En busca de Clint Eastwood junto al sheriff más duro de Poblado Fraile

”No tendrás problemas en reconocerlo. Es el sheriff. El único que acaba vivo”, suelta el personaje Toulouse Delacroix, músico de Valladolid que toca el piano y

”No tendrás problemas en reconocerlo. Es el sheriff. El único que acaba vivo”, suelta el personaje Toulouse Delacroix, músico de Valladolid que toca el piano y ameniza el can-can. En el poblado mini-Hollywood del desierto almeriense de Tabernas, santuario del Spaghetti Western, trabaja desde muy joven Diego García, jefe de especialistas, el multiusos. Sirve para ultimar el decorado del saloon, montar a caballo con destreza o disparar a los vaqueros que pretenden asaltar el calabozo tras robar el banco.

Con 52 años, mantiene una envidiable forma física e intactas ganas de continuar en la lucha vaquera. “No tengo prisa, todavía estoy fuerte”. El espectáculo empieza a las cinco de la tarde (a las 12 del mediodía y 20 horas también hay pases). La placa que lleva en el pecho le identifica como el sheriff de Texas. Custodia en chirona a un forajido. Se defiende con su revólver. Y cuando acaba todo (30 minutos de función) aplaude al público que abarrota la terraza del hotel Arizona Palace.

Sergio Leone, el creador del Spaghetti Western, rodó en Almería tres películas míticas. La llamada trilogía del dólar: Por un puñado de dólares, La muerte tenía un precio y El bueno, el feo y el malo. En las tres participó Clint Eastwood.  La primera se rodó en la provincia, pero no en el poblado Fraile, como se le denomina de modo oficial. Se llama así porque el primer propietario fue Alfredo Fraile, ex mánager de Julio Iglesias y cuñado de José María García. La cadena hotelera Playa Senator es dueña de los terrenos desde principios de los ochenta.

Diego García charla sobre su trabajo al lado de la barbería. Le gusta contar una anécdota. Diciembre de 2007, medianoche. Geraldine Chaplin recibía un homenaje en el Festival de Cortos de Almería y vino directamente del aeropuerto al poblado. Lucía la luna llena. Todo el equipo esperándola. “Llegué desde lejos con un caballo enorme, guapísimo, con un sombrero y un guardapolvo negro. Subiendo a galope tendido”, recuerda.

“Pensaba que era un fantasma”

La hija de Charlot, exmujer-musa de Carlos Saura, abrió sus ojos profundos, azules. “Pensaba que  era un fantasma. Impresionante”, dijo Chaplin. “A ella le había hablado Clint Eastwood y no quería perdérselo. Hubo emoción”. La misma emoción o más que hace escasos meses sintió cuando Curro Savoy silbó a capella las bandas sonoras del Oeste compuestas por Ennio Morricone. “Es el que mejor silba del mundo”. En ese preciso instante, las 18 horas, suena en la plaza del poblado la música de El bueno, el feo y el malo.

Rafael López tiene 46 años y lleva dos décadas como especialista. Famoso por la publicidad que hizo para Telepizza, interpreta a uno de los forajidos. “Es mejor ser el malo. Se trabaja más”, cuenta este almeriense, que gana unos 1.500 euros mensuales descansando una día a la semana entre Semana Santa y noviembre. En temporada baja sólo trabajan los fines de semana.

López no muestra mucho entusiasmo por el resultado de la película 800 balas que en 2002 dirigió Alex de la Iglesia. El cineasta rodó en Ford Bravo, otro recinto peliculero del Oeste, a cinco kilómetros de Mini-Hollywood. De la Iglesia se fue allí “porque aquello es más tranquilo, pero esto está mucho mejor acondicionado y las instalaciones más modernas”, asegura José María Rodríguez, director del recinto.

Rodríguez confirma que el negocio es rentable. Le han sacado más partido porque han incluido piscinas y espectáculo de papagayos. “Y no recibimos subvenciones”, precisa. La empresa se gastó entre 2000 y 2004 medio millón de euros en su puesta a punto. Playa Senator invierte ahora entre 50.000 y 100.000 euros anuales.

Mini-Hollywood es el Disney español del Oeste, a 20 kilómetros de Almería capital, la ciudad en la que en la década de los sesenta te podías encontrar en la calle a Henry Fonda o Charles Bronson. El sheriff García se acuerda de la transformación del puerto de Almería en la película En el bulevar del ron, cuando montaron un pueblo de madera tipo Nueva Orleans con barcos de vela.

El caballo español de Mel Gibson

Por la carestía de la mano de obra y porque tampoco se ruedan ya muchas películas del Oeste, este tipo de producciones se han trasladado a zonas como Ouarzazate (Marruecos). Eso sí, algo no ha cambiado. Los equinos españoles siguen siendo los mejores. El caballo de derribo que monta  Mel Gibson en Braveheart es de Ricardo Cruz, un especialista español.

El sheriff se fotografía con turista. Su hijo, José Francisco García, de 32 años, nunca pensó que trabajaría aquí, de especialista, como su padre. Trabajaba en una agencia inmobiliaria y ahora toma el testigo familiar. “El sueldo es estable y mucho peor es estar en paro”, admite. “Era lo último que quería, pero la crisis llegó”, lamenta.

La vida es dura para estos especialistas que esquivan balas y ganan un buen puñado de buenos euros tirándose al suelo, galopando dando sustos de medianoche a la hija de Chaplin o simulando morir en la horca con el espíritu del indomable Clint Eastwood siempre de referencia.
Tinta de Verano
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