Garzón y la gran mentira del azúcar
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Marta García Aller

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Garzón y la gran mentira del azúcar

Meterse con Garzón es tan tentador que cuesta darle la razón hasta cuando acierta. Ni el miedo al colesterol y la diabetes se interpone ante un buen tuit contra el ministro de Consumo

Foto: El ministro de Sanidad y Consumo, Alberto Garzón. (EFE)
El ministro de Sanidad y Consumo, Alberto Garzón. (EFE)

Meterse con Garzón es tan tentador que cuesta darle la razón hasta cuando acierta. Ni el miedo al colesterol y la diabetes se interpone ante un buen tuit contra el ministro de Consumo. Su última medida, la de acotar el bombardeo de publicidad de alimentos y bebidas azucaradas en horario infantil, llevó al responsable de comunicación 'online' del PP a tuitear una foto, imaginamos que voluntariamente, mordiendo una tableta de chocolate rodeado de Donuts y huevos Kinder. Adjuntaba la frase: "Que dice Alberto Garzón que va a prohibir nosequé".

Tranquilidad. Garzón no va a prohibir los Donetes ni los Bollycaos. Ni siquiera las chuches. Lo que va a hacer el ministerio es regular los productos que pueden anunciarse en horario infantil, siguiendo los perfiles nutricionales recomendados por la OMS. Limitar la publicidad de la comida basura al público infantil no es un peligroso invento socialcomunista. Es una medida bastante generalizada en la Unión Europea, en países como Reino Unido, Portugal y Noruega, después de años de comprobar que la autorregulación de la industria no funciona.

Cuando llega la hora de merendar, es improbable que los niños alternen 'Peppa Pig' y 'La Patrulla Canina' con la lectura de los artículos del 'New York Times' en los que se desvelan los repetidos engaños de la industria alimentaria de las últimas décadas para ocultar lo malo que es el azúcar para la salud. Tampoco sabrán de las advertencias de la OMS de que los menores están desprotegidos ante el aumento de publicidad de alimentos insanos en los medios digitales ni leerán los estudios en 'The Lancet' sobre el aumento de la epidemia de obesidad en los niños y su relación con los anuncios televisivos. Sus padres seguramente tampoco los hayan leído. Bastante tienen con que sus hijos se coman la merienda.

Una de las mentiras más socorridas contra la regulación de la publicidad en horario infantil (¡solo en horario infantil!) es repetir que la gente no es tonta y todos gozamos de la libertad para decidir si comemos bollos o manzanas. No sé si tengo más dudas de lo segundo o de lo primero.

Varios estudios alertan de que la mayoría de los anuncios de alimentación procesada dirigidos a los niños son menos saludables que los que se emiten para adultos. Hemos normalizado que se bombardee a todas horas a los menores con publicidad engañosa que promociona productos de alto contenido en sal, grasas y azúcares cuya ingesta debería ser ocasional, en el mejor de los casos. Esos 'spots' a menudo presumen como reclamo de tener mucho calcio o alguna vitamina extra como coartada, escondiendo el exceso que tienen de todo lo demás.

El 80% de los alimentos procesados ​​vendidos en el Reino Unido no es saludable, según un estudio del propio Gobierno británico

¿De verdad tenemos tanta libertad? El 80% de los alimentos procesados ​​vendidos en el Reino Unido no es saludable, según un estudio encargado por el propio Gobierno británico. Y si ni siquiera los adultos tenemos mucha idea de lo que comemos, tampoco podemos tenerla de lo que elegimos. No es casualidad. Ha habido mucho dinero invertido en lograr que así sea.

La industria azucarera, por ejemplo, pagó a los científicos desde la década de los sesenta para minimizar el vínculo entre el azúcar y las enfermedades cardiacas. El objetivo, está documentado, era exonerar el azúcar de su relación con la obesidad, la diabetes y las enfermedades cardiacas. La estrategia de la industria fue promover las grasas saturadas como culpables de la obesidad y demonizar los carbohidratos, pero retratar la ingesta de azúcar, a lo sumo, como un problema menor causante de caries que se soluciona lavándose bien los dientes. Siguiendo las tácticas que también utilizaba en el siglo XX la industria tabaquera, se compraron en secreto las voluntades de varios científicos de Harvard por un módico precio. No les sería difícil sufragarlo con los beneficios de unos cuantos bollos más.

Hasta el 'Financial Times', que a diferencia del ministro Garzón no tiene fama de comunista, publicó hace unos meses una de sus reputadas Lex Column del evangelio liberal, exponiendo las ventajas para la innovación de presionar a los fabricantes de comida basura para que aumenten las opciones saludables. En tres años, desde la imposición en Reino Unido del impuesto a las bebidas azucaradas, el contenido medio de azúcar en los refrescos se ha reducido un 29%. Es decir, la presión incentiva que la industria encuentre la forma de hacer que sus productos sean más saludables y sepan igual de bien.

La cotización de las empresas que encuentran opciones dulces más saludables se está viendo recompensada en bolsa

En España, más del 60% de las ventas de Coca-Cola ya es de opciones sin azúcar. La Zero ya es la que más vende. La tendencia es global y es rentable. La cotización de las empresas que encuentran opciones dulces más saludables se está viendo recompensada en bolsa. Eso sí, la subida de tasas británica a las bebidas azucaradas no parece que esté sirviendo para recaudar lo esperado (como los fabricantes redujeron la cantidad de azúcar en sus productos, el impuesto recauda menos de la mitad de lo que se pronosticaba). En España, la nueva medida no va por la subida impositiva, solo por la regulación publicitaria.

Si la industria alimenticia quiere anunciar productos para niños, tendrá que asegurarse de que las grasas totales y saturadas, el azúcar y los niveles de sal se mantengan por debajo de los límites establecidos por la OMS. Seguramente, hubiera sido más útil de impulsar la nueva regulación en colaboración con la industria a la que se trata de estimular para ser más saludable. Pero ya hay pruebas suficientes de que someter a los niños permanentemente a una promoción incontrolada de comida poco saludable, algo que por cierto es más frecuente en entornos desfavorecidos, dificulta mucho el empeño de padres y educadores para promover una dieta saludable.

Está por ver si la nueva regulación impulsada por Garzón ayuda realmente o no a combatir el problema creciente de la obesidad infantil. No va a ser fácil. Los mensajes que los niños reciben en los medios digitales, que es donde cada vez más tiempo pasan los menores de 16, son los más difíciles de controlar. Así que el responsable de comunicación 'online' del PP puede estar tranquilo. Podrá seguir tuiteando tantos bodegones hipercalóricos como desee. Ya hay mucha expectación de qué foto tuiteará como el Gobierno prohíba la prostitución.

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