Menos mal que Madrid no fue la sede olímpica de estos juegos. ¿Tiene sentido volver a intentarlo?
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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Menos mal que Madrid no fue la sede olímpica de estos juegos. ¿Tiene sentido volver a intentarlo?

Lo más sorprendente no es que la capital haya fracasado tres veces en su intento de ser sede olímpica, sino que algún gobierno se plantee volverlo a intentar

placeholder Foto: Un policía patrulla frente a la Villa Olímpica de Tokio. (EFE)
Un policía patrulla frente a la Villa Olímpica de Tokio. (EFE)

Fue Terence Burn, asesor de la candidatura olímpica Madrid 2020, quien ideó la inolvidable frase del "relaxing cup of café con leche". Fue él quien entrenó a Ana Botella en la puesta en escena de aquel fallido discurso ante el COI en Buenos Aires tras el que Tokio fue la elegida para albergar los Juegos Olímpicos de 2020. Y más sorprendente aún que al gurú le pareciera una buena idea que la exalcaldesa gesticulara como Cantajuegos, es que se lo siguiera pareciendo después del sonado fracaso. "Lo volvería a hacer", explicó en una entrevista en 2013 de 'Vanity Fair', convencido de que fue un éxito.

Algo así pasa con la eterna candidatura de Madrid a los juegos. Lo más sorprendente no es que la capital haya fracasado tres veces en su intento de ser sede olímpica, sino que algún gobierno se plantee volverlo a intentar. Sobre todo ahora, que cada vez menos ciudades quieren correr el riesgo de albergar unos juegos. Ante el riesgo de sobrecostes en infraestructuras faraónicas y acusaciones de corruptelas, a los votantes empieza a generarles más desconfianza que ilusión.

Foto: Se apaga la llama del pebetero. (Reuters)

Antes de que el coronavirus echara a perder los planes de Tokio 2020, el Gobierno los promovía como un símbolo de la gran oportunidad para la recuperación económica del país. Ahora que serán a puerta cerrada, tras 18 meses de parálisis por la pandemia, y con el país cerrado al turismo, hasta el emperador Naruhito se ha mostrado "extremadamente preocupado", según el gran mayordomo de la Casa Imperial. Más que una victoria sobre el covid, las gradas en silencio van a ser un recordatorio permanente de que el virus sigue ahí fuera. También del riesgo político, económico y reputacional que conlleva organizar unos juegos.

Retrasarlos al verano de 2021 ha enfadado a la opinión pública japonesa, mayoritariamente en contra de su celebración, y hasta a los propios patrocinadores. Sin espectadores, las campañas de 'marketing' que regalaban entradas carecen de sentido. No pueden invitar a sus clientes ni tienen claro el coste reputacional de asociar su marca a una competición en la que todos los días hay nuevos positivos por covid. Según el FT, el coste para los contribuyentes japoneses será muy superior a los 25.000 millones de dólares.

Si Madrid quisiera optar a la candidatura de 2036 lo tendría más fácil que nunca

No hace falta una pandemia global para que unos Juegos Olímpicos salgan caros a las ciudades que los organizan. Eso no es nuevo. Lo que está cambiando es que a la opinión pública local ya no parece compensarle. La deuda en infraestructuras que suelen dejar los juegos solía escudarse en la proyección de la imagen internacional, el impulso del turismo y el consumo. Pero cada vez hay más dudas de que salga a cuenta a los votantes.

En 2012, un 80% de los londinenses declaraba que la organización de los juegos había merecido la pena, pese a que luego se supo que el presupuesto final había multiplicado por cuatro los costes iniciales. En la última década, sin embargo, algo ha cambiado. En 2015, Boston renunció a la candidatura, pese a ser la favorita para 2024, por la oposición popular. Le siguieron Roma, Hamburgo y Budapest en sus deserciones. Al final se la llevó… piénselo un momento. ¿Qué ciudad? ¿Realmente sigue teniendo tanta resonancia internacional como solía? En el 24 será París y es probable que el lector ni se acordara.

Foto: Foto: Reuters.

A partir de Los Ángeles 84, empezó una época dorada para las ciudades anfitrionas que multiplicó la demanda de convertirse en candidata (y encareció los requisitos del COI para lograrlo). A medida que iban subiendo los costes de organización, había cada vez menos ciudades interesadas. Así que el COI ha cambiado la forma de otorgar las candidaturas para evitarse el bochorno y ha decidido sin mucha fanfarria que en 2032 sea Brisbane, una ciudad australiana de 2 millones de habitantes.

Si Madrid quisiera optar a la candidatura de 2036 seguramente lo tendría más fácil que nunca para convencer al COI, debido al creciente desinterés de las grandes capitales en optar a ser sede olímpica. Más difícil lo va a tener el alcalde en convencer a los madrileños de que sería una buena idea.

Foto: EC Diseño.

En la mayoría de los casos, los Juegos Olímpicos son una propuesta que hace perder dinero a las ciudades anfitrionas. Según Alexander Budzier, Bent Flyvbjerg y Daniel Lunn, de la Universidad de Oxford, todos los Juegos Olímpicos desde 1960 se han excedido en casi el doble lo presupuestado. Se hace eco del estudio de 'The Economist'. Aunque el semanario advierte de que calcular el impacto económico de un evento de esta magnitud es complicado, reconoce que "los Juegos Olímpicos pueden convertirse en una carrera que ninguna ciudad quiera correr".

El alcalde Martínez-Almeida, sin embargo, se lo está pensando. De momento, no renuncia a intentarlo para 2036. Lo que sí reconoce el alcalde es alivio porque Madrid no haya sido la sede de los Juegos en el año de la pandemia. "Menos mal que no nos lo dieron", ha reconocido al preguntarle por los Juegos de 2020. Al final va a ver que darle las gracias a Terence Burns y su "relaxing cup of café con leche". Es lo mejor que le podía haber pasado a los madrileños. Si la capital vuelve a intentarlo, convendría volver a llamarlo.

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