Lo que Ayuso no contó a los madrileños sobre las restricciones

Con todas las cosas que pasó por alto Ayuso en su comparecencia, no puede extrañar que pasara también por alto el revuelo que hay en Génova con ella

Foto: La presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, y el vicepresidente madrileño, Ignacio Aguado. (EFE)
La presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso, y el vicepresidente madrileño, Ignacio Aguado. (EFE)

La presidenta de Madrid, la región con más contagios por covid-19 de toda la Unión Europea, ha reconocido que la situación se ha descontrolado. No lo dijo así, claro. Pero titubeó tanto en la comparecencia en la que anunciaba las nuevas restricciones por la segunda ola de coronavirus que no quedó mucha duda de ello. También aseguró llevar preparando la estrategia para la región desde mayo, cuando exigía el fin del mando único y le urgía recuperar las competencias para acelerar la desescalada. Lo que no contó Isabel Díaz Ayuso es por qué si tan preparado estaba el plan desde hace semanas, acabó improvisando hasta la hora de la rueda de prensa. Tuvo que aplazarse dos veces y cinco horas porque, según reconoció, no le había dado tiempo a ultimar tanta "complejidad jurídica".

Explicó también la presidenta que había echado en falta estos meses mucha coordinación con el Gobierno central. En eso no le falta razón. Le hizo falta escribir a Moncloa siete veces (y cambiar el tono) antes de que el presidente haya accedido a reunirse el lunes con ella en la Puerta del Sol. Sin embargo, de lo que no habló Ayuso a los madrileños es de la falta de coordinación dentro de su propio Gobierno. Eso explicaría, en parte, que hayan perdido un tiempo valioso en aprobar alguna medida para frenar el avance del virus, teniendo en cuenta que desde agosto los datos reflejaban que el virus en Madrid estaba creciendo rápidamente. Hasta que las UCI no han empezado a colapsarse no han hecho nada.

Poco importa cómo llamemos a esas limitaciones perimetrales, si restricciones, confinamientos o Checkpoint Charlies

No solo el vicepresidente Aguado ha sido de los últimos en enterarse de las medidas que planeaba el Gobierno regional, también la propia Consejería de Sanidad ha tenido problemas en coordinarse consigo misma. Quedó patente esta semana cuando el viceconsejero Zapatero desveló por su cuenta que el viernes se anunciarían "confinamientos selectivos", en lo que parece más un lapsus que una estrategia y reconoció que lo había hablado con Ayuso en un WhatsApp. Aunque ella le pidió que se retractara de aquello, finalmente se han acabado confirmando las dos cosas. Tanto las medidas como la descoordinación. No solo afecta esta a Ayuso con Sánchez y al Gobierno regional internamente. También al de la Comunidad con los ayuntamientos del sur, que denunciaban que nadie se había coordinado con ellos.

Ayuso detalló las medidas restrictivas para las zonas más afectadas de Madrid. Y aunque no lo llamó "confinamiento", lo cierto es que los vecinos de barrios como Vallecas, Villaverde y Carabanchel, entendieron perfectamente que restringir su movilidad en territorios perimetrados equivale a confinarlos. O semiconfinarlos. Poco importa cómo llamemos a esas limitaciones perimetrales, si restricciones, confinamientos o 'checkpoints Charlie'. A desbrozar la realidad detrás de un eufemismo político ya nos tiene bien entrenados el Gobierno de Sánchez en seis meses de pandemia. A la falta de autocrítica cuando la situación se descontrola, también.

¿Cómo van a aislarse de sus familias quienes no tienen dónde confinarse?

