Teruel existe (y la extrema derecha, también)

Vox es un trabajo en equipo. Unos lo han permitido crecer, convirtiéndolo en el enemigo perfecto. Los otros, blanqueándolo, como si fuera un socio más para pactar

Foto: Celebraciones en la sede de Vox durante la noche electoral del 10 de noviembre (Reuters)
Celebraciones en la sede de Vox durante la noche electoral del 10 de noviembre (Reuters)

De los resultados del 10N han salido fortalecidas, sobre todo, la inestabilidad y la fragmentación. Y entre tanta incertidumbre, el nuevo Congreso de los Diputados deja dos únicas certezas: que Teruel Existe y la extrema derecha, también. Vaya que existe. Convertida en la tercera fuerza política, Vox es el indudable ganador de la repetición electoral. “Hace 11 meses no teníamos representación”, recordaba Santiago Abascal, eufórico, a las puertas del partido que ha duplicado con creces su representación parlamentaria.

Creyó Sánchez que volviendo a las urnas saldría en su ayuda una mayoría cautelosa que debilitaría a Iglesias y afianzaría su apuesta por un gobierno en solitario. Acertó solo en lo primero. Entre Podemos y el PSOE han perdido diez escaños. Y Ciudadanos, que ahora sí estaba dispuesto a negociar un gobierno, se hunde estrepitosamente de los 57 a los 10 dejando en ridículo un centro político con el que ya es imposible pactar ni queriendo por su irrelevancia. Si había una sede en la que anoche se podía intuir aquello de ‘Con Rivera no’ era en la suya.

En vez de la mayoría cautelosa, al final salió una cantidad nada desdeñable de españoles tan cabreados con Sánchez y la clase política en general que han preferido votar al partido más a la derecha del tablero. Lo más antisanchista que encontraron. Con Vox gana la antipolítica, la que se define por todo aquello a lo que se opone: anti inmigración, anti autonomías y anti feminismo. Lo suyo es que el líder fuera Anti Abascal.

Aclamado entre vivas a España de sus simpatizantes, mandó el líder de Vox un mensaje de gratitud al los 3,5 millones de españoles que han confiado en su partido. Se olvidó, sin embargo, de darles las gracias muy especialmente a otros españoles que, aun no habiéndole votado, también han tenido muchísimo que ver en sus 52 escaños.

Debería el líder de Vox reconocer, para empezar, la inestimable ayuda de Pedro Sánchez: por ponerle en bandeja la segunda oportunidad en apenas seis meses y con España en el punto óptimo de cabreo para que prenda la mecha antisistema. No debería olvidarse tampoco de la valiosa contribución de Pablo Iglesias, que rechazó la vicepresidencia del Gobierno para Podemos, sin lo cual tampoco le habría sido posible a Vox llegar hasta aquí.

Mención especial habrían merecido también Pablo Casado y Albert Rivera, por dejar al partido de extrema derecha entrar en las instituciones sin mucho escrúpulo ni cordón sanitario como los que en el resto de Europa aíslan a sus homólogos (Marine Le Pen se apresuró anoche a felicitar a Abascal, faltaría más, al igual que Matteo Salvini y el ultraderechista holandés Geert Wilder). Si habrán sido generosos los otros cuatro líderes políticos para este éxito de Vox que hasta tuvieron el detalle de arreglarle el sprint final de la campaña dejándole a su candidato salir exultante de un debate electoral en el que apenas encontró réplica.

Vox es un trabajo en equipo. Unos lo han permitido crecer, convirtiéndolo en el enemigo perfecto. Los otros, blanqueándolo, como si fuera un socio más para pactar. Aunque si hay dos españoles que deberían estar celebrando su contribución a la victoria de Vox son Torra y Puigdemont. Ellos sí que han ayudado a despertar este fervor nacionalista en toda España que nunca había sido tan útil como reclamo electoral en democracia. No ha sido una contribución altruista la de los líderes independentistas, sino en beneficio propio. No hay nada que le pueda venir mejor al separatismo que la ingobernabilidad azuzada por un grupo que se muestra tan cómodo como ellos en la radicalidad, desafiando los límites de la constitución si es necesario. Ya sea pidiendo la ilegalización de partidos, la supresión de autonomías o prometiendo encarcelar en persona a quien corresponda.

Total, que salvo Teruel que ha sacado su escañito y los 52 que alzan a Vox a un papel protagonista en el Congreso, el resto no tiene mucho que celebrar. La izquierda no suma y necesitaría el apoyo de ERC para gobernar en un Frankenstein imposible con más retales que nunca; el centro político de Cs está en proceso de derribo (ha perdido 47 de los 57 que tenía); y, la victoria de Vox confirma la incapacidad de Casado de aglutinar bajo sus siglas una derecha cada vez menos moderada y más fragmentada (el PP pasa de 66 a 87). La mejora del primer partido de la derecha es sustancial, pero no le salva de la encrucijada de convertirse en responsable indirecto de la gobernabilidad de España en una hipotética gran coalición. Si esta cuajara, Vox tendría aún más protagonismo como líder de la oposición.

Abascal cantó frente al micrófono, circunscripción a circunscripción, todos los escaños conseguidos entre gritos de 'oé oé oé'. Y de 24 a 53 escaños caben muchos ‘oé’. Vox ha sido la primera fuerza política en Murcia y en Ceuta, también en Almería, Sevilla y Cádiz. Ante el fervor de sus bases, pidió luego Abascal en el único gesto de moderación que seguramente vayamos a ver en los próximos meses, que no hubiera tanta euforia. Dijo el líder de Vox que no es momento de cantar victoria porque aún no han ganado las elecciones. Y, refiriéndose a las mayorías han salido de las urnas, añadió: “Estamos preocupados”. Pues anda que el resto.

Segundo Párrafo
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