A los oprimidos por la dictadura de lo políticamente correcto

Defender lo políticamente incorrecto se ha vuelto tan 'mainstream' que va camino de convertirse en requisito para llegar al poder. Si hay terceras elecciones, lo comprobaremos

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson. (Reuters)
El primer ministro británico, Boris Johnson. (Reuters)

Dejen de preocuparse por lo políticamente incorrecto, goza de buena salud. No es verdad que ya no se puedan hacer bromas de gordos, maricas, ni mucho menos de mujeres. Anda que no. Hacerlo le sirvió a Trump para llegar a la Casa Blanca, a Boris Johnson a Downing Street y hasta ha encumbrado al manchego García-Page al debate nacional. Qué transgresor el líder socialista con lo de la vaselina, ¿eh?

No hace tanto que Donald Trump presumía sobre el tamaño de su pene en un debate electoral y no veía inconveniente en que llamaran a su hija "pedazo de culo". Sus malos modos sorprendían hace cuatro años, ya no. Ha creado escuela. El primer ministro de Reino Unido, Boris Johnson, que comparaba en sus columnas a las mujeres con burka con "buzones de correos" y de los negros dijo que tenían “sonrisa de sandía”, anda gozando ya de su recién estrenada mayoría absoluta en Reino Unido. Aficionados a salidas de tono son también Putin, Salvini y una ristra cada vez más numerosa de políticos europeos que buscan el poder con modos torrentianos más o menos refinados. Como el líder de la extrema derecha holandesa, Thierry Baudet, de 36 años, que en marzo ganó las elecciones provinciales sosteniendo que el cambio climático "es brujería" y las mujeres le parecemos "biológicamente inferiores". Todos ellos, por supuesto, se declaran políticamente incorrectos.

No hace tanto que Donald Trump presumía sobre su pene en un debate electoral y no veía inconveniente en que llamaran a su hija "pedazo de culo"

Ante semejante percal, algunos empezarán a pensárselo dos veces antes de identificarse con ese club cada vez menos selecto. Lo políticamente incorrecto empezó utilizándose como reivindicación de la libertad de expresión y rechazo a la autocensura buenista, pero se está convirtiendo en el modo más fácil de blanquear la mala educación, cuando no directamente la xenofobia y el machismo. Es una expresión especialmente socorrida para dotar de un halo transgresor los exabruptos verbales más primarios.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

Ahora bien, a medida que avanza el populismo más recalcitrante, más alejada de la realidad resulta cierta élite cultural que, desde su atalaya, parece no tener mejor preocupación que buscar con lupa las briznas de machismo en el último estreno de Netflix. Queridos, queridas y querides, no sé yo si es el momento de tanta sutileza semiótica. El machismo cada vez se esconde menos, no hace falta rebuscarlo en la última película de Clint Eastwood. Mientras repartíais carnés inclusivos a las ficciones, en el mundo real el machismo se está viniendo tan arriba que ha dejado de esconderse para convertirse en reclamo electoral. Centrémonos.

Lo políticamente incorrecto empezó utilizándose como reivindicación de la libertad de expresión y rechazo a la autocensura buenista

Todavía no tenemos claro cómo es una sociedad igualitaria porque nunca hemos vivido en una. Estamos en medio de una digestión del cambio cultural que hay a quien se le está atragantando. A los oprimidos por la corrección política que llaman a esto dictadura les recomendaría que tengan cuidado con lo que desean. No puede ser del todo buena esa nostalgia repentina por los chistes de Arévalo. Es verdad que antes se podía uno reír de los mariquitas y no pasaba nada. Pero no olvidemos quiénes son aquí las víctimas de la dictadura. Solo hace 40 años que la homosexualidad dejó de ser delito en España. Las sociedades cambian. Lo que se considera socialmente aceptable, también.

Si les oprime la corrección política, dense una vuelta por Twitter y verán cómo se les pasa. Los discursos de odio y los insultos misóginos ganan protagonismo y campan a sus anchas en las redes sociales. Defender lo políticamente incorrecto se ha vuelto tan ‘mainstream’ que va camino de convertirse en requisito para llegar al poder. Como haya terceras elecciones, seguramente tengamos la ocasión de comprobarlo.

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