Ayuso además insistió en que es "importante que se cumplan las cuarentenas". Aclaró que aumentaría la vigilancia para perseguir a los infractores. Lo que no contó a los vecinos de los barrios que sufren mayor hacinamiento y precariedad laboral es qué recursos va a aportar para ayudar a quienes den positivo. ¿Cómo van a aislarse de sus familias quienes no tienen dónde confinarse? El gobierno regional tendría las competencias de habilitar hoteles, aprovechando alguna colaboración público-privada de esas de las que tanto le gusta presumir, que facilitara a las personas asintomáticas con pocos recursos, y escaso espacio en el domicilio, poder aislarse sin poner en riesgo a sus convivientes. De esto tampoco habló Ayuso a los madrileños. Ni de cómo va a aumentar los recursos sanitarios para evitar que la atención primaria siga desbordada o ayudar a los colegios para agilizar las PCR a los positivos (Cataluña ha anunciado que desplazará unidades móviles para hacer pruebas a los alumnos en el propio centro educativo).

Madrid-Londres-Nueva York

Sí que hubo tiempo en esta comparecencia de más de una hora en la Real Casa de Correos para subrayar las particularidades de una región como la madrileña, que además de una alta densidad de población es un eje central de movilidad que para controlarse requiere ayuda del Gobierno central. En la reunión del lunes con el presidente Sánchez se aclararán, esperemos, más medidas para aumentar controles en estaciones y aeropuertos. De lo que tampoco habló la presidenta, sin embargo, fue de algo que lleva todo el verano estando en su mano en relación a la movilidad: reforzar los servicios de transporte público para evitar aglomeraciones diarias de millones de madrileños que tendrán que seguir yendo a trabajar.

Ayuso no explicó a los madrileños que otras capitales europeas como París, Londres y Roma, que también son un eje de transporte, tienen todas menos de 40 contagiados por cada 100.000 habitantes (Madrid casi 20 veces más, cerca de 700). Es improbable que Barajas (y no el Prat) sean justo el problema principal en el verano en que se han desplomado los vuelos internacionales, teniendo en cuenta que otras regiones han recibido más viajeros que la capital. Por si acaso, bien está que impongan PCR a los viajeros, como lleva Ayuso pidiendo un tiempo.

La presidenta sí que contó a los madrileños que, además de restringir los movimientos en ciertos barrios, en toda la Comunidad quedan prohibidas las reuniones de más de seis personas. Lo que no dijo es por qué ha esperado a que el virus se extienda tanto para tomar una medida como esa, que en Reino Unido hace días que está vigente con una tasa de contagios de 56 positivos por cada 100.000 habitantes, ratio que allí ha bastado para encender las alarmas. Ayuso también podría haberlo hecho antes sin esperar a que Sánchez reaccionara. En Londres, de hecho, también se ha impuesto el toque de queda para el cierre de bares a partir de las 22h, algo que el gobierno madrileño aún ahora solo se ha atrevido a imponer en las 37 áreas más afectadas de la capital. O sea, que si alguien que vive en Vallecas va a trabajar a Chamberí, al salir puede tomarse algo allí hasta medianoche pero no en su barrio, una vez atravesado el 'checkpoint Charlie.

Los vecinos de Moraleja de Enmedio y de Getafe no podrán llevar a sus hijos a un parque pero sí meterlos en un bar

Durante 14 días, el Gobierno madrileño también ha decretado el cierre de parque y jardines. Así que los vecinos de Moraleja de Enmedio y de Getafe no podrán llevar a sus hijos a un parque pero sí meterlos en un bar. Tampoco podrán los jubilados tomar el aire sentados en un jardín pero sí ir al bingo. No contó Ayuso a los madrileños, no sabemos si algún epidemiólogo se lo habrá contado a ella, que es precisamente al aire libre donde más se reduce el riesgo de contagio. Y es en los municipios y barrios confinados donde más pequeños son los pisos, donde más convendría favorecer que las familias se juntaran (un máximo de 6) a pasar más tiempo en espacios abiertos.

La ciudad de Nueva York, que igual que Madrid fue de las más afectadas del mundo hace seis meses, y también es un centro neurálgico de comunicaciones con alta densidad de población, ha conseguido contener la pandemia en los últimos meses fomentando, entre otras cosas, que los neoyorquinos pasen en zonas verdes el mayor tiempo posible (también asegurándose de tener suficientes rastreadores antes de desconfinar).

