterio e Isabel Díaz Ayuso, en un encuentro entre Vox y PP. (EFE)

Porque la arquitecta hispanocubana ya ha avisado a la nueva presidenta de que su formación no se conformará “con guiños” del nuevo Gobierno. Vox quiere condicionar la política madrileña y, por primera vez, sus 12 diputados se lo permitirán cuando toque negociar los Presupuestos: “Les aviso de que no vamos a renunciar a nuestros contenidos programáticos”, advirtió Monasterio en la Asamblea. Y como necesitaba su apoyo, Díaz Ayuso se olvidó de cuando Pablo Casado llamaba a Vox “la ultraderecha”. Tocaba minimizar las diferencias, “que son menores que lo que nos une”, afirmó en su discurso la líder popular. Pelillos a la mar.

PP, Cs y Vox están de acuerdo sin fisuras en la defensa de la unidad de España, algo que 'a priori' no parece que vaya a darles mucho trabajo en el día a día de la política madrileña. En bajar los impuestos también están los tres bastante alineados. El partido de Monasterio, sin embargo, va solo en otras muchas otras cosas. Es el único en la Asamblea que niega la existencia del cambio climático y la violencia de género, también es el único partido abiertamente antifeminista y el que más esfuerzo hace para vincular en su discurso inmigración e inseguridad... El catálogo completo, al que le interese, en su programa electoral.

Será interesante ver cómo Díaz Ayuso gestiona eso de cumplir todo lo que ha prometido tanto a Ciudadanos como a Vox, teniendo en cuenta que ambos programas son en gran medida incompatibles. ¿Logrará Monasterio que Madrid derogue la Ley LGTBI? ¿Cambiarán las campañas contra la violencia de género en la comunidad? ¿Conseguirá Vox restringir el derecho al aborto como ha prometido a sus votantes? Seguramente sus 12 diputados no le basten para conseguir nada de eso y, aun así, se salga con la suya. Las batallas que más le interesan a Vox son las simbólicas, porque son las que, con su escasa representación, todavía puede ganar. Y las que más ruido hacen. Cuanto más presente logre estar Monasterio en los medios, más avanzará la sensación de que sus principales caballos de Troya ideológicos son el verdadero problema de los madrileños. La audiencia, claro, no siempre entiende de escaños.

Monasterio aspira a marcar en esta legislatura el debate público, exponiendo a PP y Cs ante las contradicciones de su pacto a tres bandas. De lograrlo, bien podría hacernos olvidar que su formación sigue siendo demasiado minoritaria como para erigirse en portavoz de las familias madrileñas. Ni siquiera de las familias de bien. Pero hay otra batalla política que Vox también disputa en Madrid y que Monasterio puede ganar, aprovechando que la capital amplifica muchos de sus debates a nivel nacional. ¿Eclipsará la líder madrileña a Santiago Abascal? A lo mejor no es precisamente al de Iowa al que Monasterio podría desbancar.

Segundo Párrafo
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