Los peligros del chuletón de Sánchez
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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Los peligros del chuletón de Sánchez

De momento, el presidente ha demostrado tener más prisa en reducir el consumo de ministros que el de carne. Y después de semejante ninguneo a Garzón, puede que ya no le haga falta ni destituirlo

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El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE)

Es difícil saber a quién desacredita más Pedro Sánchez con su oda al chuletón al punto, si a su estrategia medioambiental o a su ministro Alberto Garzón. Lo más probable es que Sánchez solo haya hecho aposta lo segundo, pero es más preocupante lo primero.

El plan 'España 2050' que Sánchez presentó en Moncloa hace semanas defendía que había que reducir la ingesta de alimentos de origen animal, pero también dejaba claro que era una política medioambiental, pues eso, para 2050. No parece que Garzón, cuya campaña para reducir el consumo de carne no le ha durado ni 24 horas, hubiera entendido lo poco que le urgía al presidente del Gobierno cumplir este objetivo bastante impopular que también marcan la OMS, la FAO y el panel de expertos del IPCC.

De momento, Sánchez ha demostrado tener más prisa en reducir el consumo de ministros que el de carne. Y después de semejante ninguneo a Garzón, puede que ya no le haga falta ni destituirlo en la inminente crisis de Gobierno que prepara. Ya se lo ha comido con patatas.

"A mí, donde me pongan un chuletón al punto, eso es imbatible", afirmó el presidente Sánchez para zanjar la polémica, con un desparpajo más cercano al Aznar que ridiculizaba las campañas de la DGT y presumía de beber las copas de vino que le venían en gana, que a aquel primer Sánchez, adalid de la emergencia climática y del consenso científico, que nada más llegar a Moncloa buscaba a toda costa hacerse una foto con Greta Thunberg. Imposible saber cuál de los dos Sánchez es el de verdad. Al desconcierto de buena parte de los votantes socialistas por el viraje que Sánchez ha hecho con los indultos, ahora habrá que sumar la digestión de estas evocaciones aznarianas con dejes ayusistas, valga la redundancia.

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia ante los medios este jueves desde Lituania tras reunirse junto al primer ministro lituano, Gitanas Nauseda. (EFE)

No parece serio que el presidente de un Gobierno que presume de ecologista frivolice con el efecto que el consumo excesivo de carne tiene en la salud y el medioambiente. Sobra evidencia científica de que consumimos más carne de la que deberíamos para nuestra salud, y de que la dieta mediterránea incluye más fruta, legumbres y verduras de la que solemos consumir. También sobran evidencias de la falta de entendimiento crónica entre ministerios de este Gobierno, quien, si tanto le preocupa la lucha contra el cambio climático, debería plantear políticas públicas bien coordinadas y no sermones en Twitter que polarizan más de lo que conciencian.

Si el presidente del Gobierno quería desacreditar públicamente al ministro Garzón, algo para lo que por otra parte suele bastarse él solo, tenía otras maneras de hacerlo que no entraran en contradicción con sus propios objetivos medioambientales. Ahora son los ecologistas de Greenpeace los que llaman a Sánchez por el 'sketch' del chuletón lo mismo que, con unas horas de diferencia, el ministro Planas llamaba a Garzón por atacar a la industria cárnica: “Irresponsable”. Ambas partes pueden tener razón. No es incompatible.

Irresponsable el presidente Sánchez por frivolizar así ante un desafío global que sus propias políticas recogen como prioritario

Irresponsable el presidente Sánchez por frivolizar así ante un desafío global que sus propias políticas recogen como prioritario; e irresponsable también el ministro Garzón por lanzar un vídeo en Twitter (ni siquiera en la web de su ministerio consta que haya emprendido ninguna campaña oficial) sin una estrategia coordinada con los demás ministerios que realmente tendrían competencias para hacer algo al respecto. Como además lo ha hecho ignorando las incertidumbres económicas que genera atacar un sector estratégico en un momento de crisis y cargando explícitamente contra las empresas, es de comprender que mucha gente se inquiete.

Apostar por la reducción de carne no es una moda hípster de los amantes del tofu y la kombucha. Desde el punto de vista científico, no hay debate con respecto al consumo de la carne: reducir su ingesta sería más sano y más sostenible. El verdadero debate, claro, es cómo gestionar este cambio políticamente para evitar que dañe a los que saldrían perjudicados con el cambio. Es ahí donde acaban los sermones y los gags y empieza la verdadera política.

La pandemia ha dado algunas pistas de lo que pasa cuando se dejan los grandes desafíos globales al albur de la responsabilidad individual

La pandemia ha dado algunas pistas de lo que pasa cuando se dejan los grandes desafíos globales al albur de la responsabilidad individual. Frenar el cambio climático y apostar por la sostenibilidad es un desafío tan enorme que requiere tanto de grandes transformaciones tecnológicas y empresariales como de políticas públicas concretas que superen las luchas partidistas. Precisa también de mucha concienciación ciudadana, pero esta no basta si no se implica en el cambio a los sectores afectados en vez de demonizarlos. Convertirlo en una cuestión de política identitaria, o en un 'meme' a favor o en contra del chuletón, es combustible para la polarización. Si la campaña de Garzón para reducir el consumo de carne era superficial, peor ha sido la manera que ha tenido Sánchez de zanjarla. Qué es el futuro del planeta cuando de lo que se trata es del futuro de su Gobierno.

Es difícil saber a quién desacredita más Pedro Sánchez con su oda al chuletón al punto, si a su estrategia medioambiental o a su ministro Alberto Garzón. Lo más probable es que Sánchez solo haya hecho aposta lo segundo, pero es más preocupante lo primero.

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