Los bandazos de Casado al ritmo de Vox y por qué se desmarca Ayuso

El líder del PP tiene muchos problemas que se pueden resumir en uno: la barba. Sigue ahí, pero ahora parece de pega. Nada que ver con el 'look' veraniego de cuando quería ganarse el centro

Foto: El líder del PP, Pablo Casado, muestra un ejemplar de la Constitución. (EFE)
El líder del PP, Pablo Casado, muestra un ejemplar de la Constitución. (EFE)
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Pablo Casado tiene muchos problemas que se pueden resumir en uno: la barba. Si uno se fija bien, verá que sigue ahí, pero ahora parece de pega. Nada que ver con cómo le quedaba con el 'look' que estrenó tras el verano de líder que se hacía mayor y quería ganarse el centro. Con el frío y el Gobierno de coalición, ha desaparecido del todo su efecto moderador y ha vuelto el Casado exaltado de discurso ultraconservador. Debió afeitársela el día de la investidura, cuando volvió a cambiar de estrategia y optar por hacerle oposición a Sánchez compitiendo con Vox por la derecha.

El líder popular ha echado el resto en los últimos días en la defensa del pin parental, del que hasta hace cuatro días solo hablaba Vox y en Génova consideraban anticonstitucional. Ahora, el líder del PP asegura no solo que apoya la medida sino que se la inventó el PP. Llegó a decir en 'Espejo Público' que su partido lo implantó hace 15 años en la Comunidad de Madrid. "Tenemos que defenderlo; esto es el punto de no retorno", dijo convirtiéndolo en una urgencia nacional de la que no había dicho una palabra en campaña electoral. Mientras tanto, por cierto, el PSOE pactaba con Bildu en Navarra.

Al día siguiente de estas declaraciones de Casado, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, salía a desmarcarse del veto parental de Vox: “Los problemas de la educación no están en esto”, dijo Díaz Ayuso desdiciendo abiertamente al líder de su partido, que solo 24 horas antes lo había convertido en el símbolo altisonante del frente anticomunista. Hasta comparó España con la Cuba castrista. Ayuso, por el contrario, salió a decir (en un tono tan sosegado como el que le daba a Casado la barba cuando todavía le funcionaba) que la polémica es “inexistente”, que en Madrid no se ha registrado “ni una sola denuncia” y defendió de paso la autoridad del profesor. Escuchando a Casado y Ayuso, no solo parecían de partidos diferentes. También que vivían en distintos países.

Cómo estará el patio para que Ayuso represente el ala moderada del PP el mismo día que nombra al aznarista Miguel Ángel Rodríguez su jefe de gabinete. Seguro que no fue casualidad que la presidenta madrileña saliera a la hora oportuna para contraprogramar la rueda de prensa del Consejo de Ministros y hacerse un hueco en televisión. De una tacada hacía oposición al Gobierno de Sánchez y al propio presidente de su partido. Qué bien se le da a Ayuso llevar la contraria. Y qué mal a Génova coordinar el discurso con sus comunidades autónomas.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)
La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

Para desconcierto de muchos dirigentes del PP, Casado ha repetido desde el fin de semana el mismo discurso de Vox. También Teodoro García Egea, que antes que secretario general del PP es murciano. Egea animaba en su tierra a salir a las calles a defender el pin parental si lo recurre el Gobierno de Sánchez, "por vosotros y por vuestros hijos".

Este martes, el PP echaba el freno. Incluso en Murcia. Su presidente, López Miras, reconocía en una entrevista en la SER que en los colegios de la Región “no hay adoctrinamiento”, pero trató de cuadrar el círculo alegando también que "la libertad de los padres es innegociable y la vamos a defender ante quien sea". No dejó claro de qué, porque reconoció también que no había ninguna denuncia en su comunidad por este tema, que los docentes son “neutrales” y negó la posibilidad de que, como pide Vox, se regule por decreto el pin parental.

El PP está dividido y Ayuso no está sola entre los que creen abiertamente que es mejor desmarcarse del pin parental. Antes que ella ya lo hicieron Núñez Feijóo y Alfonso Alonso. La incomodidad con la estrategia de Casado y García Egea crece entre un sector importante del PP que considera un error hacer oposición al Gobierno de Sánchez acercándose a Vox, porque le han devuelto a este partido el centro del debate que había perdido.

Como vivimos ciclos de noticias tan fugaces, ya se nos ha olvidado que una semana antes de la polémica educativa, Vox había pinchado en una convocatoria para manifestarse en todos los ayuntamientos de España contra el Gobierno de Sánchez a la que solo asistieron unas 15.000 personas según el partido (y 4.000 según la policía). El protagonismo que el partido de Abascal no logró en su convocatoria en solitario, sin el apoyo de PP y Cs, lo está logrando ahora. Casado ha mordido el anzuelo de esta polémica que el Ejecutivo de Sánchez está instrumentalizando para subrayar la confrontación entre derecha e izquierda, ganar tiempo para asentarse en el Gobierno y meter a Vox y PP en el mismo saco. La sobreactuación del líder popular ha sido un regalo para el PSOE, porque además le ha permitido tapar la polémica del nombramiento de Dolores Delgado y el pacto con Bildu.

Aunque ahora el PP quiera recular, habrá polémica del pin parental para rato. La presidenta de la Comunidad de Madrid va a necesitar el apoyo de Vox para aprobar los Presupuestos, pero ya se ha mostrado contraria al veto parental. También lo ha hecho Ciudadanos. Sabe Ayuso que sería un problema reivindicar que los padres autoricen la asistencia de sus hijos a talleres o charlas sobre violencia de género, igualdad y diversidad LGTBI, entre otras cosas porque no se ajusta a la legalidad vigente. No son contenidos extraescolares, sino curriculares. Así lo recoge la ley Wert (también del PP). Y tal y como Vox quiere que se aplique el veto parental, también contradice la ley LGTBI aprobada por el PP en la Comunidad de Madrid, que lleva más de 25 años controlando la Consejería de Educación tanto en esta comunidad como en Murcia.

Tal vez Casado solo quería responder a la ministra Celaá cuando dijo que los hijos no son propiedad de los padres y se le calentó aquel discurso en el que veía comunistas por todas partes. Pero se ha pasado tanto de frenada que está dando a entender que, como Vox, el PP también considera que tanto la lucha contra la violencia de género como la educación en el respeto a todas las orientaciones sexuales no son valores constitucionales y están por encima de cualquier religión o creencia que cada uno tenga. Y no vale alegar el artículo 27.3 de la Constitución para pedir la censura en el aula de determinados contenidos, porque educar en la igualdad y contra la homofobia no está dentro de los márgenes de la libertad religiosa y moral que la Carta Magna da a los padres, sino que es parte de los derechos humanos fundamentales, por más que Vox, los obispos y los imanes se empeñen en lo contario.

Para construir un perfil de hombre de Estado, hace falta más tiempo del necesario para que crezca una barba. Pablo Casado se la dejó para diferenciarse de Albert Rivera, cuando ambos se disputaban el centro derecha. Ahora lo que hace es que cada vez se parezca más al 'look' de Santiago Abascal, que tiene más experiencia que él interpretando el papel de ultraconservador y el de barbudo.

Segundo Párrafo
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