El coronavirus rescata a los expertos

La fe en instituciones como el Gobierno, las grandes empresas y los medios de comunicación lleva años cayendo en los países occidentales

Foto: Una clínica en Santo Domingo. (Reuters)
Una clínica en Santo Domingo. (Reuters)

Cuando la revista 'Time' te eligió “a ti, sí, sí, a ti” como la persona del año de 2006, la portada llevaba un espejo reflectante con forma de pantalla de ordenador en la que el lector podía ver su propio reflejo. La persona más importante de aquel año éramos todos y cada uno de los ciudadanos anónimos presentes en internet, cuya opinión cada vez importaba más al resto.

Aquel artículo de 'Time' acertó al pronosticar que las pequeñas contribuciones que millones de personas desconocidas empezaban a compartir en la red iban a cambiar el mundo, por más que errara vislumbrando que Second Life y MySpace eran el futuro. Facebook y YouTube, poderosos supervivientes de aquella época, sí que lo fueron. En el barómetro anual de Edelman sobre la confianza a nivel internacional, en el que se encuesta a miles de personas de una veintena de países preguntándoles de quién se fían más, 'la gente como yo' empezó a aparecer en escena como una de las referencias principales también a partir de ese año 2006.

Así que en poco más de una década hemos pasado de un sistema de confianza basado en ejes jerárquicos, donde tradicionalmente se buscaba la opinión de las personas que parecían tener más idea y autoridad que nosotros, a otro eje basado en una organización horizontal de la confianza: el consejo de los desconocidos desplaza al de los expertos en el momento en que la clave para tener influencia ya no es tener más preparación que el otro, sino parecerse más a él.

Lo prueba es que para elegir un restaurante, un hotel o un colchón nuevo delegamos habitualmente y con total naturalidad en la puntuación que antes le hayan dado miles de desconocidos, en vez de en el criterio de un organismo, 'ranking' o profesional experimentado. Estos gestos cotidianos explican también muchos de los cambios políticos que vivimos en la última década. La fe en instituciones como el Gobierno, las grandes empresas y los medios de comunicación lleva años cayendo en los países occidentales.

Aunque el desprestigio de los expertos no es solo atribuible a internet, que, al fin y al cabo, no es más que la herramienta. Sin la fatídica crisis económica que empezó en 2008, y que pilló por sorpresa a lo más granado de la economía y la política mundial, tampoco se entendería el movimiento antiélites de los últimos años. Después de tragarse la crisis de bruces como Rompetechos, ya podían los expertos del FMI y los banqueros centrales advertir a los británicos de lo costoso que sería que votaran a favor del referéndum del Brexit, por poner un ejemplo.

La crisis del coronavirus va a ser una prueba de fuego en muchos sentidos, por supuesto sanitarios y económicos, pero también de la confianza social

La rapidez con la que se están extendiendo los bulos sobre el Covid-19 en las últimas semanas tampoco se entendería sin este fenómeno. La crisis del coronavirus va a ser una prueba de fuego en muchos sentidos, por supuesto sanitarios y económicos, pero también de la confianza social. El prestigio de los expertos está recobrando un nuevo protagonismo en los medios porque la gente cada vez demanda más información de calidad para afrontar la amenaza sanitaria más grave de los últimos años.

El rostro que más confianza ofrece para informar del coronavirus en España ha pasado a ser el médico Fernando Simón, el prestigioso director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias (CCAES), que ejerce de portavoz del Gobierno para informar de la última hora relacionada con el coronavirus y que ya ejerció ese papel en el Gobierno de Rajoy cuando la crisis del ébola. Un acierto en un momento en que la opinión pública demanda información fiable y precisa, libre de bulos pero también de intereses partidistas.

El 78,3% de los españoles sigue “en mucha o bastante medida” la información sobre el coronavirus a través de los medios tradicionales (televisión, radio, prensa en papel, diarios digitales...), mientras que menos de la mitad lo hace a través de redes sociales como WhatsApp, según una encuesta elaborada por la consultora 40dB para 'El País'. La conclusión es que queremos estar bien informados, pero no estamos alarmados por la situación. Y, para ello, es fundamental que la gente recupere la fe en los expertos.

Necesitamos tener alguien en quien confiar y llevamos suficientes años viviendo con 'smartphones' como para haber aprendido ya que hacerlo en el grupo de WhatsApp de los padres del cole está demostrando no ser una buena idea. ¿Volveremos a confiar en los expertos para saber cómo reaccionar al coronavirus? Nos va la vida, y la calma, en ello.

Hay esperanza. En el último Trust Barometer de Edelman, en cabeza de lo que más confianza inspira a la gente volvían a estar los técnicos de empresas (65% de apoyos) y los académicos (63%). Su peso aumentó el año pasado dos puntos y encabeza el 'ranking'. Pero les sigue, en tercera posición, “alguien como yo” (61%). Aunque el mayor vehículo de transmisión de bulos somos nosotros mismos, la confianza que nos tenemos sube siete puntos. Pero qué sabré yo. Los periodistas estamos a la cola. Somos los que menos confianza a la ciudadanía inspiramos en ese 'ranking', solo por delante de los políticos (35%).

Segundo Párrafo
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios