La mesa del ridículo
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Marta García Aller

Segundo Párrafo

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La mesa del ridículo

Al final va a ser verdad que esta mesa necesita un mediador, como exigía Torra, pero uno que intermedie entre los propios independentistas

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Banderas independentistas en Barcelona. (Reuters)

Qué fácil se lo están poniendo a Pedro Sánchez los independentistas. Tantos años dando lecciones sobre la importancia del diálogo sin vetos, tanto exigir que desde Madrid no se les censurara ningún nombre para la mesa de negociación y, cuando por fin llega el día de reunirse, se vetan ellos solos en la Generalitat. En nombre del diálogo, faltaría más. Si repartiendo el carné de demócratas pueden saltarse la Constitución, por qué no van a poder dar lecciones de diálogo aunque no se hablen entre ellos.

Al final va a ser verdad que esta mesa necesita un mediador, como exigía Torra, pero uno que intermedie entre los propios independentistas. Es tal el ridículo de ERC y Junts mostrando su incapacidad para ponerse mínimamente de acuerdo en los nombres que vayan a la mesa que van a conseguir que Sánchez parezca Kofi Annan con solo hacer acto de presencia.

Junts renuncia a formar parte de la mesa de diálogo y agrava la crisis del Govern

Al presidente del Gobierno le han dejado un escenario ideal. No ha tenido ni que asumir el coste de transigir estar en la misma mesa que los indultados del 'procés', ni siquiera molestarse en negarse a ello. Ya se ha negado por él Pere Aragonès. El 'president' de la Generalitat vetó los nombres propuestos por Junts por no ser ‘consellers’, así que no estarán ni Jordi Sànchez, ni Míriam Nogueras ni Jordi Turull. Lo más desconcertante para los de Junts debe de ser que Aragonès los haya dejado fuera en nombre de la “lealtad institucional”, cuando precisamente la esencia del 'procés' es la falta de ella. Y ya dejaron claro los expresidiarios Sànchez y Turull en la Audiencia Nacional por dónde se pasan ellos las instituciones.

No ha hecho ni falta que empiece el paripé de la mesa para que Sánchez ya haya conseguido lo que necesitaba de ella: dejar claro que no sirve para nada. Los independentistas se han encargado de deslegitimarla ellos solitos antes de empezar. Y, de paso, con su sabotaje mutuo, han dejado claro cuál sigue siendo el callejón sin salida del 'procés': la incapacidad de cumplir unas reglas comunes. Eso que hace imposibles sus demandas en el marco constitucional acaba volviendo también imposibles las negociaciones entre socios. Es lo que tiene cambiar las reglas del juego sobre la marcha, según le convenga a una de las partes, con la excusa de un fin superior, que imposibilita cualquier entendimiento. Ahora también entre ellos.

Foto: El secretario general de JxCAT, Jordi Sànchez. (EFE)

A Aragonès ya le está pasando como a Rajoy, que se entera por la prensa de las encerronas de Puigdemont. En teoría, Junts iba a proponer consejeros del Govern para ir a la mesa con el 'president', pero el partido cambió de nombres sin avisar a su socio por una opción más provocadora, a ver si Moncloa le hacía el favor de negarse y así vuelta a empezar. Hace tiempo que Puigdemont tiene ganas de boicotear esta mesa, porque ante una negociación civilizada (inútil, sí, pero civilizada), que reúna representantes del Gobierno autonómico y el central, queda aún más claro que un exaltado en Waterloo no sirve de nada. A Junts le estorba la mesa y quiere avivar el conflicto a ver si así al menos recupera la Generalitat. Lo que no calculó bien Puigdemont es que el más indignado no iba a ser Pedro Sánchez, sino Pere Aragonès. Es más, la versión oficial de Junts sigue siendo que son víctimas de un veto español, no del 'president' de la Generalitat. Y considerar a este como un pelele de Sánchez no revela mucha complicidad entre los todavía socios.

ERC sí necesita la mesa. La necesita, aunque no vaya a servir de mucho, para que parezca que avanza hacia la independencia que sigue prometiendo a sus votantes y para justificar su 'conchabeo' con el Gobierno central. Sánchez también necesita que parezca que le importa para algo más que seguir en el poder. Así que llegar a Cataluña con la mesa dividida del lado 'indepe' es el escenario ideal para el presidente del Gobierno. En Moncloa tampoco hay acuerdo, pero quién se acuerda de las desavenencias del PSOE con Podemos mientras el Govern de la Generalitat se tambalea entre vetos y comparecencias cruzadas.

Foto: El presidente de la Generalitat, Pere Aragonès. (EFE)

No es la división por los nombres que se sientan a la mesa la única razón por la que el presidente del Gobierno llega tan cómodo a ella. En Moncloa, también han saboreado estos días con gusto el debate sobre si el presidente Sánchez asistiría o no. Confirmarlo en el último momento le ha permitido que parezca que hace una concesión, cuando es más que probable que en todo momento estuviera dispuesto a ir. Además, cómo perderse la oportunidad de llegar a Barcelona con 1.700 millones de euros en el bolsillo de inversión para El Prat que la propia Generalitat ha saboteado.

No podía el independentismo haberle puesto más fácil a Sánchez vender una imagen de apertura y capacidad de diálogo, frente a una Generalitat dividida. Si ni siquiera los partidos que forman el Govern son capaces de sentarse juntos y entenderse entre sí, cómo van a recriminarle luego al Gobierno de España que no esté dispuesto a llegar a acuerdos. Al que mejor le viene esta mesa es a Sánchez. Otra cosa es que sea buena para España.

Qué fácil se lo están poniendo a Pedro Sánchez los independentistas. Tantos años dando lecciones sobre la importancia del diálogo sin vetos, tanto exigir que desde Madrid no se les censurara ningún nombre para la mesa de negociación y, cuando por fin llega el día de reunirse, se vetan ellos solos en la Generalitat. En nombre del diálogo, faltaría más. Si repartiendo el carné de demócratas pueden saltarse la Constitución, por qué no van a poder dar lecciones de diálogo aunque no se hablen entre ellos.

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