Personal sanitario norteamericano. (Reuters)
Personal sanitario norteamericano. (Reuters)

La excusa para cerrar parques no puede ser que es difícil controlar botellones y aglomeraciones, porque más difíciles serán de vigilar en espacios cerrados y privados que en zonas que puede patrullar la policía municipal. En Nueva York, comer o beber en el interior de los bares y restaurantes sigue limitado desde marzo. En Madrid se abrió precipitadamente en junio, incluido el acceso a la barra del bar. Otras localidades españolas, con menos tasa de contagio que Madrid, ya han vuelto a prohibir estar en el interior de los locales por precaución. La única restricción al ocio nocturno que se había atrevido a tomar el gobierno madrileño han sido las mismas que se acordaron a mediados de agosto con el resto de comunidades. Ninguna otra limitación específica se ha considerado necesaria hasta el 21 de septiembre (en la región con más contagios de Europa desde hace semanas).

Fue a finales de agosto cuando el Gobierno madrileño tomó conciencia de que tocaba hacer algo. El 29 de ese mes, Ayuso empezó a hablar de que la Consejería de Sanidad estaba "estudiando una especie de operación retorno". Dijo entonces que se estaba trabajando en una orden para reducir "los reagrupamientos de personas". Tres semanas han tardado en concretarlo, tal vez por la descoordinación, por insensatez o tal vez porque, como dijo entonces la presidenta, para ella "es dolorosísimo tomar este tipo de decisiones contra mis propios principios". No especificó Ayuso en esta última rueda de prensa si la tardanza se ha debido, por tanto, a que durante estas semanas, malgastadas en lo que a medidas preventivas se refiere, ha antepuesto sus principios a la seguridad ciudadana.

Tampoco el Gobierno madrileño se explayó mucho al hablar de rastreadores y refuerzos sanitarios

También el vicepresidente Ignacio Aguado añadió en su comparecencia, en un prólogo autoexculpatorio que poco aportaba a los ciudadanos que lo que esperaban eran instrucciones para organizarse la vida, lo mucho que le dolía tomar estas medidas: "Porque para un liberal la libertad es sagrada". Ni Ayuso ni Aguado explicaron a los madrileños como es que en el resto de España, también en el resto del mundo, hay otros gobernantes que se consideran igualmente liberales que sí han tomado decisiones igualmente difíciles para frenar el virus sin buscar coartadas ideológicas para escudar la incapacidad de tomar decisiones.

Tampoco el Gobierno madrileño se explayó mucho al hablar de rastreadores y refuerzos sanitarios. Ni explicaron por qué han tardado tanto en pedir más rastreadores al ejército si la Comunidad sigue sin tener los necesarios ni por qué, si el problema es que cuesta encontrar profesionales, no han copiado a las comunidades autónomas en las que como rastreadores se ha contratado a trabajadores sociales (en vez de sanitarios) para evitar saturar a los centros de salud con más trabajo del que ya tienen. Ayudar a resolver las dudas de los vecinos de los barrios más desfavorecidos puede ser más útil que amenazarlos con multas por incumplir normativas de cuarentena que a menudo ni siquiera les quedan claras porque nadie descuelga el teléfono donde lo debían explicar.

Con todas las cosas que pasó por alto Ayuso en su comparecencia, no puede extrañar que pasara también por alto el revuelo que hay en Génova con ella. Ni una palabra de la preocupación por las encuestas internas del partido que maneja Pablo Casado, que muestran cómo la popularidad de la ex community manager de Esperanza Aguirre está cayendo este mes en picado. Hay mucho cabreo en las filas del PP con el descontrol madrileño porque arruina la estrategia del partido, que apostaba por presumir de tener buenos gestores en sus filas que inspirasen más confianza que la gestión de la pandemia de PSOE-Podemos, el gobierno del país con más contagios de coronavirus de toda Europa. El umbral no estaba precisamente alto.

Segundo Párrafo
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